Facebook Twitter Google +1     Admin

EL MANISERO SE QUEDA

20170208125417-lahens.jpg

Los pregones forman parte de la cotidianidad de los pueblos y hoy continúan de forma picaresca y original contribuyendo a la cultura cubana.

ERNESTO LAHENS SOTO,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Con el resurgimiento de los pequeños negocios privados en Cuba, los vendedores ambulantes han recobrado fuerzas y, con ellos, los pregoneros. Los nuevos tiempos traen consigo nuevos pregones. El antiguo “Aguacatero, agua fresca hasta tu casa, sabroso y barato” ha sido sustituido por: “Venga, el aguacate a diez pesos, rápido, que me los quitan de las manos”.

Propios de los cantantes populares y anónimos que anuncian, a toda voz, el servicio o producto que brindan, son parte indisoluble de la cultura cubana. Desde los más conocidos, hasta los más insólitos, se pueden oír por las calles de la Isla. Sin embargo, ¿cuánto de positivo o negativo pueden traer el resurgimiento de estas manifestaciones?

Génesis

Los pregoneros se consolidan en América Latina y el Mediterráneo a finales del siglo XIX e inicios del XX. Con la aparición de la competencia, los vendedores tenían que anunciar sus productos de una forma original. Muestra de ellos, tomados del sitio digital, Pregones.ar son: “Vamos tortillas calientes, con chile, con queso” que se puede escuchar aun hoy en la Ciudad de México, y uno muy común en Andalucía es: “Vamos compre mantas sevillanas, mantas para la gente, porque Sevilla tiene un color especial, un color diferente.”

Cuba fue uno de los primeros países en tener registros históricos de pregoneros. Desde los siglos XVI y XVII los cabildos ya recogían su existencia, aunque no fue hasta el XIX que tomaron auge, según expone el sito Cubaliteraria. Fue común que varios Capitanes Generales de la Isla prohibieran este tipo de prácticas cerca de su palacio porque molestaban el sueño. En la colonia se les impedía a los cantores ambulantes llevar cualquier tipo de armas ofensiva o defensivas durante el período de trabajo.

Entre los primeros cantares destacan edictos de la iglesia como bautizos, comuniones y bodas, y leyes emitidas por la Metrópolis como: “Se ordena a los taberneros no vender ni dar vino a negros e indios guanacos esclavos, y establece las penas de cárcel y azotes para quien incurra en violaciones de la medida”, refiere Juan Marrero González en el libro digital Los pregones.

Existe una gran relación entre el clima y esta costumbre. En los países fríos las calles suelen estar vacías y es ineficiente que los vendedores deambulen.  En las zonas tropicales forman parte del entorno cotidiano. Muchas leyendas urbanas y tradiciones se forjaron a partir de ellos.

Los pregones clásicos cubanos

Durante la transición de la colonia a la falsa república, Cuba experimentó un gran auge cultural. Los pregones comenzaron a utilizar ritmos más complejos, incluso, se apoyaron en instrumentos musicales.

La canción El manisero fue compuesta en 1927 y popularizada por Rita Montaner con su pegajoso: “Maní, el manisero se va”. Para  muchos es de la autoría de Moisés Simons, aunque  Don Fernando Ortiz expresó en varias ocasiones que el verdadero creador fue un anónimo vendedor de maní de las calles de La Habana, versión que corroboró Sindo Garay, amigo de Simons.

La revista The Rolling Stone, especializada en temas de música, publicó una lista donde ubican a este pregón como la segunda canción cubana más conocida, solo superada por La Guantanamera. 

Otro pregón plasmado en el pentagrama fue Frutas del Caney del trovador Félix Cainet. Según el autor, la canción está inspirada en un carretillero vendedor de mangos. Fue muy popular en su tiempo, llegando a ser versionada por los grupos más importantes de la época como el Trío Matamoros y la Orquesta Anacaona.

Lo de ayer y hoy

En la actualidad, muchos pregoneros se apoyan en nuevos recursos para renovar un arte centenario. Algunos resuenan con gran picardía: “Caramelos pinareños, quitan el hambre y quitan el sueño”; otros son verdaderas locuras como el que dicen los mensajeros según los productos que lleguen al mercado: “Traigo pescados con plumas desplumadas”, “Vendo cualquier pedacito de pollo”.

El renacer de esta costumbre permite que se mantenga viva parte de nuestra cultura, con matices de los nuevos tiempos, aunque ello puede ser utilizado de manera incorrecta y perjudicar la percepción de esta manifestación artística.

La imaginación popular no tiene límites y los pregones no son la excepción que en ocasiones roza el absurdo: “La barra de guayaba y el cloro”, “La miel de abeja y la jicotea”, “Comino, orégano con tu buena luzbrillante”, y hay quien hasta crea enigmas que quitan el sueño a más de uno: “¡Veneno para la Suegra!”, “¡Se arreglan y reparan colchones de muelles!”

Sin importar lo raro que parezcan, son originales y retratan la pintoresca idiosincrasia de los cubanos. Año tras años marcará los recuerdos de cada generación que al oír al vendedor de caramelos de menta, cerrará los ojos y regresará por breves momentos a la infancia. Estos nuevos pregones podrán algún día inspirar canciones, e incluso, tomar la fuerza cultural de El Manisero, de Simons.

Ficha técnica:

Asunto a tratar: Los pregones en Cuba.

Tipo de Título: Llamativo.

Tipo de entrada: Comentada.

Tipo de conclusiones: Afirmación.

Tipo de fuentes: Revista The Rolling Stone (fuente documental), Pregones.ar (Fuente Documental), Juan Marrero González en el libro digital Los pregones (Fuente Documental).

Empleo de recursos:

Ejemplificación:

Los pregones no son la excepción que en ocasiones rozan el absurdo: “La barra de guayaba y el cloro”, “La miel de abeja y la jicotea”, “Comino, orégano con tu buena luzbrillante”.

Comparación:

Los nuevos tiempos traen consigo nuevos pregones. El antiguo “Aguacatero, agua fresca hasta tu casa, sabroso y barato” ha sido sustituido por: “Venga, el aguacate a diez pesos, rápido, que me los quitan de las manos”.

 



Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris