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“LA HISTORIA VERDADERA ES ESTA”

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Bárbara, la hija de Juan Román Borges, abre la puertas de su casa para contar, por primera vez, la historia del veterano de la  Guerra del 95.

Foto y texto:

THALÍA ROSA ALFONSO GÓMEZ,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.             

Llegué temprano. Es una casita de campo muy común. Supuse que la encontraría sentada y mirando por la ventana. Me abre la nieta con una sonrisa, mientras que una voz que viene del fondo de la casa grita: “¿Es la periodista? Pasa, mi vida, sin pena.”

De repente, me vi en un patio muy bien cuidado y, en el fondo, divisé una viejecita menuda. A sus 84 años no ha dejado de atender sus animales  y mucho menos de velar porque el jardín sea el más limpio del Aromal, el barrio cienfueguero donde vive: “Esto me mantiene fuerte. Pipo estuvo trabajando el campo hasta las últimas y no le pasó ná. Yo me voy a morir como él, de vieja.”

Juan Román Borges nació en Yaguaramas, Cienfuegos, el 24 de junio de 1875, y se vinculó a la contienda de 1895 cuando ésta recién empezaba. “Tenía sangre de hormiga brava, su padre había muerto en la guerra grande y mi abuela se fue para la manigua a curar heridos. Ella era de armas tomar y le decía a sus hijos que no quería ralladillos en su familia, así que él se fue con mis tíos para el monte y luchó bajo las  órdenes del General Serafín Sánchez Valdivia”, evoca.

-Hay rumores de que recibió algún tipo de protección religiosa. ¿Cierto o falso?

“Cuando ellos se fueron para la guerra a él no lo querían llevar, pero Tá Faustino, un viejo haitiano que vivía por los alrededores del arroyo Turbina,  les dijo que lo único que él quería era que, ya finalizada la contienda, le hicieran un alumbrado a Oggún. Eso es lo que yo sé, si le hicieron brujería o no, estoy ajena, pues el viejo no tocaba esos temas: él lo respetaba todo, pero no creía en nada.”

Era el explorador de la tropa. Una de las estrategias más usadas por los mambises era guiar al enemigo a un campo de caña o pantano, donde los estaban esperando. El joven Román era el cebo y, no pocas veces, estuvo a punto de perder la vida: “Su recuerdo más fiel de esos trotes fue la inmovilidad de los últimos tres dedos del pie derecho.”

Tuvo el honor de pelear con Máximo Gómez y Antonio Maceo, de hecho, una de sus anécdotas favoritas era con este último. “Me contaba que cierta vez se disponían a tomar un fuerte de la región oriental, durante la invasión a Occidente, el Titán dijo que necesitaba 50 voluntarios y el viejo se ofreció. ¡Muchacha, los tiró páʼ arriba del  fuerte! Al final, lo cogieron, pero no fue nada agradable”, rememora.

-¿Recuerda alguna anécdota en especial?

“Sí, la de por las noches. Me contaba cómo  Antonio Maceo se ganó el sobrenombre de El Gañán del Potrero, por la rudeza que mostró al vengar  la muerte de su comadre Margarita. Contaba papi que esa  señora murió en un ingenio de la región oriental,  azotada en el tronco por un mayoral. El mulato, que era enemigo de las injusticias,  levanto su machete y juró que ese hecho no quedaría impune. Cuatro años más tarde, allá por 1876, entraría con su tropa por los potreros del ingenio y, al grito de “Margarita, ya es hora”, arrasó con  todo; le dieron candela al sembrado de caña y liberaron a los esclavos.”

Llegó hasta Coliseo, Matanzas, como parte de la Campaña de Occidente y allí operó hasta el final de la lucha. Entonces, le dieron la medalla de los veteranos, una paga de 75 pesos, un gallo, seis gallinas y unos cuantos  metros de tierra en la barriada Rosalía, del poblado Constancia, en su Cienfuegos natal.

“Nunca estuvo de acuerdo con los gobiernos posteriores y menos con la Enmienda Platt. Era una traición a todo por lo que había luchado, a los próceres de la independencia. Soñó con algún levantamiento o protesta, tenía el machete listo siempre, pero al ver la tranquilidad colectiva se decepcionó mucho. Empezó a rechazar hasta los escritos de política y se dedicó al trabajo en el campo.”

-Y como padre, ¿era cariñoso?

“Imagínese usted. Yo era su niña linda. Me quedé sola con él a los 11 años, pues mi mama murió durante el parto de mi hermano menor, y tuve que dejar de estudiar para hacerme cargo de mis cuatro hermanos y de mi papá. El pobre, trabajaba mucho para darnos de comer. Sembraba cañas, viandas y, además, criaba gallinas y puercos.  A veces comíamos harina o boniato. Pasamos mucho trabajo, pero no hambre”.

Sus últimos años fueron tranquilos. Se sentaba durante horas frente a la  ventana de la casa,  en compañía  de su perrito Willy, a ver la vida pasar. De vez en cuando lo visitaban los veteranos que aún estaban vivos: “Venían Severino Fornaris, el mayor Flores y el capitán Nicolás, de Abreus; ellos lo armaban todo. Hacían una caldosa al final del patio y se daban unos tragos, ahí estaban desde por la mañana hasta por la noche hablando de lo mismo, de cómo mandaron las armas de un tipo y las municiones de otro durante la Guerra Chiquita, de las incidencias de la vida en campaña y, por mucho que sumaban o restaban, siempre la cuenta daba traición; entonces se indignaban otra vez.”

Su quehacer preferido era limpiar el machete, hasta que este desapareció: “Aquí  vino una compañera con aire patriótico y le hizo un cuento sobre una exposición en un museo. La mujer se  llevó el sable y luego se fue del país; no pudimos recuperarlo. El sombrero se lo di a mi hermano que se encaprichó. Su carné de veterano lo doné al museo de Abreus, por lo menos allí la gente lo ve. Solo me quedé con una guayabera, de hecho, ahora me hubiese gustado llevarla a Sancti Spíritus, pero como la situación luego se puso mala, me hice una camisita.”

-Siempre dijo que no quería que lo vieran morir, ¿es eso cierto?

“¡Hombre!, y lo cumplió. A él lo atacó una úlcera en el estómago y no estuvo ingresado ni 15 días, murió el 17 de febrero del 1970, el día del cumpleaños de Silvino, su primer hijo. Recuerdo que ese día yo estaba enferma, con el vira-vira, un catarro malo que al que le caía, se moría, y Candelario estaba con él en el hospital. No queríamos dejarle solo un segundo porque ya tenía 95 años. Papi abrió los ojos y le dijo al Nene: “Mijo, vete un rato al pasillo para que cojas aire que llevas aquí mucho tiempo”, a pesar de que Cande le dijo que no, él insistió, entonces mi hermano aprovechó para buscar agua en el pasillo y, cuando regresó, ya el viejo estaba muerto. Lo velamos en la casa, recuerdo que Nicolás vino al velorio.”

-¿La Historia de Cuba que se enseña ahora es como usted la recuerda?

“Me está metiendo en la pata de los caballos -sonríe-. ¿Ha leído usted la historia de Maceo? Creo que no, pues hace mucho que no veo ese libro, no sé si estará en alguna biblioteca.”

Se puso en pie y, para mi sorpresa, recitó de memoria el párrafo inicial: “Descúbrete, oh reverente patriota cubano que abres este libro, ante el nombre glorioso del Titán de Bronce. Seremos imitadores, pero nunca superado el patriotismo. Maceo será admirado en el panteón de la patria donde reposan hombres inmortales como Céspedes, Martí y Flor Crombet”.

“Ahora se  dice que fueron patriotas, que pelearon, pero la juventud no lo siente igual. El sentido de pertenencia ha desaparecido por completo. Yo, de niña, leía los libros de Historia y eran muy distintos a los de ahora..., la historia verdadera, es esta.”

Pie de foto: “Esto me mantiene fuerte. Pipo estuvo trabajando el campo hasta las últimas y no le pasó ná. Yo me voy a morir de vieja", afirma Bárbara.

Ficha técnica:

Objetivo general: Conocer sobre la vida del veterano Juan Román Borges.

Objetivo colateral: Recopilar nuevas anécdotas de la Guerra de Independencia.

Por los participantes: Individual.

Por su estructura: Mixta.

Por su contenido: De retrato o personalidad, biográfica.

Por el canal que se obtuvo: Directa (cara a cara).

Tipo de título: De cita textual.

Tipo de entrada: Anecdótica.

Tipo de cuerpo: Mixto

Tipos de preguntas declaradas: 1-¿Hay rumores de que recibió algún tipo de protección religiosa. ¿Cierto o falso? Cerrada; 2-¿Recuerda alguna anécdota en especial? Abierta; 3-Y como padre, ¿era cariñoso? Abierta; 4-Siempre dijo que no quería que lo vieran morir, ¿es eso cierto? Cerrada; 5-¿La Historia de Cuba que se enseña ahora es como usted la recuerda? Cerrada.

Tipo de cierre: De opinión del entrevistado.



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