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PARA LUCIR, ¿HAY QUE SUFRIR…?

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AMANDA DE URRUTIA SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El tratamiento capilar de queratina (o keratina) es un método semipermanente de laceado que utilizan tanto hombres como mujeres. En la mayoría de los casos los “beneficiados” con el producto desconocen sus efectos secundarios y se someten al procedimiento sin medir las consecuencias.

El cabello de todas las personas, en mayor o menor medida, contiene queratina natural, que es la proteína responsable por su brillo, elasticidad, resistencia, torsión y fuerza. El funcionamiento del procedimiento estético consiste en elevar los niveles de la proteína para conseguir el alisado y fortalecimiento del pelo.

Pero este tratamiento, a pesar que dice ser natural, contiene químicos fuertes como el formaldehido y otros aldehídos que, acompañados por las altas temperaturas que utiliza, pueden ocasionar efectos secundarios desde corto hasta muy largo plazo y reversibles o no.

Las reacciones alérgicas son frecuentes: piel seca y con picazón; dermatitis o eczemas también son potenciales. La caída del pelo y en los casos más extremos, puntos de calvicie, se hacen presentes en muchas ocasiones. Abundante caspa fuertemente incrustada al cuero cabelludo es resultado y evidencia del daño.

Varias organizaciones gubernamentales y no gubernamentales como la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA) y el Departamento de Salud del Estado de Nueva York han realizado estudios que demuestran la toxicidad de los vapores expedidos durante el tratamiento y advierten de su alto riesgo cancerígeno. En Canadá, con excepción a la orgánica o bótox (sin formaldehido), todo tipo de keratina está prohibido.

La ignorancia con respecto a los resultados nocivos de este proceder cosmético es devastadora. Las personas no se percatan del mal hasta que es muy tarde.

En Cuba, como país que vela por la salud del pueblo, debe existir más información acerca de este tema a través de los medios de comunicación masiva y en los centros médicos. Tampoco considero una medida extrema el veto, pues existen otros métodos de igual efectividad en el laceado del cabello que no exceden en precio ni presentan riesgos a la salud como la mencionada keratina orgánica, la cirugía capilar y el tratamiento de colágeno.

Otro hecho triste es que las peluqueras y peluqueros no les dicen a sus clientes el tiempo que debe transcurrir de una aplicación a otra (alrededor de seis meses) y con tal de lucrar, permiten una exposición excesiva al producto. Además, quien paga no es ni el único ni el más afectado, quien recibe la remuneración se expone con más frecuencia y a veces no toman las precauciones pertinentes.

Por cierto, en Cuba, el precio de la keratina es como mínimo 200 pesos cubanos por cada onza utilizada (a menos que se adquiera por otras manos distintas a las del profesional de la belleza). Y el gasto no termina ahí, el dinero empleado en el shampoo y el acondicionador sin sal que requerirá la cabellera de ahí en adelante excede con creces el monto inicial.

No es un lujo que todos puedan permitirse y desafortunadamente observo, aunque está lejos de ser un comportamiento general, que algunas personas infieren el estado económico, de las personas por lo liso del cabello.

Cuidemos nuestro aspecto físico, protejamos nuestro cabello, queramos ser bellos por dentro, claro está, pero también por fuera ¿por qué no?, pero no pongamos nuestra salud en juego.



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