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EL AMOR ENTRE DOS CULTURAS

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Dicen que en la Tierra tan vasta, si dos personas se encuentran y se enamoran, eso es el destino que Dios trazó…

HUE TRAN THI,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

La tarde dejó caer su sombra sobre la calle Industria, en Centro Habana. La puesta del sol, a pesar de los últimos días de otoño, se veía como un halo que brillaba sobre todas las casas. El viento sopló impetuoso y ruidoso. Chien en ese entonces regresaba del Aeropuerto Internacional José Martí a su casa, llevaba una tristeza que no sabía a quién le pudiera expresar en confianza.

Las nubes espesas oscurecieron el cielo. Bajó la cortina. Encendió la luz y se sentó al lado de la ventana. Tras la puerta, una foto tenía grabados los nombres: Chien Phuong y Xiomara Báez, dos banderas rojas con estrellas amarillas cubrían los sillones de la sala. Alrededor del cuarto se podían observar varios objetos simbólicos de Vietnam: la ropa tradicional, el sombrero, los platos y palitos…Ya desde hace 24 años aquí está su propio hogar.

Empezó a llover, las gotas de lluvia multiplicaron aún más la aflicción en su rostro. La tenebrosidad envolvió toda la casa, mientras sus lágrimas caían por primera vez durante aquella noche, la nostalgia se apoderaba de Chien.

El otoño del 2011 marcó una pausa en su tramo de camino infinitivamente largo. Regresó a Vietnam con su esposa y las dos niñas. Para ellas constituía una visita normal, pero para él, fue una reunión familiar muy especial, después de 24 años sin ver a su madre.

El ser adolescente en el extranjero trae añoranza, en el otro lado del mundo es mucho más complejo, ¡qué nostalgia!, es acostumbrarse a una cultura distinta. “Mi mamá no sabía cómo la extrañaba. Cuando nos reencontramos, se pasó una semana llorando porque pensaba que yo no iba a regresar más”, sollozó Chien.

En ese momento, Xiomara, su esposa abrió las fotos de familia, las vieron juntos y le consoló a la vez que en el transcurso de su vida, siempre estaba allí, ayudándole. Junto a ella, tuvieron dos hijas mezcladas entre las dos sangres.

Tuvo que enfrentar muchas dificultades. No solo vino a Cuba con las manos vacías, sino que tampoco sabía nada de español. Su gran maestra, nadie más, fue la esposa. Amor, ¡quizás por amor! Es decir, su destino siempre estaba escrito junto al de ella.

Dios le trazó un maravilloso destino por dejarlo conocer y enamorarse de una cooperante tunera, Xiomara, en la antigua Checoslovaquia. Su corazón fue robado por ella. Ahí mismo se comprometieron en un idioma diferente a los suyos. Luego se reanudaron en Las Tunas, se casaron y crearon una feliz familia, fue el resultado de un bello amor y la unión de dos distintas culturas: Vietnam y Cuba.

El amor es la fuerza prodigiosa, el gran motivo para vencer todo lo que ofrece la vida. Para Chien es la fortuna más grande que tiene. En aquellos momentos, aunque sintió nostalgia, con el encuentro de Xiomara se animó poco a poco. De tal manera se apoyaron y entraron en sueños. Ya cayó la madrugada.

Bien temprano de la mañana. El sol iluminó en la ventana junto al arco iris después de una noche lluviosa. Empezaron un nuevo día, el hombre va a trabajar, la mujer comienza con las labores de una ama de casa.



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