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MILTON GARCÍA ÁLVAREZ, ¿UN JOVEN COMÚN?

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Fanático de las películas de Tarantino y un melómano empedernido, el actor se declara controversial y venático.

ARLETTE VASALLO GARCÍA,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Milton García Álvarez está empezando, como quien dice. No hay mucho que se pueda lograr en la vida con tan solo 21 años, pero el joven actor, a fuerza de remar duro en las galeras audiovisuales cubanas, se convierte en un rostro recurrente. Es castaño y no rubio, cabello del personaje que desempeña en la telenovela Latidos Compartidos. Quizá pueda convertirse en uno de los sex symbols de la pantalla chica nacional. Al menos los ojos verdes y el buen porte le abren paso. Y, claro está, su manera al desenvolverse en los guiones.

Su verdadero romance con la actuación comenzó en la Casa del Creador, cuando engrosó las páginas de un registro de casting para jóvenes no profesionales. Gracias a ello, comenzó a sonar el teléfono, solicitando su presencia como actor en varios programas como Haciendo Caminos y Hablemos de Salud, aunque su primer papel de importancia fue en Oh, La Habana, de la mano del director Charlie Medina. Después surgieron otros trabajos, entre ellos, la serie juvenil Mucho Ruido.

La recuerda como una serie en la cual no debió participar porque aún no estaba preparado profesionalmente, pero para él valen los retos. En ese momento, quería entrar a la Escuela Nacional de Arte (ENA) y fue la oportunidad de sentar las bases y decidir que quería ser actor.

De las producciones más significativas en su vida como actor está el filme La partida, realizado cuando aún era estudiante de la ENA. Le posibilitó desempeñar un papel protagónico, gran responsabilidad porque lo considera el hilo conductor de la historia.

Siempre quiso ser artista. De niño participaba en los matutinos y los grupos de teatro de la escuela. Milton crece dentro de una familia muy creativa, como él mismo la evoca desde su infancia. Los padres vieron sus aptitudes y desde entonces lo apoyan en sus proyectos. Su madre, como todas, escruta sus movimientos y, aunque pueda no estar de acuerdo con algunas decisiones, lo acepta con todos sus desniveles.

En contraposición con los clichés y las imágenes preconcebidas que se tienen de los actores y artistas, a Milton no le va la vida agitada. A la hora de llenar los ratos de ocio no tiene ningún problema en trocar las discotecas por el sosegado placer de pasar el tiempo en casa con los amigos. Es un fanático confeso de las películas de Tarantino. Le gusta conversar con todo tipo de personas y reconoce que posee un carácter controversial y venático, aunque jamás lastimaría a sus admiradores.

Una de las grandes pasiones del actor es ser cantante. Tiene un grupo musical, la banda Limbo, con la cual ha hecho varias presentaciones. Para él las canciones también tienen un personaje. Es un melómano empedernido, los géneros que más le atraen son el funk, el rock´n roll y el jazz. “No descarto la posibilidad de cantar un son”, sonríe.

No es amante de los deportes, pero disfruta nadar y jugar al ping pong. Le gustaba el fútbol, aunque ya no lo practica tanto, debido a los impedimentos físicos que le impone el hecho de ser un fumador tenaz, y aunque sabe que dejar el cigarro es una opción, ahora mismo no está entre sus aspiraciones. 

Milton lleva la vida a su ritmo, pero ya la tiene agarrada por los cuernos. Actúa la realidad y vive la actuación, en una simbiosis perfecta sobre las tablas. Y aún está empezando.

Pie de foto: Milton García ha incursionado en el teatro, el cine y la pantalla chica en más de treinta producciones.



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