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INTERNET: UN POCO TARDE Y NO TAN SEGURO

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LAURA FARIÑAS NARANJO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

En un planeta donde la tecnología y la digitalización avanzan vertiginosamente, el acceso a Internet se convierte en una necesidad para los ciudadanos. Los cubanos no estamos exentos de esto, sin embargo, este servicio ha llegado “un poco tarde y no tan seguro” para quienes habitan en la Mayor de las Antillas.

Hace algunos años en la Isla solo tenían posibilidades de conexión algunos centros laborales, un pequeño grupo de intelectuales y científicos y los estudiantes universitarios. Luego el acceso se amplió cuando llegó el sistema wifi a varios hoteles, donde los cubanos podían conectarse haciendo uso de los dispositivos digitales del lugar o suyos.

Para muchos, la mayor evidencia de acercarse a Internet se hizo realidad en julio del pasado año cuando la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa) abrió los primeros 35 puntos wifi en varios lugares del país. La buena nueva acaparó la atención de la mayoría, aunque todavía no sea un servicio masivo al alcance de toda la población y las personas añoren tener la red de redes en sus casas.

Esta nueva prestación, como vía de acceso a Internet, genera grandes polémicas dentro de la población. Si bien permite que muchos se comuniquen con los más diversos lugares del mundo, y que otros se entrenen en las redes o se informen de lo que ocurre fuera de nuestras fronteras, lo cierto es que para la gran mayoría de los cubanos constituye un lujo.

El precio de las tarjetas Nauta para acceder a la red es de dos cuc (50 pesos en moneda nacional) la hora. Si se realizan un par de cálculos, tendremos como resultado que para un cubano que gana 250 pesos mensuales, una hora de conexión representa el 20 por ciento de sus honorarios. Esto indica que el nuevo servicio no es muy económico para la mayoría de las familias, pues acceder a él implica reducir importantes gastos en el hogar. Como diríamos en casa: “o se viste o se come”.

Pero no solo en temas monetarios este acceso a Internet es deficiente, sino también en la falta de comodidades y condiciones -como alumbrado público y lugares donde sentarse-, en las zonas de conexión, algo que tal vez debió preverse antes de iniciar el nuevo servicio, y más cuando las autoridades de Etecsa han dicho que todavía demora la llegada de la red a nuestras viviendas.

Igualmente, las colas para obtener las tarjetas Nauta, así como la ausencia de estas en los puntos de venta se convierten en frenos. La situación la aprovechan entonces los “revendedores”, esas personas que “por la izquierda” se dedican a ofrecer a mayor precio las tarjetas, e incluso conectar a más de un mismo usuario con la misma cuenta.

Pese a esto, es necesario entender que se trata de un proceso complejo y lento, que necesita de grandes inversiones. “Desde que el 4 de junio de 2013 dio comienzo el servicio de navegación, primero con las salas y luego también con la wifi, se han vendido 7,2 millones de accesos que incluyen cuentas temporales y permanentes”, afirmó en declaraciones a la prensa Mayra Arevich Marín, presidenta de Etecsa.

Cuando Cuba aun hace pruebas para la instalación de zonas wifi como alternativa a ese Internet público que hoy disfrutan muchos en otros países, en el resto del mundo ya se habla de la lifi, que puede multiplicar los colores de la luz para generar una conexión de alta amplitud a larga distancia y que está destinada a ser la conexión inalámbrica más rápida de la Tierra.

El camino hacia la informatización no es fácil, pero la población necesita de nuevas estrategias para minimizar los obstáculos que este hecho genera. Ojalá el tiempo y lo diseñado hasta el momento no nos jueguen una mala pasada.



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