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CIGÜEÑA DE VACACIONES

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KARLA PICART RODRÍGUEZ,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

El lento crecimiento de la población asociado a la baja fecundidad son factores demográficos que contribuyen de forma directa al envejecimiento en Cuba. Las causas de este fenómeno se ubican en una compleja situación sociocultural, pero no irreversible.

La tasa de natalidad registrada en el último censo de población y vivienda en el año 2012, revela que el promedio de alumbramientos es de 9,96 anuales por cada 1 000 habitantes, cifra que descendió a 9,9 en 2015.

Pero, ¿a qué se debe esto? ¿Se habrá ido la cigüeña a entrenar a los próximos Juegos Olímpicos?

Podemos hablar de un sistema económico desfavorable para gran parte de la sociedad, con un salario medio de 584 pesos, donde los artículos de canastilla -en su mayoría extranjeros- están a precios inalcanzables y los productos cubanos son inexistentes o precarios.

Al analizar estas problemáticas desde un punto de vista moral emerge que la desvalorización en una parte de la sociedad, ha propiciado un desmedido afán consumista. De ahí surgen reflexiones como “no hace falta hijos para la realización personal”, es entonces: ¿pérdida de esperanza o egolatría suicida?

Una nueva visión de la superación individual, así como las crecientes oportunidades profesionales inciden, a su vez, en un  número de la población femenina, que trae consigo en muchos casos un igualitarismo desmedido entre hombres y mujeres, lo que provoca un equívoco cambio de roles. Este fenómeno condiciona el retraso de la maternidad o la renuncia a ella.

La práctica casi generalizada y aprobada por el Ministerio de Salud Pública del aborto o interrupción del embarazo es vista como “método anticonceptivo”, hecho que pone en juego la posibilidad de ser madre en otro momento, además de arriesgar la vida.

Según reporta la última Encuesta Nacional de Fecundidad (realizada en 2009), un 21 por ciento de las mujeres cubanas entre 15 y 54 años se han sometido al menos a un embarazo que acabó en interrupción provocada o en una regulación menstrual.

En una nación donde son concedidos los derechos más generales de la mujer, la maternidad segura y responsable no puede ser solo una preocupación de la fémina, sino una decisión planificada de la pareja en la que se estimula a la procreación.

Para la investigadora del Centro de Estudios Demográficos, Grisell Rodríguez, la sobrecarga de roles en la mujer es un elemento que incide contra la disposición de tener hijos.

Otro de los factores a analizar es la notable influencia ejercida por la creciente migración de los últimos años. Esto ha causado al país el descenso de las personas del género femenino en plenitud para concebir un hijo.

El censo efectuado en 2012 mostró que en Cuba hay 2 905 167 mujeres en edad fértil (de 15 a 49 años), un 3,26 por ciento menos de las que había en 2002. Y el grupo desde 15 a 34 años, del cual nace el 80 por ciento de los niños, se redujo en un 18,89 por ciento.

Un informe publicado por la Oficina Nacional de Estadística pronostica que para el año 2030 habrá 2 175 873 mujeres en periodo reproductivo, o sea, un 25 por ciento menos.

Estos elementos vinculados con otros, como pueden ser la grave situación habitacional que presenta el país y la disponibilidad material que requiere la crianza de los hijos, han provocado que Cuba tenga una de las tasas de natalidad más baja del continente y del mundo con 1,45 hijos por mujer. Debemos buscar soluciones factibles acorde a las necesidades de la nación. Las cartas están sobre la mesa, ¿quién abre el juego?



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