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TAREA DE TODOS

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SERGIO FÉLIX GONZÁLEZ MURGUÍA,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Siempre que se habla del uso correcto del uniforme escolar se abre una línea de debate intensa y tradicionalmente interminable. Profesores y estudiantes, de todos los niveles de enseñanza, no se ponen de acuerdo en términos de disciplina, y el reglamento pasa casi inadvertido en dicho tema.

La Resolución 11/2012 del Ministerio de Educación establece como un deber incuestionable del alumnado cubano, en todos sus niveles, lo siguiente: “Los estudiantes utilizarán el uniforme establecido para el nivel educacional de que se trate”. Para dicho punto establece también, cómo debe ser el atuendo correspondiente para el alumno, sea hombre o mujer.

Sin embargo, vemos cada día cómo niños y jóvenes asisten a la escuela con un “uniforme” que no se corresponde con lo dispuesto: pequeños con las pañoletas al hombro y la camisa afuera, muchachas con la saya tan corta que parece un short, o simplemente, jovencitos que creen que van a una fiesta y estrechan su pantalón para ir a la moda.

Ante los hechos, el maestro, el director educativo, e incluso, los padres de los jóvenes, se convierten, prácticamente y en la mayoría de los casos por voluntad propia, en simples espectadores de un problema que cada vez se va haciendo más insostenible, y que es de su completa incumbencia y responsabilidad.

Parafraseando al ilustre pedagogo José de la Luz y Caballero, la educación es un proceso continuo que se inicia en la cuna y acaba con la muerte, y es que la forma en la que los adultos son capaces de conducir a las nuevas generaciones garantizará la prolongación de los buenos valores ante la sociedad.

No podemos esperar  que nuestros jóvenes sean conscientes de lo que es correcto y lo que está mal si no los enseñamos para llevarlos por el camino adecuado. Ello no es difícil, pero sí lleva un proceso de constancia y de mucha responsabilidad por parte de los educadores, organizaciones estudiantiles y la familia, fundamentalmente.

El uso adecuado del uniforme escolar no se puede ver como algo ajeno a ese proceso educativo del que es protagonista el joven, sino como uno de los pilares dentro de la formación de valores del estudiante.

La tan cotidiana forma de vestir a la moda con el uniforme por parte de los educandos, solo responde a conductas y patrones de actuación inapropiados que el muchacho observa en su medio e intenta reproducir.

A diario es frecuente encontrar a quienes incurren en un elevado irrespeto por su símbolo más tangible: el uniforme escolar. Esta vestimenta es la representación más genuina de nuestra educación porque dondequiera que vean a un estudiante portando el atuendo que representa a su centro escolar, estarán presenciando la imagen de esa institución, por lo que el esfuerzo para que se use correctamente debe ser enorme.

Por dicha razón, esta es una batalla que nos concierne a todos, sin excepción. No podemos conformarnos con llamar la atención a un alumno que tiene la camisa afuera durante clases y luego, al llegar el receso no tomar ninguna medida cuando vuelve a incurrir en esa falta. Tampoco puede permitirse ver a ningún joven con su uniforme desarreglado de camino a casa porque este atuendo debe ser para el estudiante como la sotana para el cura: sagrado.

La disciplina, el rigor sin imposición y nuestros valores son las armas que debemos emplear en esta batalla.



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