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EL CAZADOR ÁVIDO DE MITOS E HISTORIAS

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Enrique Cirules, narrador, ensayista, autor de novelas y cuentos, dedica su extraordinaria sabiduría a escribir fascinantes libros, pero en lo personal es una persona que ama la vida cotidiana.

Texto y foto:

HUE TRAN THI,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Cae la tarde y, como de costumbre, aparece Enrique Cirules en la esquina de su casa con una caja de comida. De pronto, los gatos corren detrás de él, y llegan juntos hasta el césped que está enfrente del Malecón.  Así nos vimos de manera inesperada.

Cada noche, él se sienta allá. Les da de comer a los animales y los acaricia a la vez, los considera como amigos suyos. También en ese espacio, toma un descanso después de un día de intenso trabajo intelectual.

Carga un gato, es el que más le gusta, lo llama “Rubia”.  Empieza a conversar: “Tengo 77 años, pero cuando me levanto, me imagino con 19”, ese carácter optimista siempre acompaña a Enrique Cirules, escritor afamado cubano que trabaja sin descanso, junto al amor por las cosas sencillas de la vida.

Desde hace tiempo me llamó la atención este hombre de rutinas nocturnas. Me decido a hablarle y a pesar de que soy extranjera, no vacila y comparte conmigo sobre su natal Nuevitas, en la provincia de Camagüey: “Pasé épocas duras, con seis años trabajaba en el puerto, tenía una vida de marinero”.

Las dificultades no fueron un obstáculo, pues a pesar de que tenía una mala situación, siempre soñó con ser escritor. Hay algunos sueños que nunca llegan a ser realidad, pero con Cirules, sí. Continuó luchando sucesivamente. Todos le motivaron a participar en el afán de la obra propia. Desde entonces, le pusieron el nombre: “Cazador ávido de los mitos y la historia”.

Ha publicado muchos libros y, para él, “El último norteamericano de la Gloria City”, es el más relevante. En 1993, obtuvo el primer premio Casa de las Américas, con “El Imperio de La Habana”. De igual manera, en 2014 obtuvo una Mención en la Casa de las Américas con “Hemingway, ese desconocido”.

No sólo es un escritor, también se desempeña como profesor de Historia y Español en la Facultad Obrera Jesús Menéndez, de Nuevitas. Posee una larga experiencia como asesor en talleres literarios y es un estudioso de la cultura cubana del siglo XX.

“Mi obra ha sido traducida a varios idiomas: francés, inglés, alemán, ruso…”, dijo en voz lenta y gentil, pero con mucho orgullo. Además, afirmó que sus libros no se pueden plagiar impunemente: “Los lectores del siglo XXI no son tontos. Se dan cuenta cuando están entrando en contacto con una verdadera y genuina obra, y cuando son estafados”. De inmediato percibí dónde está la fuerza de su literatura.

Para mí, tal vez lo más inolvidable fue cuando evocó la opinión de Ho Chi Minh, el expresidente y héroe legendario de Vietnam, quien aconsejaba que antes de escribir, había que responderse tres preguntas: para quién se escribe, cómo se escribe y para qué se escribe.

Para el intelectual esta es una de las definiciones más precisas porque él siempre la pone en primer lugar antes de comenzar algún libro. Todavía sorprendida, pensé: Este “cazador ávido” y el tío Ho, con sus extraordinarias sabidurías, comparten la misma opinión.

Ante esa pregunta, me responde: “Escribo para dar respuesta a mis inquietudes, a mis preguntas, a lo que acontece, al entorno y a las historias vinculadas con la vida. Escribo para comunicar, para trasmitir ideas y sucesos, en primer término dirigida a los cubanos, a mi época, a la realidad contemporánea”.

Casi terminada la conversación, le pregunté sobre sus planes. “Muchos”, respondió y luego acarició a sus amigos pequeños de nuevo. Enrique Cirules no solo quiere disfrutar la vida en familia, sino también todo lo que le reste por hacer y la vida le ponga por delante. Este gran escritor continuará dedicando numerosos libros a la humanidad.

Pie de foto: Resulta llamativo el amor por los gatos callejeros de Enrique Cirules.



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