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DOBLE VIDA

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El instructor Jorge Enrique Pupo Naranjo lleva la disciplina y la fuerza del Taekwondo a los niños del barrio Diez de Octubre; y como maletero en el Hotel Nacional ofrece la mejor atención a los clientes.

Texto y fotos:

HUE TRAN THI,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

La algarabía inunda la Universidad de Ciencias de la Cultura Física y el Deporte “Manuel Fajardo”. Familiares e instructores se reúnen allí para celebrar un nuevo encuentro deportivo entre Los Tigres de Jesús del Monte y los ocho equipos de Taekwondo (TKD) restantes de la capital cubana.

Jorge Enrique Pupo, de 50 años, no contiene su ansiedad, observa cada movimiento de sus estudiantes y les da instrucciones desde su posición, pues para él cada competencia representa parte de su historia y su mayor satisfacción es que uno de sus pequeños aprenda técnicas de defensa.

Sus 16 años dedicados a la preparación de niños y adolescentes del municipio Diez de Octubre le han merecido muchos reconocimientos del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER). “La escuela de Pupo es una de las más destacadas a nivel nacional. Así, desde 2004 fue seleccionado como el mejor instructor de TKD del país”, aclaró Jadié Palanquee Espinosa, presidente de arbitraje de la ciudad.

El equipo se fundó en el 4 de septiembre de 2000 en Lawton, una de las zonas de la periferia de la capital. Al recordar aquellos momentos, su hijo mayor, Jorge Julio Pupo Abad, de 27 años, confesó: “Cuando tenía 11 años, estaba jugando con mis amigos frente al abandonado cine San Miguel, estos le preguntaron a mi papá por qué no abría una escuela de TKD allí, debido a sus conocimientos en este arte marcial”.

A partir de ese instante, Jorge Enrique Pupo, con la ayuda de los vecinos, comenzó a trabajar en esta función y años más tarde lo convirtió en el centro “Los Tigres de Jesús del Monte”, en homenaje al equipo de béisbol, y actualmente constituye una de las mejores escuelas deportivas de Cuba. La institución ha servido para mejorar las conductas de muchos niños que provienen de familias disfuncionales. “La mayoría entran primero por curiosidad y luego van dando cuenta de su utilidad”, expresó el maestro.

Si la primera vida está con los niños, la segunda se encuentra en otra labor. Después de estudiar y practicar el turismo en el Hotel Copacabana, en 1993 se trasladó al Hotel Nacional, donde es mozo y se encarga de las maletas. “Siempre quise conocer mucha gente, y aquí puedo. Recientemente fui maletero de Olga Tañón y del equipo de trabajo de los Rolling Stone”, recordó.

La infancia y los sueños

Nació en el seno de una familia muy humilde, en las zonas rurales de Bayamo. El padre trabajaba en bodegas desde su juventud, a pesar de su discapacidad visual, y la madre se dedicaba a la costura, específicamente hacía uniformes estudiantiles.

Su infancia transcurrió entre Bayamo y la Pimienta, en la Sierra Maestra. “Desde niño Pupo era muy travieso y creativo, le gustaba hacer muchas maldades -contó su padre, Jorge Félix Pupo-. En todas las vacaciones se iba al monte, donde estaba la mayor parte de nuestra familia”.

En 1980, él y su mamá se trasladaron a Lawton, La Habana, donde comenzó a practicar lucha, después el deporte marcial. Durante los años 90 estudió en la Escuela de Cadetes, en Barbosa, y se graduó de oficial. En esa época tenía una gran afición por el teatro, otra de sus pasiones. Aclara que participó mucho en ello y siempre soñó con ser actor. Además, ha escrito varias obras a diversas personalidades como a Olga Tañón, Fidel Castro, los Cinco Héroes y a la familia, la escuela…, pero finalmente se inclinó más hacia el TKD.

“Me motivaba saber que Roberto Abreu, mi compañero de clase, había sido campeón mundial. Por eso empecé a participar en muchas competencias para desarrollarme y, simultáneamente, comencé a trabajar en el Hotel Nacional como maletero desde aquel tiempo”, añadió.

Después de fundar Los Tigres de Jesús del Monte, él trabaja en el Hotel por el día y regresa a su escuela por la tarde, con los niños, como un padre. Para Pupo, no hay nada más importante que ser maestro. Hasta ahora este deporte ha influido totalmente en él. Su sueño se ha hecho realidad. Así, es instructor y entrenador deportivo desde hace 16 años sin renunciar a ninguna de las dos actividades.

El deporte fortalece los músculos del alma

El reloj marca 5 de la tarde, Pupo sale del Hotel Nacional y llega a la escuela Los Tigres de Jesús del  Monte. Actualmente tiene 43 alumnos, con edades de 7 a 15 años. En el área de entrenamiento lo esperan ansiosos sus estudiantes, quienes están agrupados en varias categorías.

Eduardo López Sánchez, de 53 años, vecino del centro comentó: “Cuando mi hija, Jennifer López Corzo, estaba en cuarto grado, el profesor Pupo vino a su escuela para captar niños que quisieran practicar TKD, y en ese momento la niña decidió entrar al centro”.

Junto a niños como Jennifer, Pupo también acepta en sus clases a infantes que provienen de familias con problemas sociales. El caso de Yovanis Rodríguez Cuadro es un ejemplo. “Vivía en un ambiente pobre, mis padres no tenían trabajo y por eso debía vender frutas por las calles en vez de estudiar. Gracias a la enseñanza de Pupo aprendí a cómo ser mejor persona y enfrentar la vida de otra manera; él es como mi segundo padre”, afirmó.

En este sentido, Argelino Montalvo Trial, jefe de técnica de la ciudad, señaló: “El TKD de La Habana aporta mucho a los niños para alejarlos de los problemas sociales que estos puedan tener, este deporte los cambia, en lugar de futuros malhechores se convierten en bellas personas”.

La página web http://clubtaekwondooficial.blogspot.com asegura que la práctica del TKD ayuda a la mente a desarrollar las bases de la concentración. A través de este deporte, los niños se vuelven más disciplinados y se fomentan de manera perseverante los principales valores como la honradez, la lealtad, el respeto, la humildad, el amor al prójimo…

“No me olvido de educar a mis discípulos en que deben respetar al maestro, defender la cinta, representar la escuela, amar la familia, evitar el enemigo y no permitir la injusticia. Más que los músculos del cuerpo, el deporte fortalece los músculos del alma. Esta escuela, por lo demás, funciona como Consejo de padres que se encarga de las actividades recreativas”, añadió Pupo.

El dolor no detiene a Pupo

Alcanzar el éxito no siempre es sencillo, así ocurrió con Jorge Enrique Pupo, quien cuenta que a pesar de no haber recibido la carrera de Licenciatura en Deporte, siempre mantuvo firme su sueño de convertirse en deportista.

Sin embargo, ese revés no le impidió al instructor seguir adelante en su  preparación, que le permitió años más tarde recibir segundo lugar en un campeonato provincial. En 2005 obtuvo un Premio Relevante por su destacada participación en la Jornada Científica y Certificado Cinturón Negro de sexto dan por la Federación Cubana de TKD en el 2016.

El hombre de la comunidad

Pupo dice que su objetivo no es crear cintas negras en TKD, sino mejorar ciudadanos para el país. No sólo es padre de la comunidad deportiva, sino ídolo y ejemplo a seguir de sus dos hijos, quienes ya se han graduado de Licenciatura en Cultura Física y actualmente ambos son entrenadores. “No encuentro la palabra específica para definir y encerrar todo lo bueno de mi papá”, comentó el menor, Jorge Orlando Pupo Abad, de 19 años.

Por otro lado, Irania Pérez Santana, lleva 12 años siendo su alumna y en el presente se vuelve árbitra. Lo define con muchas palabras: trabajo, voluntad, perseverancia, espíritu indomable, fuerza, unión. “Quedé huérfana desde pequeña, pero Pupo y su familia me han guiado y apoyado en mis decisiones”, agregó.

Este hombre también es el apoyo de la familia. Después de llegar cansado de dos trabajos a la casa, donde tiene tres generaciones, logra bien la función de un esposo, un padre y un abuelo. “Él siempre está dispuesto de ayudar en las labores domésticas”, expresó su esposa, Mercedes Abad Suárez.

Mientras tanto, Dállame Marrero Blanco, madre de Carlos Alejandro Tijero Marrero, alumno de la escuela Los Tigres de Jesús del Monte, comentó que es un profesor muy exigente. No obstante, quiere dar gracias a ello, pues es la razón por la que su hijo es campeón provincial y nacional en este deporte.

Arnaldo Pérez Yera, su compañero durante 22 años de trabajo en el Hotel Nacional, utilizó la palabra “responsabilidad” para definirlo. Nada puede dejar que Pupo renuncie a sus sueños con una doble vida.

Doble vida

“Ochenta y cinco primaveras se esconden en un lugar // Que atrae por su radiar y privilegio en La Habana // Con doce palmeras cubanas en su entrada principal // Parece un castillo real, pero es todo cubanía (…) // (…) De ser ciento por ciento cubano y llamarse Hotel Nacional”.

Los versos de su poema La octava maravilla cubana, dedicado al aniversario 85 del Hotel Nacional, el 31 de diciembre de 2015, resaltan su amor hacia el centro que lo ha acogido durante 23 años en el oficio de maletero.

Se dedicó de todo corazón a esta labor. “En su función de un maletero, Pupo es una persona bella y cumplidora, coopera con el deporte del país, a la vez que tiene alta responsabilidad con sus dos labores en la vida. Ofrece la mejor atención a los clientes”, afirmó Arnaldo.

-¿Qué quisiera hacer en este año?

“He tenido oportunidad de ver al máximo líder cubano en el mismo Hotel Nacional. Entre mis proyectos del 2016, comencé el plan “Festival de verano del TKD por el 90 cumpleaños de Fidel”, junto con los alumnos para acercar a los niños a la vida de ese “sol naciente”.

Pie de fotos: 1- El maletero da la bienvenida a los turistas en la entrada del Hotel Nacional; 2-Pupo les enseña a sus alumnos a adoptar la posición correcta para concentrarse en el movimiento que harán al contrincante.

 



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