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“ME MANTIENE VIVA”

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La pedagoga cardenense Silvia Fernández Janeiro ha consagrado toda su vida a la educación cubana. Su etapa más feliz fue cuando dirigió la Escuela Primaria “Carlos Manuel de Céspedes” durante 30 años.

ANDY JORGE BLANCO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuando toda Cuba estaba en vísperas del año 1934 y el municipio matancero de Cárdenas aún se recuperaba del desastroso ciclón del 33, nació en esta ciudad Silvia María Fernández Janeiro, una mujer que vería a su país transitar del “analfabetismo pavoroso” de la época, como lo definiera Martínez Villena, a una educación con bríos, de la que fue protagonista.

Nuestro encuentro se produjo en su casa durante dos días, siempre a la misma hora: cuatro y treinta de la tarde, como si después de jubilada esta maestra de primaria aún respetara el horario docente.

Silvia, la segunda de una familia de cuatro hermanas, hija de un obrero azucarero y un ama de casa que criaba puercos en la Segunda Guerra Mundial, recuerda que tuvo una infancia feliz y añora los días en que Lola, su madre, se levantaba a las seis de la mañana para llevarla junto a los vecinos a la playa, La Sierrita.

“Uno de ellos, Manuel del Cueto, organizaba un equipo de baloncesto de muchachas por la noche y yo, que estaba flaquita y malita cantidad, me incluí en ese grupo que practicaba el deporte”, recuerda.   

Quizás nadie imaginaba que una niña nacida en el machadato podría convertirse en una directora extraordinaria de escuela ni en Maestra Destacada del siglo XX que, a sus 82 años, me confiesa su historia en un horario que dedica a leer la prensa y un capítulo de libros de historia o novelas.

“La Universidad era muy cara y tuve que estudiar en una escuela para maestros hogaristas en Matanzas. Allí aprendí Artes Manuales y me gradué en 1953, cuando el asalto al Moncada. Había mucha represión”.

En aquellos años, según cuenta en su testimonio titulado “Eternamente maestro”, escrito para el Concurso Literario “Frank País”, amanecían estudiantes jóvenes y obreros perseguidos y muertos, el presupuesto escolar era robado por los gobernantes de turno y los maestros no tenían trabajo; pero la suerte parece siempre estar del lado de los grandes, de los que se sacrifican en tiempos de tiranías para hacer cumplir sus sueños.

Con 19 años terminó sus estudios y fue seleccionada alumna eminente, por lo que se le otorgó una plaza de maestra: “La directora me alertó de que había muchachas, novias de trabajadores de Batista, que querían quitarme ese puesto, pero no lo lograron”.

Dice que en la Escuela Pública de Cantel, centro que marcaría el comienzo de “una pedagoga ejemplar”, como la cataloga el dirigente revolucionario Luis Díaz Campos, el trabajo se tornaba difícil al existir escasez del material escolar y aulas con pocos niños.

En aquella época Fidel Castro escribiría La historia me absolverá en la que expresaba que “el alma de la enseñanza es el maestro”, y añadía: “A los educadores en Cuba se les paga miserablemente (…) Basta ya de estar pagando con limosnas a los hombres y mujeres que tienen en sus manos la misión más sagrada del mundo de hoy y del mañana, que es enseñar. Ningún maestro debe ganar menos de doscientos pesos”. Silvia Fernández ganaba toda una “fortuna”: ochenta y nueve.

El teléfono de su casa sonó entonces por primera vez. Después, perdí la cuenta de en cuántas oportunidades el ¡ring-ring! interrumpía la conversación. Del otro lado una amiga le preguntó por su salud, ella respondió que, exceptuando su problema en las rodillas, se sentía bien, dijo que estaba como Fidel, con la mente clara.

La etapa más feliz en la vida de Silvia Fernández Janeiro fue durante los 30 años que dirigió la Escuela Primaria “Carlos Manuel de Céspedes”, desde 1962 hasta su jubilación; sin embargo, su comienzo en aquel centro, la prolongación de su casa, no fue del todo favorable.

“Yo no sabía nada, salí del aula para una dirección, y tuve que aprender de directores con experiencia, pero tenía deseos de trabajar. Cuando llegué a mi escuela muchas personas me acogieron con cariño, otras, las que no eran revolucionarias, me tildaban de comunista.

“Un día recibimos la orientación de entrevistar a todos los maestros y preguntarles si abandonarían el país. Hubo ocho que lo afirmaron. Al día siguiente no podían seguir trabajando. Esa misma noche busqué ocho madres combatientes para cubrir las aulas.

“Recuerdo que en poco tiempo hicimos el comedor, un refugio para 200 niños, la cerca, y con la aplanadora dentro de la escuela creamos un terreno deportivo de asfalto. Todo con la colaboración de los padres, trabajadores y alumnos que voluntariamente brindaron horas de noche y fines de semana”.

Antonio González Gordillo tiene 70 años y es el papá de Angioly González Delgado, quien cursó sus estudios primarios en la “Carlos Manuel de Céspedes”, Escuela de Apoyo del Ministerio de Educación y la primera en la provincia de Matanzas en ser seleccionada Modelo en 1988. “Los padres amábamos esa institución y reconocíamos el trabajo que, con bondad y exigencia, hacían Silvia y su colectivo en la formación de nuestros hijos”, evoca.

A la siempre directora muchos vienen a verla, algunos pasan por la acera y la saludan, otros entran a darle un beso. Es algo que la hace completamente feliz y lo confiesa. Ella recuerda el nombre de todos.

“Se paraba en la puerta a recibir a sus alumnos, rigurosa, pero dulce, con una elegancia tremenda”, dice Andrés García Gutiérrez, quien estudió en “la escuela de Silvia” junto a sus tres hermanas, de preescolar a sexto grado.

-“Yo era bonita, ¿no es verdad, Andresito?”

-“Eso no tiene que preguntarlo, si todavía lo es”.

A sus 82 años brilla con luz propia como dice Pablo Milanés, porque Silvia Fernández Janeiro es una excelente comunicadora, una persona inteligente, cariñosa, jaranera y, también, una señora hermosa y presumida, que aún viste elegante y sencillo. Cuenta que a veces aparece algún señor y le dice: “Oye, como tú me gustabas”.

Irmina Chiong García tiene 79 años y fue maestra de la escuela “Carlos Manuel de Céspedes”, una mujer que parecía maga más que educadora porque todos sus alumnos tenían la letra igual a la suya, algo sorprendente para las visitas ministeriales: “A nosotras nos daban telas en una tienda y al otro día ella venía con su vestido, hecho por sus propias manos”.

Desde pequeña Silvia aprendió a coser, tenía dos vestidos que alternaba los domingos: “Siempre dije que cuando trabajara iba a tener mucha ropa, y después di clases de Corte y Costura, en las que me enseñaron también a bordar, y aún lo hago. Fue importante en mi formación profesional Isabel de Amado Blanco, una profesora muy bonita que vestía impecable; ella me sirvió de modelo. Comprendía entonces que el maestro es el espejo del alumno”.

“Recuerdo cómo conversábamos minutos antes del matutino y cuando llegaba Silvia, grande, con aquellos tacones, todos hacíamos silencio; no tenía que decir una palabra. Su presencia imponía respeto a los que estudiamos en esa inolvidable escuela”, dice Gelsys Sardiñas Lima, quien interrumpió la conversación para saludar a la maestra.

Silvia Valdés Marrero es madre de Lázaro y Yumary Morejón Valdés, que estudiaron en la “Carlos Manuel de Céspedes”. Habla del humanismo de la directora: “Mi esposo trabajaba en otro lugar y yo le dejaba al varón en su casa para que ella lo llevara a la escuela. Los padres recordamos a Silvia Fernández con admiración”.

La maestra vive sola. Sus hermanas emigraron a Estados Unidos antes del triunfo revolucionario de 1959, su hija, nieta y bisnieta están en México hace algunos años, y su esposo y sus padres fallecieron.

Le leí un fragmento de su testimonio “Eternamente maestro” que decía: “Tengo mis heridas que el tiempo no ha curado, pero que se van suavizando”. Ella dijo que ya ni recordaba esas palabras, pero afirmó que se refería a su familia en Cuba: a su madre, su padre y su esposo, los que vio apagarse poco a poco, a su familia fuera del país.

“No es fácil vivir solo, pero hay que acostumbrarse, jovencito. Yo no vivo en soledad porque tengo muchos amigos, incluso algunos dicen que mi casa es su meprobamato. Hay momentos en los que extraño. La familia se necesita siempre”, dice. Los avatares de su vida familiar y su propia labor como directora la han hecho una mujer fuerte.

Carmen Olazabar Moya fue auxiliar de limpieza; hoy tiene 80 años y aún así dice que Silvia es como su hija: “Jamás regañaba a un trabajador en público, cerraba la puerta de la dirección y no se escuchaba nada”. Onelia Rodríguez Artigas también lo afirma: “Nunca maltrató a nadie. Cuando va a la escuela en fechas señaladas siempre nos habla de la unidad del colectivo”.

La destacada pedagoga cardenense -merecedora de la Distinción por la Educación Cubana y por los 25 años de la Unión de Pioneros de Cuba, las medallas Rafael María de Mendive y de la Alfabetización, por citar algunas, y el Título Honorífico de Hija Ilustre de Cárdenas- recuerda una de las visitas de la entonces viceministra de Educación, Asela de los Santos.

“Cuando culminó la inspección expresó: ´Si yo tuviera un hijo pequeño quisiera que se educara en esta escuela´. Fue una etapa de oro en el sector, yo vi a la educación cubana a la altura de las mejores del mundo”, dice con nostalgia.

Armando Hart –manifiesta Orlando Moreno Ysa, director regional de Educación en 1969– expresó en una reunión: “Dime cómo es tu director y te diré cómo es tu escuela”, y precisamente los resultados de “Carlos Manuel de Céspedes” se debe a que Silvia supo trabajar con los alumnos, el claustro y la comunidad.

Vuelve a sonar el teléfono. Esta vez es su sobrina de Nueva Jersey: “¿Te gustó mi carta?... Sí, la escribí a mano para no perder el control muscular. Aquí tengo a un muchachito de lo más gracioso que me ha hecho cantidad de preguntas y, ¿sabes?, contestarlas me mantiene viva”.

Pie de fotos: 1-Después de jubilada, a sus 82 años, Silvia Fernández Janeiro parece ser aún la directora de la Escuela Primaria “Carlos Manuel de Céspedes”. Alumnos, padres y maestros que estuvieron vinculados al centro vienen a saludarla; 2-Encuentro con Asela de los Santos en el Cine-Teatro “Cárdenas” el 23 de agosto de 2012, en el acto nacional de la Federación de Mujeres Cubanas.



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