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“A PESAR DE TODO, ME SIENTO AFORTUNADO”

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Con el deseo de superar sus propias limitaciones físicas, José Alfonso Gort lleva 20 años de trabajo en la Residencia Estudiantil de F y 3ra.

Texto y foto:

VIANI PULIDO COBA,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

El típico aroma de café invade la habitación a la espera de sus palabras. Parece que se halla en su propio hogar. Frota las manos, ansioso, apenas levanta la vista. Su mirada se pierde en algún punto del lugar, como si caminara entre los recuerdos para desempolvar la historia.

A la edad de 48 años,  por más de dos décadas José Alfonso Gort trabaja como jefe de almacén de la Residencia Estudiantil  Universitaria Lázaro Cuevas, ubicada en F y 3ra, en la barriada habanera del Vedado, lugar que define como su casa.

“Nací en una familia humilde, de una mujer que me abandonó cuando tenía dos años para dejar el país. Se lo debo todo a mi abuelita paterna, si ella no me hubiese recogido, no sé dónde estaría, no quiero pensar en ello. Yo era normal, no como estoy ahora, esto fue rarísimo”, y su cuerpo se inclina en el asiento, sintiendo molestias.

A los 17 años, cuando pasaba el servicio militar, sufrió un accidente de bicicleta, a los 22 le diagnosticaron espondilitis anquilopodética, una enfermedad en los huesos, y desde ese momento  auxilia su cuerpo con un bastón: “Quería ser deportista, practicaba lucha grecorromana desde sexto grado. Yo iba a ser Mijaín López, pero blanco. Al principio no entendía qué padecimiento congénito era aquel que no tenía nadie en mi familia, solo yo”.

 Desde el año 1997 trabaja en becas, específicamente en F y 3ra y 12 y Malecón. Se desempeñó como educativo, persona encargada del cuidado de los becados, jefe de mantenimiento, director de noche y almacenero, labor que realiza desde 2005. Hoy es el trabajador de más tiempo en la residencia.

Debido al avance de la enfermedad, hace dos años fue operado de la cadera  y  su cuerpo quedó completamente  diferente al de antes, situación para la que todavía no encuentra una definición adecuada.

Repasa su figura con la mirada y sonríe como queriendo evitar la tensión del momento: “Aún así, hago de todo, y a pesar de estar viraito y un poco cojo, no me siento rechazado, la gente me quiere, no por lástima. Tengo amigos que son hermanos”.

Y agrega: “Estuve casado siete años, y quería tener una familia, pero no lo logré. Los sueños que tenía no se asemejan a mi realidad, pero a pesar de todo, me siento afortunado”.

La  voz se le desvanece por un instante, levanta su mirada, y agradece a Dios porque “desde que me enfermé creo en todos los santos. A veces tienes la necesidad de aferrarte a algo y creer que eso te puede ayudar a salir adelante.

“Creo que hoy tengo todo lo que quiero, o al menos lo necesario. Me siento un niño rodeado de tantos jóvenes, aquí estoy lleno de vida. Algunos piensan que no tengo casa, es que en este pedacito, encuentro lo necesario. Los muchachos vienen a pedirme consejos, me invitan a sus fiestas y les encanta mi cafecito, es el mejor de la beca”.

Deja escapar una sonrisa, rememorara sus andanzas, sus ojos brillan y  mira a su alrededor orgulloso de lo que ha logrado.

-¿José?

Se encoge de brazos y me mira, pareciera que su mente no se encontrara allí.

-Si pudieras definir la vida en una sola palabra, ¿cuál sería?

 -“Vida”.   

Pie de foto: José Alfonso Gort, almacenero de la beca de F y 3ra, es un hombre agradecido de la vida.               



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