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CUBA ENTRE LA MODA Y LA REALIDAD

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La cultura del vestir en la Mayor de las Antillas encuentra sus puntos débiles en las escasas soluciones de la industria, el elevado costo de los productos y la insuficiente divulgación del trabajo de los diseñadores del patio.

ELIZABETH K. CARVAJAL SUÁREZ,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

La llegada de la marca Chanel a La Habana el próximo tres de mayo con motivo de su edición Crucero correspondiente al 2016, pretende, además del “exotismo” de hacer un desfile en la Isla con el nuevo panorama político internacional, aprovechar la cubanía como fuente de inspiración para nuevos diseños.

Pero las potencialidades que Karl Lagerfeld, diseñador de la prestigiosa marca francesa, le encuentra a nuestro país parecen pasar inadvertidas por los cubanos, que adolecen de una industria de la moda debido a la carestía de recursos para sustentarla.

Reinaldo O´Halloran, diseñador perteneciente a la dirección técnica y desarrollo del Grupo Empresarial de la Industria Ligera (GEMPIL), afirma que “el mayor volumen productivo de piezas de vestir en la actualidad es para organismos y en menor medida se fabrica para la comercialización en la red de tiendas nacional”.

También considera que existen potencialidades dentro del propio GEMPIL para sustituir importaciones, pero esto no solo depende de ello. Las cadenas de tiendas son las que demandan los productos de las empresas locales, al mismo tiempo son las encargadas de comprar en otros países lo que luego se venderá a la población.

Otra opinión afín la tiene Caridad Limonta, que en el pasado se desempeñó como directora de Puntex, una empresa de confecciones textiles, y en la actualidad trabaja como cuentapropista en la atelier Confecciones Procle, en el Vedado.

“La industria está deprimida en tal medida que casi no se produce para las tiendas. Por los 2000 cerraron muchas fábricas debido a la situación económica, lo cual provocó el aumento de las importaciones. A partir de entonces se garantiza y prioriza los sectores de la salud y la educación, por ejemplo. En este contexto, los artesanos y trabajadores por cuenta propia juegan un papel cada vez mayor para la producción textil de nuestro país”.

Aunque la industria constituye un buen termómetro para medir la situación del vestir, cabe destacar en esta problemática la solvencia económica de las familias cubanas. Con la llegada de Chanel es acertado cuestionarse: ¿quiénes serán los receptores de los productos que la marca presentará en la Isla?

La Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), en su sitio digital, informaba en el año 2014 que el salario medio mensual aumentaba a 584 pesos (CUP), lo que equivale aproximadamente a 25 (CUC). En contraste, un solo producto de la marca referida oscila entre los 300 y 400 euros, mínimo.

Alejandro Díaz Blanco, gastronómico de la cafetería El Potín, del capitalino municipio Plaza de la Revolución, expresa al respecto: “Si en un mes quieres comprarte una camisa o un par de zapatos, así sea en la tienda, en los artesanos como en el mercado informal, no lo puedes hacer, o comes, o te vistes. Conseguir algo para vestirse es resultado de varios meses de ahorro. Eso, sin contar la calidad ni la presencia de la ropa”.

Sobre el tema, la socióloga, Yeisa Sarduy Herrero, del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, comenta: “El elemento económico juega un papel primordial dentro de la problemática. Las personas acceden a las prendas de vestir por los canales que son más factibles para ellos”.

“Se aprecia una alta valoración de lo extranjero como paradigma de consumo, visto a través de prendas que muestran la penetración de los Estados Unidos en el vestuario y de la preferencia de ciertas marcas comerciales extranjeras, en contraposición con la inexistencia de marcas cubanas”.

La anterior valoración, tomada de la Tesis de Maestría (2004) de la socióloga Martha Oneida Pérez, archivo de la Universidad de La Habana, ofrece una teoría acerca de la influencia de los medios de comunicación en la preferencia hacia los diseños y tendencias extranjeras.

Según Yamara Arcia, profesora de Diseño de Vestuario en el Instituto Superior de Diseño (ISDI), “no existe un medio donde sistemáticamente se den a conocer las nuevas colecciones que en cuanto a tendencias se están produciendo en nuestro país”.

Para Yeisa Sarduy Herrero, “la población cubana no recibe una orientación en relación con el vestir por los medios de comunicación. Los espacios que se refieren al tema fundamentalmente muestran las tendencias foráneas, pero el quehacer cubano queda poco representado”.

Las escasas soluciones de la industria, el elevado costo de los productos y la insuficiente divulgación del trabajo de los diseñadores del patio son algunos de los puntos débiles de la cultura del vestir en la Mayor de las Antillas. ¿Existirá entonces moda en Cuba?

Pie de fotos: 1-La tienda Quitrín, en la céntrica calle Obispo de La Habana Vieja, defiende las tradiciones de la moda en Cuba; 2- La feria artesanal Coparte, realizada en el municipio Playa, de la capital, muestra cómo en algunos espacios dirigidos a las confecciones manufacturadas se vende ropa industrial extranjera; 3-La elegancia de la moda propuesta por Chanel resulta atractiva, pero inaccesible para la mayoría de los cubanos Foto tomada del portal digital www.chanel.com).

 



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