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“LIEN ES MI PRINCESA”

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Aunque los especialistas aseguraban que la enfermedad de su hija le imposibilitaría cosas tan simples como caminar y hablar, Ana Álvarez Caminero demostró que puede lograrse todo aquello por lo que se luche.

ELIANY BENITO MARTÍNEZ,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Foto: Cortesía de ANA ÁLVAREZ CAMINERO.

Ana Álvarez Caminero es médico hace más de 30 años. Cuenta que quiso ser pediatra desde los siete. “Todavía entro en un hospital pediátrico y me dan deseos de llorar, me veo en los pasillos, pasando visita, y eso no lo he superado, pero prioricé a mi hija y no me arrepiento”.

Dice que a veces no quisiera amanecer porque sabe que le espera la rutina del día. Sin embargo, conoce los secretos del corazón de una madre para inmunizarse cuando las adversidades llegan, y la vida de Lien lo recompensa todo.

Lien tiene 29 años y parece una muchacha más joven. Al llegar me saluda con un beso y me observa. Luego se impone ante mí y me ofrece otro. Ana me pregunta si había visto antes a su niña. Le respondo que no. Mientras pasamos al comedor reparo en un fotomontaje de Lien con Juanes, ella dice ser seguidora del cantante colombiano.

Ana me habla de la enfermedad de su hija, de cuando los médicos le diagnosticaron una esclerosis tuberosa que se manifestó con un tumor cerebral en el hemisferio derecho de su cabecita a los tres meses de edad, con manchas en la piel y convulsiones de una forma grave. “Es una enfermedad degenerativa progresiva”, añade que puede haber personas que la tengan y no manifiesten los síntomas, incluso tener un buen coeficiente intelectual y padecerla.

“A partir de ahí la existencia me cambió totalmente, porque todo lo que ella hacía hasta ese momento lo dejó de hacer, se volvió casi un vegetal. Fue necesaria una operación. Duró tres horas. Ningún médico me aseguraba que pudiera salir con vida del salón. Ella salió con vida”, me dijo a la par que la humedad se asomaba en sus ojos, con una confusa mezcla de tristeza y tranquilidad.

Trato de no hurgar con mis preguntas en el dolor de Anita, como muchos la llaman, por eso la mayor parte del tiempo me limito a escuchar lo que decida contarme. “Enfrentarlo costó mucho trabajo. Qué muy difícil tener un niño con problemas. Hay veces que llegas a un lugar y ves que todo el mundo es normal y quisieras que tu hijo pudiera hacer lo mismo, se te encoge el corazón, se te hace un nudo en la garganta, pero yo decía si no me sobrepongo a esto…”

Entonces rememora lo que vino después de la operación: “Pregunté en qué momento podía empezar a hacerle la fisioterapia, me dijeron que si era guapa podía empezarla al mes de operada. Y al mes empecé”. Relata cómo aprovechó el tiempo en el hospital, y en la casa creó sus propios instrumentos.

Cuenta que los médicos le dijeron que su hija no iba a caminar, ni hablar, ni tragar y que ella les dijo: “Ustedes están locos”. Luego precisa: “Lo único que no pude lograr es que escribiera, porque la parte motora la tiene más afectada”.

Le pregunto cómo lo afrontó. “Lo mejor que puede hacer una persona es no esconderlo. Nunca la escondí ni para mis pacientes. Hubo un tiempo que yo iba a trabajar con ella, cuando renuncié a pediatría para ser un médico de familia. La bajaba al consultorio, ponía dos butacas, el colchoncito, su colcha, y los pacientes sabían que cuando se despertaba yo la tenía que atender. Llevé 18 años con ellos, y muchos todavía vienen a consultarse conmigo”.

A pesar de no poder dedicarse por completo a la medicina, nunca ha dejado de ejercer la profesión: “Mis pacientes pueden ser adultos, viejitos, niños. Un médico lo primero que tiene que tener es oído, y escuchar, porque hay pacientes que unas veces vienen enfermos, y otras veces no vienen tan enfermos y lo que necesitan es un consuelo o una palabra que los dirija”.

Si volviera a nacer, Ana escogería la misma profesión. Si tuviera que cambiar algo, diría poder ayudar más a su hija. Al preguntarle de qué se siente orgullosa: de ser madre y de ser mujer. A la interrogante de ¿quién es Lien?, sus ojos se llenarán de brillo para decir: “Lien es mi princesa”.

Pie de foto: Lien tiene ya 29 años, a pesar de que al nacer los médicos no garantizaban su vida.



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