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SIMPLEMENTE RENÉ

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“Yo me siento martiano. Estoy consciente de que la propia Revolución en la que hemos participado es resultado de la obra de José Martí”, manifiesta René González Sehwerert, quien desempeña labores en la Sociedad Cultural dedicada al Apóstol.

Texto y foto:

MELISSA BORGES ORTEGA,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

—¡Hola, soy René!—. Dijo humildemente, como si en realidad necesitara una presentación. Un tanto nerviosa, le tomo la mano y contesto a su saludo con una sonrisa.

Es cierto, tengo frente a mí a René González Sehwerert, uno de los Cinco Héroes; el antiterrorista, el de la televisión, el de la gran campaña de las cintas amarillas; mas basta solo escuchar sus primeras palabras para percatarme que detrás del Héroe se encuentra un hombre de carácter fuerte y nobles sentimientos, de quien aún falta mucho por conocer.

Su oficina en la Sociedad Cultural José Martí está llena de Cuba: el Apóstol, Fidel, la bandera, las fotos con sus hermanos de lucha, el Pico Turquino. Parece que nunca se hubiera ido de aquí; sin embargo, nació en el mismo país que lo mantuvo preso por casi quince años: “Llegué a Cuba siendo un niño, sin conciencia de nacionalidad alguna; a una tierra en constante cambio, donde los malos eran, justamente, los del lugar donde nací.

“Sin duda, esto era un conflicto. Yo era americano, pero poco a poco comprendí que el problema de Cuba no era con el pueblo de los Estados Unidos sino contra la política agresiva del imperialismo norteamericano. Desde entonces comencé a sentirme más cubano y fui sintiendo que la defensa de la Revolución era lo mío”.

Como todo revolucionario de estos tiempos, uno de sus mayores desafíos es demostrar la viabilidad del socialismo: “Es un reto fuerte, que además, ha caído sobre un país muy pequeño, sin recursos, que tiene que desafiar fuerzas inmensas. Se han hecho muchos intentos por construir el socialismo, yo creo que es normal, los intentos se hacen, se aprende de los fracasos y se continúa, así siempre ha evolucionado la historia. Nosotros estamos en la etapa en la que demostrar esa viabilidad es esencial para que la humanidad pase a un estadío superior”.

Cuando me detengo a observar su sencillez y optimismo, llega a mi memoria el 9 de mayo de 2013, día en el que renuncia a su ciudadanía estadounidense a cambio de su libertad definitiva, cuando anuncia que desde entonces se dedicaría a la lucha por la liberación de Gerardo, Ramón, Fernando y Antonio, sin los cuales no podría llegar a sentirse libre.

Mientras la conversación fluye en un ambiente amistoso, como si estuviese conversando con una de sus hijas Irmita o Ivette, yo me detengo a observar. En el salón se respira espíritu martiano. Libros, revistas y pinturas lo acompañan en su quehacer diario.

Hace una pausa, observa su alrededor como si quisiera que me percatara de algo. Me mira, y como si ya supiera lo que le iba a preguntar, dice con tono de satisfacción: “Yo me siento martiano. Estoy consciente de que la propia Revolución en la que hemos participado es resultado de la obra de José Martí. Él nos dejó una impronta. Y creo que mi deber es multiplicar su obra para que su pensamiento se profundice e impacte en la sociedad cubana”.

Este hombre de ojos claros y sonrisa constante inspira una gran admiración. A él me atan muchas casualidades: nací el mismo día, del mismo mes, y del mismo año, en el que René fue capturado. Pero, en cuanto a coincidencias del destino, este hombre atesora otras mucho más importantes: su llegada al mundo, un 13 de agosto, dejó en él un gran vínculo con Fidel: “Yo siento que ese siempre va a ser el día de Fidel, yo me las arreglé para celebrar mi cumpleaños desde el aspecto más modesto posible y creo que para siempre en la historia de Cuba esa fecha ha de quedar como suya, y prefiero que sea así”.

-¿Cómo prefiere ser recordado? “Aspiro a dejar una huella en mi familia, en mis hijas. Y prefiero ser recordado así, como una persona que fue consecuente con lo que debía hacer y que trató de hacer lo mejor que pudo”, concluye.

Mientras, yo quedo convencida de que conocí no solo al héroe, al martiano, al revolucionario, al fidelista, sino, simplemente, a René.

Pie de foto: La impronta de José Martí está presente en el accionar de este revolucionario.

 



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