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UN CUARTO BATE OLÍMPICO

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El pelotero sanmiguelino Antonio Scull Hernández es el único en la capital que ostenta tres medallas beisboleras bajo los cinco aros.

HEIDY MAURELL LARA,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

El reloj biológico de Antonio Scull Hernández marcaba más de 40 calendarios, pero sus brazos continuaban con fuerzas para brindarle a la afición un buen partido. Solo después percibió que su último strike había sido cantado. Detrás del adiós, en el 2007, llegó el paréntesis necesario de cuando se hace un giro en la vida.

En su confortable apartamento en el reparto Ciudamar, del municipio capitalino San Miguel del Padrón, decorado con decenas de trofeos, copas y reconocimientos colgados en la pared, el ex cuarto bate del equipo azul me recibe. La primera impresión con el hombrazo de casi dos metros de altura, corpulento, de apariencia más bien seria, me hace pensar que será difícil nuestro encuentro.

Comenzamos la plática y encauza el tema del beisbol en su niñez. Su semblante ya no parece tan formal, da la impresión que a su mente llegan recuerdos muy gratos, hasta que por fin contesta: “Desde pequeño me encantaba la pelota. Jugaba en las calles de La Corea, el barrio donde crecí, desde entonces bateaba muy fuerte. Nunca me gustó el picheo.”

Emocionado, quien jugó con la camiseta 25 de los leones recuerda sus años en Metropolitanos e Industriales, y a esa etapa la define como “sus tiempos de gloria”. De igual forma, rememora la XLIV Serie Nacional de Béisbol, donde resultó líder en carreras impulsadas con 87, cuando figuró como cuarto en la alineación industrialista: “Fue en 2005, exactamente tenía 40 años; jugué con el corazón, lo di todo”.

“El Líquido”, como lo llamaban desde niño sus más cercanos, conectó poco más de 200 cuadrangulares, sobre esa cifra revela: “Anhelaba ser el beisbolista habanero con el mayor número de jonrones de por vida, y aunque no lo alcancé, me siento satisfecho con mi carrera”, devuelve un suspiro y en su fisonomía reconozco un indicio de resignación.

Coincidió con deportistas de la talla del Tambor Mayor, Orestes Kindelán, ex receptor santiaguero; Germán Mesa, uno de los pocos jonroneros del fildeo; Javier Méndez, quien fuera Campeón de Bateo y Mejor Jardinero Central; Lázaro Vargas, conocido como La Bestia Negra; por solo citar algunos. Ellos no opacaron su fortaleza al bateo, que lo consagró como baluarte en la ofensiva.

Le inquiero acerca de las olimpiadas y lo que significó en su carrera. Se acomoda en el sillón, cruza las manos, levanta el mentón y enérgicamente explica que es el único pelotero capitalino medallista olímpico en tres ocasiones: dos medallas de oro en Atlanta y Atenas y una plateada en Sídney. Luego, agrega: “Al competir con equipos profesionales de talla mundial se mejora muchísimo, ganamos en ecuanimidad, sapiencia, comunicación y capacidad de análisis”.

Con 51 años y luego de desprenderse del furor de los estadios abarrotados, Scull, como todos lo conocen, comparte sus conocimientos en la Academia Provincial de Béisbol como entrenador de bateo a los muchachos que se inician en este deporte.

Comenta que le agrada entrenar, pero no se compara con el juego diario: “Cuando sostengo un bate en mis manos me remonto a mi época como jugador, y no miento si te digo que en ocasiones quisiera regresar 15 años atrás. Pero eso dura poco, pues los jóvenes están cerca y esperan por mi consejo”.

Su único hijo pretende ser pelotero, quiere seguir sus pasos, cuenta al sentarse en las piernas al adolescente de doce años. “Lo llevo a entrenar todas las tardes al estadio La Curva, si quiere ser deportista tiene que tener disciplina. ¿No es cierto, Anthony?”

Pie de foto: Scull Hernández fue líder en carreras impulsadas en la Serie Nacional 44, en 2005, cuando tenía 40 años (Foto: Tomada de Cubadebate).

 



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