Facebook Twitter Google +1     Admin

LA CARTA DE DESPEDIDA DE OBAMA

20170118153723-andy.jpg

ANDY JORGE BLANCO,

estudiante de segundo año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Si de conflictos históricos se trata, uno de los que habría que situar en la mesa de análisis sería el de Cuba y Estados Unidos, dos países separados por solo 90 millas de mar, marcados por una complicada historia desde el siglo XVIII que se fue recrudeciendo con el triunfo revolucionario de 1959.

La política migratoria aplicada sobre la Mayor de las Antillas es una de las líneas características de los vínculos entre los dos países y que impiden la normalización de las relaciones bilaterales si bien estas quedaron restablecidas el 17 de diciembre de 2014.

Dos de los pasos de avance dados por ambas partes, luego del deshielo de las relaciones, y que constituyen logros significativos de las conversaciones sobre el conflicto migratorio, son los acuerdos alcanzados entre Cuba y Estados Unidos este 12 de enero (2017).

A solo ocho días de que el presidente norteamericano Barack Obama abandone la Casa Blanca, emitió una declaración en la que eliminó la política de pies secos-pies mojados, la cual estimulaba a los cubanos a emigrar a Estados Unidos de forma ilegal, y el Programa de Parole (admisión provisional) para Profesionales Médicos Cubanos, que incita a los trabajadores de la Salud en terceros países a abandonar sus misiones y establecerse en suelo estadounidense.

En la declaración el mandatario señaló: “Al dar este paso, estamos tratando a los migrantes cubanos de la misma manera en que tratamos a los migrantes de otros países. El gobierno cubano ha acordado aceptar el retorno de los ciudadanos cubanos con órdenes de deportación, al igual que ha estado aceptando el retorno de los migrantes interceptados en el mar”.

Más adelante agregó que es contradictorio darle un tratamiento preferencial al personal médico de la Isla si los profesionales de ambos países combaten juntos enfermedades que laceran la vida humana en distintas regiones del planeta.

Con estos nuevos acuerdos migratorios, probablemente Obama cerrará su capítulo respecto a Cuba y pasará a la historia como el presidente que restableció las relaciones diplomáticas con La Habana y, también, como el dignatario estadounidense que guardó para el final de su mandato una carta de despedida que bien pudo haber mostrado antes.

50 años de desajuste: De Lyndon B. Jhonson a Barack Obama

Sobre los hombros del Premio Nobel de la Paz estaba el reclamo constante de Cuba y de la comunidad internacional para eliminar la política migratoria que ha implementado los Estados Unidos durante varias administraciones, incluyendo la suya desde 2009.

Aunque los comienzos del conflicto migratorio entre ambas naciones se manifiestan desde el triunfo de la Revolución Cubana al dar asilo a los criminales de guerra y asesinos de la dictadura batistiana, la máxima expresión del problema aparece con la aprobación de la Ley de Ajuste Cubano (LAC) en noviembre de 1966 por el gobierno de Lyndon B. Jhonson, el mismo que contribuyera a la guerra en Vietnam, favoreciera dictaduras en América Latina y continuara los vuelos espías sobre la Isla.

Con poco más de medio siglo de establecida, la LAC forma parte de la guerra política y psicológica que se lleva a cabo contra Cuba y tiene como fin desestabilizar al país, desacreditar el sistema político y alentar las salidas ilegales que han catalizado la muerte de miles de ciudadanos cubanos en la travesía para llegar a los Estados Unidos, donde bajo la ley recibirían trabajo, beneficios económicos y la residencia permanente del país en un año y un día.

“La Ley de la Muerte”, como algunos la llaman, ha sido la causa de las crisis migratorias del Mariel en 1980 y los balseros en 1994. Luego de estas salidas ilícitas se llegó a la firma de varios acuerdos para normalizar las relaciones migratorias entre los dos países; sin embargo, la parte estadounidense los incumplía con el fomento de una emigración ilegal y el tráfico de personas a suelo americano.

Pero, por si fuera poco, la administración de Bill Clinton en 1995 estableció la hoy derogada política de “pies secos-pies mojados”, como un memorando de la vigente Ley de Ajuste Cubano (LAC), la cual diferenciaba a los cubanos entre “pies secos” y “pies mojados”, y les otorgaba facilidades según la “categoría” en la que se incluyeran.

Los primeros eran quienes lograban pisar tierra estadounidense y, por tanto, podían acogerse a la LAC que les entregaría la residencia permanente sin importar las vías por las cuales hubiesen entrado al país ni los crímenes cometidos para ese fin. Y los “pies mojados” eran aquellos encontrados por la Guardia Costera de los Estados Unidos aún en el mar y enviados a Cuba.

Mientras que para los migrantes de otras naciones las fronteras del país más poderoso del mundo eran infranqueables, para los cubanos no constituían obstáculo alguno cualquiera que fuese la vía utilizada para alcanzarla.

“La migración cubana es privilegiada en Estados Unidos. Hasta que esas medidas de alguna manera no cambien, seguirá siendo una circunstancia muy atractiva para los cubanos abandonar la Isla”, expresó el presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, en un foro celebrado en Washington meses antes de los actuales acuerdos.

Y es que la política de “pies secos-pies mojados” tenía un marcado impacto extraterritorial por el hecho de que varios países del continente, entre los que se encuentra la nación costarricense, eran utilizados como puentes para llegar a tierra norteamericana. Así queda reflejado en la carta enviada por los cancilleres de Colombia, Ecuador, Perú, Costa Rica, El Salvador, Nicaragua, Panamá, Guatemala y México al Secretario de Estado estadounidense, John Kerry, en agosto de 2016.

“Ciudadanos cubanos –señala el documento– exponen sus vidas a diario buscando llegar a territorio de los Estados Unidos. Estas personas, en extrema vulnerabilidad, son víctimas de las mafias dedicadas al tráfico de migrantes, la explotación sexual y los asaltos colectivos”. Por tanto, los países centroamericanos eran atormentados también por una política absurda que igualmente les generó crisis migratorias.

Si bien se ha eliminado el memorando de la Ley de Ajuste Cubano, esta última –única de su tipo en el mundo– continúa en vigor. No obstante, Ben Rhodes, asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, aseguró que existe apoyo por ambos partidos en el Congreso para eliminarla, refirió la cadena televisiva Telesur.

Mientras tanto, el subdirector general de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, Gustavo Machín Gómez, puntualizó que no existe una normalización definitiva de las relaciones migratorias, pues aún permanece la LAC y esta solo puede ser levantada por el Congreso.

Otro de los legados que le deja el presidente Obama al nuevo mandatario Donald Trump es la eliminación del Programa de Parole para Profesionales Médicos Cubanos, establecido por el gobierno de George W. Bush desde el 2006 con el fin de obstaculizar el humanismo y la solidaridad de las misiones de salud cubanas en otras naciones y fomentar el robo de cerebros.

“Ha sido una de las políticas más inhumanas, sobre todo por las afectaciones que implicaba. Estaban incitando a la deserción de los cooperantes cubanos en terceros países, con los que Cuba coopera porque ellos lo necesitan”, afirmó en entrevista al espacio radio-televisivo Mesa Redonda, el representante de la Cancillería cubana, Gustavo Machín Gómez.

Política migratoria en manos de Donald Trump

Luego del anuncio del presidente saliente Barack Obama de estos nuevos acuerdos, la página web #YoVotoVsBloqueo catalogó la política migratoria de Washington hacia La Habana como “inmoral y carente absolutamente de ética y sentido humano”. El diario estadounidense The New York Times ha expresado que esta es “anacrónica e irracional”.

No obstante, en la recién firmada Declaración Conjunta entre Cuba y Estados Unidos se establece el compromiso “en la prevención a la migración irregular, en impedir las salidas riesgosas de la República de Cuba que ponen en peligro la vida humana y en luchar contra los actos de violencia relacionados con la migración irregular, como la trata y el tráfico de personas; y en comenzar el retorno regular de los ciudadanos cubanos”.

En el documento se deja claro que todo ciudadano cubano que intente ingresar a Estados Unidos de forma ilegal con posterioridad a la firma de esta declaración será devuelto a la Isla. También destacan el retorno a Cuba de un nuevo grupo de personas que salieron de Cuba por el Puerto de Mariel y que no estaban incluidas en la lista de 2 746 nombres acordados en el Comunicado Conjunto del 14 de diciembre de 1984.

Durante algunos años, según explicó el diplomático cubano Machín Gómez, la mayoría de las personas presentes en esta lista fueron devueltas al país, pero la cifra no se ha completado porque hay otros que murieron, no están en Estados Unidos o se encuentran incapacitados para viajar.

Es por ello que estos últimos serán sustituidos por otros y enviados a Cuba “siempre que sean ciudadanos cubanos que hubiesen salido hacia los Estados Unidos de América por el puerto de Mariel en 1980 y hubiesen sido detectados por las autoridades competentes de los Estados Unidos cuando trataban de entrar o permanecer irregularmente en ese país”, reveló la Declaración Conjunta.

Otro de los puntos presentes en el documento es el que plantea que también serán devueltos a Cuba aquellos cubanos que entren legalmente a territorio estadounidense con visas de turistas, por ejemplo, y permanezcan más tiempo del autorizado.

Ahora cabe preguntarse ¿qué hará con la declaración conjunta el presidente electo Donald Trump? Aunque el magnate hoy convertido en político dijo que revisaría la medida, uno de los puntos que caracterizó su campaña electoral fue su carácter antiinmigrante. De no haber existido tales acuerdos, probablemente el muro que prometió levantaría en la frontera con México daría paso a la eliminación de la vieja política de Bill Clinton.

“Va a ser muy difícil para el presidente Trump revertir esa decisión, porque tiene mucho más en común con su política antiinmigrante”, señaló Geoff Thale, de Washington Office on Latin America, relató Telesur.

La parte cubana ha expresado su voluntad de hacer cumplir estos convenios. Solo resta que su contraparte en la Casa Blanca después de este 20 de enero también lo haga y no repita la historia del incumplimiento de los acuerdos migratorios de 1994 y 1995.

Ahora bien, lo cierto es que la eliminación de la política de “pies secos-pies mojados” y el Programa de Parole para el personal de la salud de la Isla van dejando hueca la política migratoria de Estados Unidos hacia Cuba y ponen punto final a los miles de cubanos muertos por mar y tierra, a los secuestros de embarcaciones y aeronaves, al tráfico de emigrantes y la violencia en otros países del continente.

Así se despide el presidente Obama de la Casa Blanca y así comienza Trump su política impredecible hacia la Mayor de las Antillas.



Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris