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VIAJE EN EL TIEMPO

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Viejos ladrillos semicubiertos por plantas y el óxido que corroe las rejillas de puertas y ventanas, es cuanto queda del ingenio Taoro, en la localidad habanera de Santa Fe.

Texto y foto:
EDILMARYS AJETE NARANJO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.     
      

En el aire se mezcla el aroma de la caña junto al sudor que corre por la piel de los cientos de esclavos que trabajan bajo el ardiente sol de Cuba. Sigilosamente me acerco, tratando de no ser vista por el capataz y sus ayudantes, y logro llegar hasta el lugar donde suelen ocurrir los encuentros con Toño. Gracias a la máquina del tiempo, estoy en 1860.

A Toño, el amo del ingenio Taoro le puso Antonio Duquesne. El nombre, porque le era imposible decir con soltura el hermoso Aaghaa cuyo significado en tierras africanas es “maestro”. Y el apellido, porque todos los esclavos llevan el suyo como marca de poder.

Pero yo le digo Aaghaa con respeto a este viejo negro esclavo que llegó a Cuba en 1830 y me escapo con él hacia el cobijo de una ceiba para escuchar las anécdotas de todo lo que ha vivido aquí, de lo que dejó en su aldea, de sus padres que no volverá a ver y de lo que sufren él y sus hermanos sin libertad.

“Ay, mi, niña estos muros encierran muchas historias, no me va a alcanzá el tiempo pa´contate”

-Aaghaa, ¿por qué el ingenio se llama Taoro?

Cuando yo acababa de llegá me contaron que el amo ante tenía do´ finca por allá, en su España queri´a. Se llamaban Tacoronte y Oropalma y así le puso a esta Taoro con la unión de los nombres. Cosa de blanco, muchacha.

-¿En qué año fue eso?

Ah, por 1826, ante e´to era un cafetal que se llamaba El Ideal, ha´ta que el amo lo compró.

-Pero ustedes sólo cortan cañas.

No, que va, también trabajamo en los piñale y cuidamo el miradó.

-¿Tan grande es la finca?

Pero, mija, se le pierde la vista a uno de mirá a lo lejos.

-¿Cómo los tratan a ustedes?

Como bestias, mi niña. Vivimo en barracone muy chiquito pa´ nojotro. Nos depiertan al amanecé y nos obligan a í pa´l campo ha´ta que suene la campana, cuando ya el sol hace rato se econdió. Eso de lune a sábado.

-¿Qué hacen las mujeres?

Trabajá en la casa y hace´le caso al amo. A veces, por la noche, las obliga a í pa´ la casa grande.

-¿Las maltrata mucho?

Sí, y parece que e´tá endemonia´o cuando ella se resisten. Después, cuando llegan los críos, los manda lejos de la hacienda y ellas se quedan aquí llorando.

-¿Nadie discute eso?

Niña, qué vamo hacé, si habla te vá pa´l tronco.

-¿Qué hacen los domingos?

El señor curita nos hace cree que el látigo e´bueno y todo lo que diga el amo e´tá bien, pero ya llevo mucho tiempo aquí y no creo eso cuento.

-¿Y por qué no te has escapado?

Eso ´tá díficí, una vez intenté y me pusieron al tronco hasta que salió el sol. El capatá se para en la puerta a contá la sali´a y la entrá, el que no e´te e´ cimarrón y si lo agarra le corta los deos de los pie.

-¿No todo debe ser trabajo?

Algunos domingo cantamo pa´recordá nue´tra tierra y a vece íbamo al Guatao.

-¿A dónde?

Al Guatao, otra hacienda de esclavos.

-¿Y por qué ya no van?

No fuimo ma porque la útima vez se formó un lío grande y se murieron alguno de los esclavo.

-¿Enterraron sus cuerpos?

De algunos, alante del miradó hay un cementerio.

-Maestro, de donde vengo estamos en el año 2015, ya no hay ingenio, todo está en ruinas.

¡Por Diosito!, ¿cómo ha podi´o pasá eso?

-El ingenio tuvo muchos propietarios, fue pasando de mano en mano hasta que en 1955 es casi abandonado. Del Taoro solo quedan unos muros que las condiciones del clima y las raíces de las plantas siguen deteriorando.

¿Y nadie piensa hacé ná?

-Ahora pertenece al municipio Bauta, en la provincia de Artemisa, porque se han cambiado mucho los nombres de las fincas y los pueblos, y las autoridades planean la restauración, pero no ha comenzado.

Si se demoran mucho se va nue´tra hi´toria pa´l cará y ya nadie se acordará de nojotro.

-No, nosotros sí los recordamos. Allí hicieron un museo con los objetos que ustedes dejaron.

Bueno, al meno saben que vivimo aquí, aunque solo quede el ingenio.

-Algunas personas han estudiado su historia, por eso nosotros la conocemos, tratamos de rescatarla y transmitirla a otras generaciones.

Ay, muchacha, ojalá to´ito se pueda rescatar. Así nojotro vivíamo pa´ siempre.

*Agradecemos a Dionisio Vives Rangel, historiador de Santa Fe, quien brindó la información necesaria para realizar esta entrevista de ficción.

Pie de foto: Ruinas del Taoro, antiguo ingenio de esclavos en la localidad habanera de Santa Fe, municipio Playa.

Ficha técnica:

Objetivo central: Rescatar la historia del ingenio Taoro.

Objetivos colaterales: Informar sobre los planes para su restauración y valor para la historia local.

Tipo de entrevista: De ficción.
Por los participantes: Individual.
Por su estructura: Clásica.
Por su contenido: De opinión.
Por el canal que se obtuvo: Vía directa (entrevista con el historiador de la localidad) y documental.

Tipo de título: Genérico.
Tipo de entrada: De ambiente.
Tipo de cuerpo: De preguntas y respuestas.
Tipo de preguntas declaradas: 1-Directa (Aaghaa, ¿por qué el ingenio se llama Taoro?); 2-De información (¿En qué año fue eso?); 3-Directa (¿Tan grande es la finca?); 4-De opinión e Intencionada (¿Cómo los tratan a ustedes?); 5-Directa (¿Qué hacen las mujeres?); 6-De exploración (¿Las maltrata mucho?); 7-De opinión e Intencionada (¿Nadie discute eso?); 8-Directa y Abierta (¿Qué hacen los domingos?); 9-Directa (¿Y por qué no te has escapado?); 10-Directa y exploratoria (¿No todo debe ser trabajo?); 11-Directa (¿A dónde?); 12-Directa (¿Y por qué ya no van?); 13-Directa y cerrada (¿Enterraron sus cuerpos?); 14-Directa e Intencionada (¿Y nadie piensa hacé ná?).
Tipo de conclusión: De resumen del entrevistado.
Tipo de fuentes: Directa: Dionisio Vives Rangel, historiador de Santa Fe, municipio Playa; Documentales: Textos aportados por el historiador.



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