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LO REAL Y MARAVILLOSO DE UN HOMBRE

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Alejo Carpentier, narrador, ensayista, compositor y ganador del Premio Cervantes, fue un ser sencillo preocupado por su comunidad.

Texto y fotos:
MARÍA CAMILA MAURY VÁZQUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“La Habana de mi infancia era una ciudad de repiques y repiqueteos: de cascabeles, de cencerros, de esquilas y esquilones, de campanas arrabaleras, de bordones catedralicios. Cascabeles de las colleras de los caballos y mulas que tiraban de sus carretas, carromatos y carretones  de carga, camino de la ciudad vieja, descendiendo de los altos, entonces remotos, del Cerro y Jesús del Monte” (…).

Así describía Alejo Carpentier el lugar donde transcurrió su infancia. Muchas otras veces hizo referencia a La Habana, hacia la que regresó ya en la madurez, para habitar la blanca casa del Vedado y mostrarse a la vecindad como un hombre de pueblo.

Araceli García Carranza, jefa del Departamento de Bibliografía Cubana de la Biblioteca Nacional José Martí, dedicada compiladora de la obra de Carpentier, confiesa haber dado fe del nacimiento del escritor en la calle Maloja, de La Habana, a través de todos sus trabajos.

“Aunque Gastón Baquero, quien encontró su certificado de nacimiento en Lausana, demostró que nació en Suiza, yo en mi cronología de la vida de Carpentier pongo que nació en La Habana e incluyo la calle. Él siempre lo dijo así, no por mentiroso sino por el entrañable amor que  tuvo por Cuba. Quería ser cubano y de nacimiento,” afirma García.

Su vida en E, entre 11 y 13, número 154, comenzó alrededor de los años 40, momento en el que tomó un descanso de su trabajo en Francia para casarse con Lilia Esteban. Cuando en 1945 partió hacia Venezuela, quedó como ama de llaves María Luisa Navarro, quien además, cuidaba las obras de arte. El regreso definitivo fue en 1959. A partir de entonces, Carpentier alternó su trabajo en otros países como el de Ministro Consejero de la embajada de Cuba en Francia, con sus descansos en el hogar.

Regla Avelina Cuesta (Yeya), vecina del 256, lo recuerda como el hombre más bueno del mundo: “A los 12 años lo conocí, mi mamá tenía a los hijos por escalera, éramos 10 hermanos, cuando él volvía de Francia nos llamaba a todos, decía: `Vengan mis niños´, y nos regalaba desde chucherías y juguetes, hasta ropa”.

El hermano de Yeya, Lázaro Osiris Cuesta, relata que en casa de Carpentier había una mata de mangos inmensa: “Era una tentación, pues se veía desde mi patio. Nosotros le tirábamos piedras y tumbábamos algunos; él, para evitarlo, dejaba que yo u otro de mis hermanos se subiera al árbol y llenara un saco”.

“Resultaba extraordinario dialogar con él, y un crimen interrumpirlo; si su escritura era barroca, su trato era extraordinariamente sencillo”, es la opinión que sobre el escritor tiene Araceli García, quien rememora los tiempos en que ella se interesó por el trabajo del mismo como periodista en la sección Letra y Solfa, del Nacional de Caracas.

“Yo pedí algunos ejemplares del periódico en la Biblioteca José Martí,  pero eran posteriores a los años en que Carpentier había trabajado para el Nacional de Caracas, entonces le escribí y rápidamente respondió, era una persona sumamente accesible.  Me recibió en la primera habitación de la casa para entregarme cuatro cajones llenos de Letra y Solfa”.

Y no solo fue sencillo en el hablar sino en la cotidianidad, al tratar de igual forma a sus colegas letrados y de renombre que a sus vecinos de no tan alto nivel cultural, contrariando la fama afrancesada de la cual con malas o buenas intenciones algunas personas hicieron eco.

El director de televisión Francisco Anca (Paco), relata: “En aquel momento mi padre aún era dueño de la carnicería contigua al bodegón La Anita. Yo me dedicaba a tirarles fotos a las personas del barrio con mi cámara Leika, ahora me arrepiento de no haberle hecho ninguna a Carpentier.

“Siempre lo veía subir caminando desde Línea, me parecía extraño, pues tenía carro. Antes de llegar a su casa, hacía un alto en la bodega, que en aquel entonces era un lugar bonito donde se vendían más bebidas que alimentos, pedía una línea de aguardiente para él y pagaba otra al limpiabotas Romilio”.

La entonces presidenta del Comité de Defensa de la Revolución Raúl Pujols, Ana Pimentel (Lola), cuenta que Carpentier como miembro de la organización, participaba aunque de forma limitada en las actividades. “El pago de la cotización lo realizó muchas veces a través de su ama de llaves, pero otras tantas, él personalmente lo entregó y, además, dejó un fondo para las festividades”, recuerda.

Esas pequeñas donaciones al CDR las hacía con el mismo desinterés con el que entregó al Partido Comunista de Cuba la medalla y el monto material que recibió del Premio Miguel de Cervantes Saavedra 1977.

Como afirmara el Comandante en Jefe Fidel Castro, el novelista poseía una visión democratizadora de la cultura, (…) “en varias ocasiones refirió haber abandonado la soledad del escritor para vivir en tiempos de solidaridad” (…). Se preocupó por la fundación de una escuela de arte en su localidad, primera que se crearía luego del triunfo revolucionario.

Silvia María Rodríguez Pérez, profesora de Ballet y directora de la escuela elemental por años, afirma que Carpentier, junto a intelectuales integrantes del Consejo Nacional de Cultura, solicitó al Ayuntamiento de La Habana la creación de un centro de enseñanza de ballet.

“En 1960 el Ministerio de Educación aprobó la propuesta y comenzó la construcción desde los cimientos del edificio ubicado en L y 19. En 1961 quedó fundada la Escuela Provincial de Ballet, la que después del fallecimiento de Carpentier tomó su nombre”.

Cuando Carpentier trabajaba en la redacción de La Discusión, situada frente a la Catedral de La Habana, describió en una crónica su regreso a casa. Es la visión de un trabajador que a las 3: 00 de la madrugada  ha terminado su deber exhausto, al que el caminar por calles  adoquinadas y coloniales le reconforta el alma.

“Muchas páginas he escrito, desde mi adolescencia, acerca de la vieja Habana -de intramuros-; con sus calles abocadas al mar, completadas en su panorama por un velamen, la proa de una balandra, la quilla de un buque, se hace ciudad de misterios, de nocturnidad, de cuchicheos detrás de persianas, de invitaciones al viaje que, con solo cruzarse el puerto, puede conducir a las suntuosas coreografías de una invitación ñáñiga, a un encuentro fortuito con gentes de otras latitudes que remozan en pleno trópico, la literatura del anhelo de evasión y del muelle de las brumas” (…).

Quien de esta forma describió su ciudad fue Alejo Carpentier, ese escritor maravilloso y hombre real que supo revelar las secretas virtudes de América y plasmarlas en su riquísima narrativa para convertirse en un segundo descubridor, tan cubano como cualquier otro que pudo haberse enamorado de La Habana.

Pie de foto: De izquierda a derecha se encuentran: 1-Regla Evelina (Yeya) Cuesta Viera, vecina de E, entre 11 y 13, número 256, Vedado; 2-Ana Pimentel, presidenta del CDR de 1964 a 1980; 3-Francisco (Paco) Anca, director de televisión; 4-Araceli García Carranza, Jefa del Departamento de Bibliografía Cubana de la Biblioteca Nacional José Martí,  compiladora de la obra de Alejo Carpentier; 5-Silvia María Rodríguez Pérez, profesora y directora de la Escuela Provincial de Ballet desde 1990 hasta el 2007; 6-Alejo Carpentier en la sala de su casa en E entre 11 y 13, Vedado.

Ficha técnica:

Objetivo central: Reconstruir el perfil de Alejo Carpentier como vecino de la barriada del Vedado.

Objetivos colaterales: Dar a conocer los recuerdos de vecinos que lo conocieron; Mostrar la visión de una estudiosa de su vida, Araceli García Carranza, Jefa del Departamento de Bibliografía Cubana de la Biblioteca Nacional José Martí, compiladora de la obra de Alejo Carpentier; Hacer referencia a su obra en el barrio; Mostrar la visión de Carpentier sobre La Habana.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Colectiva (en la variante de perfil).
Por su estructura: De citas.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara.

Tipo de título: De alusión a frase literaria.
Tipo de entrada: De cita textual o declarativa.
Tipo de cuerpo: De citas.
Tipo de conclusión: De comentario del entrevistador.
Tipo de fuentes: Directas: Regla Evelina (Yeya) Cuesta Viera, vecina del 256, E entre 11 y 13, Vedado; Lázaro Osiris Cuesta Viera, vecino del 256, E entre 11 y 13, Vedado; Francisco (Paco) Anca, director de televisión; Ana Pimentel, presidenta del CDR de 1964 a 1980; Araceli García Carranza, Jefa del Departamento de Bibliografía Cubana de la Biblioteca Nacional José Martí,  compiladora de la obra de Alejo Carpentier; Silvia María Rodríguez Pérez, profesora de Ballet y directora de la Escuela Provincial de Ballet desde 1990 hasta el 2007. Documental: Libro Alejo Carpentier, un hombre de su tiempo, de Araceli García Carranza.





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