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RETRATOS DE MEDIO SIGLO

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La muestra está integrada por lo más selecto del arte cubano entre 1925 y 1957, y por su valor puede entrar entre los aspirantes al Premio Nacional de Curaduría del presente año.

ANDY JOSÉ RIVERA GÓMEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,    
Universidad de La Habana.

“¿Qué atractivo para el público contemporáneo que visita nuestros museos puede tener una exposición de retratos realizados por los maestros de la modernidad en la Isla?”, se interroga el reconocido curador cubano Roberto Cobas Amate ante su última exposición Los rostros de la modernidad, que hasta el 19 de junio (2016) estará en el Edificio de Arte Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA).

La propuesta, 45 pinturas ubicadas en el segundo nivel del museo, es una recopilación de piezas de 15 artistas contemporáneos cubanos, entre los que sobresalen Amelia Peláez, Carlos Enríquez, René Portocarrero, Víctor Manuel, Mariano Rodríguez y Wilfredo Lam.

Destacan los retratos y los autorretratos, entre ellos, los emblemáticos Gundinga, concebido por Amelia Peláez en 1931; Retrato de Arístides Fernández, concluido en 1933 por el aún poco conocido entre los cubanos Jorge Arche; Retrato de Libi con sombrilla y Retrato de Celeste, dos obras de Mariano Rodríguez, creada una en 1941 y la otra en 1956; y también está Retrato de Darié, realizada por René Portocarrero en 1951.

Cobas no ha dudado en confesar en el catálogo de la exposición, titulado Los rostros de la modernidad: seducción y realidad, que en el momento actual, cuando abundan propuestas poderosamente atractivas del mejor arte contemporáneo, puede resultar una muestra realizada a destiempo.

Sin embargo, para él, el interés es explorar ese período esencial de la pintura cubana de la primera mitad del siglo XX a través de uno de sus temas relevantes y poner al público en una posición de mejor conocimiento. Es así como las piezas transitan el período que va desde 1925 a 1957, reviviendo una época gloriosa del arte y constituyendo un rescate a la pintura contemporánea cubana.

“La exposición intenta mostrar una interpretación renovada del discurso tradicional asumido en nuevas condiciones. La intención final es participar de la modernidad asumiendo esta tradición desde la contemporaneidad”, publicó el portal digital la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en alusión a la muestra.

Es entonces cuando al escudriñar los óleos de los pintores cubanos contemporáneos hay una revisitación al clasicismo renacentista y al realismo que existe junto al vanguardismo de la época, mostrando el devenir de un arte consolidado.

Los retratos, en su mayoría, son del fondo del MNBA, aunque también incluye préstamos de otras instituciones como Retrato de Lezama (1938), por Jorge Arche, de la colección Casa Museo José Lezama Lima, y Retrato de Gertrude (1942), por Luis Martínez Pedro, de la colección del Consejo de Estado.

La organización de las obras es por artista y en orden cronológico, aunque a veces se rompe esa estructura. El fondo blanco, combinado con la buena iluminación, hace que destaquen los colores de las piezas, también agrupadas por opacidad, siendo las del centro las de mayor brillo.

El Retrato de Marcelo Pogolotti (1925) es una de las pinturas más atractivas. La capacidad de Carlos Enríquez de captar en 101 centímetros de largo por 76 centímetros de ancho, en óleo sobre tela, la expresión exacta, combinada con un predominante color rojo y su vestimenta obrera, le permite al visitante aventurarse y afirmar que Pogolotti era un hombre de izquierda.

Pero, es el gran Wilfredo Lam quien mayor variedad de materiales acapara en la exposición. Sus cuatro piezas son de 1944 y se titulan Retratos de H.H, inspiradas en Helena Holzer, su esposa en aquel entonces. El óleo sobre papel, el óleo sobre papel kraft y la tempera sobre papel kraft, esta última en dos ocasiones, sirvieron para captar una Helena más parecida a sus obras magistrales La Jungla o La silla, con un estilo renovado del surrealismo.

La exposición puede entrar entre los aspirantes al Premio Nacional de Curaduría del presente año. El valor que le transmite a los visitantes, el retorno de las piezas más importantes de su época y la unión de todas ellas para que las personas conozcan sobre las pinturas contemporáneas debería ser premiado.

Roberto Cobas concibe con ella una vertiente discursiva que tiene como antecedente Cuba, Arte e Historia desde 1868 hasta nuestros días, organizada conjuntamente por los museos de Bellas Artes de Montreal y La Habana, y con la colaboración de los curadores del Área de Arte Cubano del museo capitalino.

Los rostros de la modernidad rescatan lo más selecto de la pintura cubana de la primera mitad del siglo XX. La exhibición tiene la capacidad de transportar piezas de hace más de 50 años y traerlas al contexto actual, mientras demuestra la vigencia del estilo artístico de la época.

Pie de foto: La exposición Los rostros de la modernidad estará abierta al público hasta el 19 de junio de 2016.



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