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EN BUSCA DEL SUEÑO AMERICANO

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Después de 12 años, Alicia Ponvert Hernández resucita sus días de  indocumentada y comenta los difíciles momentos que le ha tocado vivir, en especial la separación de sus hijos.

CARLA GABRIELA FERNÁNDEZ ORIHUELA,

estudiante de primer año Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

El tiempo borró del rostro de la joven la sonrisa alegre y jaranera. Sus dorados cabellos rizos parecen poseer toda la vitalidad que ella ya no tiene. Sus ojos reafirman la dura vida por la que atravesó con tan solo 29 años, Alicia Ponvert Hernández.

La morada en la que me recibe no le pertenece, está hospedada en una casucha vieja y destruida por el paso del tiempo. A sus espaldas se encuentra una reproducción de un cuadro, Las dos caras de Frida, obra de la pintora mexicana Frida Kahlo, y única pertenencia que guarda la joven. Sobre sus piernas está Desierto, un perro chihuahua.

-¿Por qué Las dos caras de Frida?, pregunto temiendo una respuesta desconcertante.

¨Amo a Frida Kahlo por los sinsabores que le tocó vivir, al igual que a mí. Elegí, sin dudar, Las dos caras de Frida porque pienso que el mundo es así: un lado rosa y de felicidad, mientras que el otro se caracteriza por el dolor y el llanto. Hoy puedo decirte que he vivido en ambos mundos, solo que 12 años atrás decidí mi camino permanente.

¨Hace más de una década vivía en Marianao, cerca de Maternidad Obrera. Mi casita era muy pequeña, sin ostentación alguna. No terminé doce grado. ¿Para qué?, pensaba entonces. Quería ser modelo o actriz, pero aquí no lo iba a ejercer, por lo mismo que todos repudian: el salario, las condiciones y el tiempo libre.

¨Tuve dos hijos. A Andy, el mayor, lo concebí con tan solo 16  años, su padre se fue de casa sin siquiera verlo. Luego nació Julia, se llevaban un año de diferencia. Los comencé a criar sola, sin apoyo familiar, me quedaba únicamente una tía, a la que veía regularmente. Nadie quiere hacerse cargo de una adolescente madre de dos niños. La niña apenas tenía cuatro meses cuando decidí irme del país. Estaba dispuesta a luchar para alcanzar el sueño americano¨.

-¿Pensó irse ilegalmente de Cuba?

¨Sí, muchas veces, aunque no contaba con el valor suficiente para hacerlo. El esposo de una vecina perdió a toda su familia en una de las travesías marítimas, y después se volvió loco. Ahora vive en Mazorra. Tampoco poseía el dinero para costearme el viaje. ¿Cómo iba a pagar el boleto a la felicidad? Bueno…, eso pensaba que era la huida a los Estados Unidos¨.

-¿Cómo salió del país?

¨Salí de Cuba en el 2004, días antes del segundo cumpleaños de Andy, esa fue la última vez que lo vi. Le dije que iría a dar un paseo largo, porque no contaba con ningún contratiempo. A Julita no le tuve que explicar nada, era una bebé de un añito. De ella no recuerdo ni el color de sus ojos.

¨Me relacioné con un mexicano. El plan estaba bien pensado, me casaba, me iba para México y luego cruzaba la frontera. Pero sucedió una desdicha, me embaracé del extranjero, sería mi tercer hijo, así que tuve que quedarme un tiempo prudencial en el Distrito Federal de México. Sabía en ese instante que si no llevaba al niño a Estados Unidos conmigo, sería, al menos, ciudadano mexicano.

¨Una vez en México, esperé a que naciera Andrés, el tercero de mis hijitos. Luego de tres meses de recuperación por el parto, me escapé  junto con Andresito del hogar del mexicano, y fui a dar con una familia que se dedicaba al tráfico de personas, me cobraron mil pesos mexicanos¨.

-¿Qué ocurrió en los 3.185 kilómetros de trayectoria?

¨De todo. El hambre afloraba hora tras hora, el llanto de Andrés era insoportable. La niña de otra mujer que estaba con todos nosotros falleció en la carretera, tenía solo cinco años.

¨El camión donde íbamos se rompió un poco después de la mitad del camino, entonces tuvimos que continuar a pie. El sol calcinaba la piel, el sudor era nefasto para todos. La sed, inaguantable. Pensé que no daba más, que iba a morir, pero tenía que llegar, por Andresito, Andy y Julia, y obviamente por mí.

¨Durante la travesía nos encontramos con un vigía norteamericano que arremetió a tiros contra los 20 emigrantes que podíamos caminar. A mí me hirió en la pierna, nada grave, solo me quedó del incidente una cicatriz. Gracias a los santos que el cabecilla de la red de tráfico habló seriamente con el guardia, y cuando digo que habló, me refiero a sinónimo de pagar. 

¨Mientras cruzaba la frontera pensaba en mis hijos, y le rezaba a gritos a la Virgen de Guadalupe porque, pese a que estuve poco tiempo en México, creció en mí una gran devoción por ella. En Cuba era completamente atea, pero debía aferrarme a algo para tener la esperanza de que iba a sobrevivir, y la esperanza mía como la de muchos se concentraba en la patrona de los mexicanos¨.

-¿Cómo describirías el viaje?

¨Desierto, y eso queda claro, por eso le puse así a mi perrito. No veíamos nada, solo era calor y sufrimiento. Así deben de sentirse igual los camellos en el desierto¨.

-¿Y qué pasó al legar a los Estados Unidos de América?

¨Trabajé en lo que fuese: limpié casas, fui sirvienta de acaudalados señores, lavé ropa, estuve en una gasolinera como dependiente… Tenía tres trabajos a la vez, y pude en cuatro años acomodarme más o menos. La vida de los emigrantes no es nada fácil, y no se puede creer en todo lo que refleja la televisión. Mejor vivía en Cuba.

¨Compré mi departamento, pequeño, pero decente. Demás está decir que no logré ser modelo y mucho menos actriz, ya no me quedaban fuerzas. Adquirí al año la residencia estadounidense; pero perdí a Andrés. Su padre, el mexicano, lo reclamó y ganó la pelea de la custodia. Me declararon mala madre por haberlo traído conmigo¨.

-¿Cambiaría algo del pasado?

¨Absolutamente todo. Hubiera terminado la escuela, me gustaría haberme graduado de veterinaria, siempre quise mucho a los animales. Además, desearía ser una madre ejemplar para mis pequeños, ofreciéndoles un futuro y una vida en familia.

¨Gané dinero, pero perdí a mis hijos. A Andrés no me lo dejan tener; Andy, a sus 14 años, no quiere verme ni hablar conmigo y mi tía me contó que Julia anda en mis mismos pasos, llenos de despreocupación y desenfreno. 

¨Estoy hoy de regreso a mi tierra, solo para sepultar a mi mamá, a quien no conocía de verdad. Me dejó correr  a mi suerte con muy poca experiencia; sin embargo, la entierro, solo por el hecho de ser la que me engendró, no por amarla. Y me duele porque eso mismo  harán mis hijos en el futuro. Se despedirán de mi cadáver, pero nunca de su madre¨. 

Nota: El nombre de la entrevistada ha sido modificado a petición de esta.

Pie de fotos: 1-Alicia Ponvert afirma que junto a si hijo Andy pasó los momentos más agradables de su experiencia como madre adolescente; 2-En el 2015 el número de emigrantes ilegales en los Estados Unidos ascendió a más de 40 billones de personas (Fotos: Cortesía de la entrevistada y  tomada de http://eluniversal.com).

Ficha técnica:

Objetivo central: Reflejar las experiencias de la joven emigrante.

Objetivo colateral: Dar a conocer la situación de los emigrantes.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: Individual.

Por el canal que se obtuvo: Directa (cara a cara).

Por su estructura: Clásica.

Por su contenido: De personalidad.

Tipo de título: Genérico.

Tipo de entrada: De retrato-De ambiente.

Tipo de cuerpo: Clásico.

Tipo de cierre: De opinión del entrevistado.

Tipo de fuentes: Directa.

Tipo de preguntas: 1-¿Por qué Las dos caras de Frida?: directa y abierta; 2-¿Pensó irse ilegalmente de Cuba?: directa y cerrada; 3-¿Cómo salió del país?: directa y de información; 4-¿Qué ocurrió en los 3.185 kilómetros de trayectoria?: directa y de información; 5-¿Con qué palabra describirías el viaje?: directa, cerrada y de opinión; 6-¿Qué pasó al llegar a los Estados Unidos de América?: directa y de información; 7-¿Cambiaría algo del pasado?: directa y cerrada.



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