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¿SUBIR O BAJAR LA ESCALINATA?

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A pesar de los esfuerzos que realiza el país en la educación superior, los centros de altos estudios cubanos presentan niveles de continuidad de estudios de sus alumnos en las aulas por debajo del 60 por ciento.

YANDRY FERNÁNDEZ PERDOMO,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Los niveles de permanencia de los estudiantes universitarios cubanos han descendido a un 53 por ciento durante los últimos cinco años hasta lo que va del presente curso escolar (2016-2017), según indicadores de eficiencia del Ministerio de Educación Superior (MES), lo que hace saltar las alarmas de un sector referente de las conquistas sociales del proceso revolucionario.

La publicación de un colectivo de investigadores del MES, titulada La Estrategia de Permanencia: principales impactos, señala que a partir del 2007 hasta el presente año las tasas de continuación de estudios se mantuvieron en un 60 por ciento.

Las nuevas transformaciones del sistema educacional cubano como la reducción a cuatro años de algunas carreras y las recientes formas de entrada a estas instituciones, están precisamente dirigidas a contrarrestar el problema de la persistencia.

“Con la realización de los nuevos exámenes de ingreso y otras medidas que se implementaron, la eficiencia en los centros de altos estudios ha mejorado cuantiosamente”, afirmó René Sánchez Díaz, director de Ingreso y Ubicación laboral del MES.

Sánchez Díaz también aseveró que el abandono de las carreras por parte de los escolares representa una pérdida económica considerable para el país, pero una desventaja mucho mayor sería la graduación de profesionales sin calidad.

Durante el Periodo Especial, en una investigación realizada para evaluar la eficiencia académica en las carreras de Ciencias Médicas, la permanencia de los estudiantes se mantuvo en un 80.5 por ciento. En el año 2003, otro estudio realizado por la Universidad Nacional Agraria de La Habana resaltó que la persistencia de sus escolares era de un 88.8 por ciento.

Estos índices fueron bastante superiores con respecto al 50 por ciento de abandono promedio en Latinoamérica en dicha etapa, según indica un estudio, de 2006, elaborado por el Centro Interuniversitario de Desarrollo (CID) con sede en Chile.

Desde la Campaña de Alfabetización, en 1961, el gobierno revolucionario implementó una serie de estrategias para incrementar el acceso a las carreras universitarias. En los primeros 30 años desde el triunfo de la Revolución se masificó la entrada de los estudiantes a estas instituciones.

Datos oficiales del MES reflejan que los centros de altos estudios cubanos a partir del año 1959 hasta la actualidad han graduado a más de un 1 300 000 profesionales en todas las ramas del saber. El 5.1 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y el 10.4 por ciento del presupuesto del país se destina a este propósito.

José Manuel Carballo, antiguo profesor del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, con más de 40 años de experiencia en el sector, consideró que la situación actual de permanencia es resultado de la improvisación en el sistema educacional: “Se prepara a los estudiantes en el preuniversitario para entrar a una carrera que no tiene los recursos ni materiales necesarios para la formación académica”.

Una causa por la cual algunos egresados de la educación media superior dejan los estudios cuando entran a la universidad es que no están bien orientados vocacionalmente, comentó Antonio Márquez Cotera, subdirector general del Instituto Preuniversitario Urbano (IPU) Saúl Delgado, en el capitalino municipio de Plaza de la Revolución.

“Los alumnos de la escuela resultaron beneficiados este curso porque los funcionarios del MES vinieron todas las semanas para impartir conferencias sobre las diferentes opciones de continuidad de estudios”, declaró.

Sin embargo, el caso de Susana Perera Trelles, estudiante del IPU José Martí, en Habana del Este, fue diferente. “En mi escuela hay escasez de profesores, nos explican muy poco de las carreras y solo conocemos bastante de las pedagógicas”, afirmó.

Isabel de la Rosa Hernández, antigua alumna de la Facultad de Psicología de la Universidad de la Habana y ahora trabajadora por cuenta propia en una cafetería, comentó que la falta de profesores en este centro docente, así como la poca preparación académica, con respecto al riguroso nivel de los exámenes, hizo que ella, junto a otros de sus compañeros, no tuvieran otro remedio que abandonar la escuela.

“Ninguna carrera garantiza el éxito particular de un hombre, solo la dedicación y entrega a cada profesión constituye el camino al futuro”, dice uno de los documentos oficiales para el ingreso a la educación superior.

Sánchez Díaz resalta que la familia cubana debe asumir un papel más activo porque tiene mucho impacto en la formación vocacional de los jóvenes y en la permanencia de estos en las universidades. “Cuando los estudiantes llegan a la carrera, adquieren una responsabilidad muy grande y el apoyo familiar es imprescindible”, comentó.

Pero Alejandro Acosta Jiménez, quien dejó sus estudios universitarios en los primeros años de la carrera Ingeniería Informática, en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría (ISPJAE), señala que hoy en día estos centros educativos se han convertido en el privilegio de unos pocos.

“La universidad es costosa. Un alumno que depende de sus padres no tiene para comprarse una computadora y muchos de los materiales docentes están digitalizados. También está la ropa, los recursos para la carrera, la comida y el viaje diario a la escuela. Resulta muy difícil mantener este ritmo durante cinco años”, afirmó.

Pie de fotos: 1-La tasa de permanencia de los estudiantes en la enseñanza universitaria en los últimos 14 cursos promedia el 60 por ciento del total de alumnos que ingresan; 2-Importantes académicos señalan que la orientación vocacional de los jóvenes representa un factor importante en la motivación para ingresar a una carrera.



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