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CUANDO TRATARON DE HACER UNA HOGUERA CON NIÑOS

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Terrorismo en Le Van Tam. El blanco escogido para la agresión fue el círculo infantil más grande de Cuba, con una matrícula entonces de alrededor de 570 criaturas.

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

Zenia Valiente González nunca habla con su hijo José Luis Palacios acerca del jueves 8 de mayo de 1980. Ni antes ni después de ese día ha sufrido una conmoción igual, y aún recuerda su espanto al creer que el pequeño de tres años quedaría atrapado para siempre por el fuego, mientras con pavor veía envuelto en humo los diez pisos del edificio del círculo infantil Le Van Tam, del municipio habanero de Marianao. Quizás no quiere empañar sus alegrías de hoy.

Entonces era bibliotecaria de la escuela primaria Vicente Ponce y había terminado la jornada laboral. En la parada de guaguas cercana al hospital Frank País le llamó la atención el ir y venir de los carros de bomberos y comentó con su compañera Elena García que seguramente sería un fuego.

Cuando llegó al círculo y miró bien, "empecé a gritar y a gritar sin parar. Sentía lejanas las voces de las personas que estaban a mi lado y mi objetivo era entrar. Muchas madres llorábamos inconteniblemente, y la Policía nos pidió cooperación porque ya rescataban a los niños. A lo lejos vi a mi sobrina de cuatro años bajando las escaleras, y luego a varios pequeños del grupo de José Luis con su `seño’. Le pregunté a gritos a la educadora por mi hijo, ella se echó a llorar y yo enloquecí presagiando lo peor. Con Elena fui a buscarlo al Anfiteatro y no estaba, seguimos entonces para un comedor obrero cercano y lo vimos. Mi reacción fue cogerlo, apretarlo mucho, darle besos. Nunca voy a olvidar el olor a humo de su ropa. En su inocencia, el niño me dijo que lo habían bajado con una soga. Después de eso me quedé sin fuerzas, no podía caminar y a lo único que atinaba era a tenerlo bien sujeto para que nadie me lo quitara. La cabeza me estallaba de dolor.

"Era un acto monstruoso, un crimen, una agresión a lo más preciado de cualquier ser humano. En medio de todo la presencia de Fidel —que subió de dos en dos los escalones de la entrada principal del edificio—, significó mucho, porque una vez más, como siempre en los momentos difíciles, él estaba junto al pueblo."

EL CRIMEN

A las 4 y 45 de la tarde se produjo el incendio de grandes proporciones en el círculo infantil Le Van Tam. El fuego comenzó por el teatro del edificio, ubicado en el piso inferior, y los dos elevadores y la escalera quedaron bloqueados, mientras en las plantas superiores estaban atrapados alrededor de 570 niños, de ellos 177 internos, y muchos de los 156 trabajadores que allí laboraban.

Es difícil hilvanar una historia de cuando se tienen cuatro años de edad, pero Mirelys Álvarez Valiente lo intenta en un momento de reposo, en el Complejo Rodeo del Parque Lenin, donde trabaja. No recuerda el humo, solo a las "seño" diciendo a los niños: ¡Vamos, vamos, bajen!, a todos apretados en el elevador y después el corre-corre hacia un lugar que no precisa.

"Todo es muy vago, pero sí me viene a la memoria mi tío Rey Pol, quien se enteró y vino a buscarme enseguida porque mis padres estaban trabajando. Mi mamá habla mucho de aquel acto terrorista, pero yo no; sin embargo, pienso que fue algo vil, inhumano, porque era contra niños, personitas que todavía son muy poca cosa, desvalidos, que no tienen culpa de nada, ¿cómo puede haber gente tan mala?".

Al día siguiente de los sucesos, el periódico Granma publicaba en una nota oficial que de acuerdo con la investigación las llamas comenzaron por el escenario donde no había absolutamente ninguna instalación eléctrica, y que los peritos del Ministerio del Interior concluían que el incendio había sido intencional.

LA PROEZA DE UN PUEBLO

Junto a los medios contra incendios, los carros-bomba de numerosas unidades de La Habana, la Policía y las autoridades del territorio, cientos de marianenses acudieron al Le Van Tam de inmediato a prestar su colaboración, a riesgo de sus propias vidas. Media hora bastó para la evacuación en condiciones muy adversas. Al revisar documentos de la época, conmueve la actitud de profesores y estudiantes de la secundaria básica José Antonio Aguilera Maceiras, situada a escasos metros. Eduardo, Jorge José, Heriberto, Rigoberto, Guillermo, Luis, Rolando, Jesús, Lázaro, Frank, son algunos de aquellos niños convertidos en héroes que la memoria del pueblo no olvida.

A este reencuentro con la historia ha ido al Comité Municipal del Partido en Marianao una mujer. Es Gloria Ferrer Reyes, directora en el momento de los hechos de la Sala de Lactantes, ubicada en la séptima planta, con una matrícula de casi 45 niños. Dice que sus 24 trabajadoras cargaban de dos en dos, y a veces tres, a los párvulos, y que hasta el carro de la pantrista sirvió al auxilio. Primero los llevaron hasta el décimo piso, y después, al recibir la orden de desalojar el edificio, bajaron por las escaleras.

Su voz quiebra. Necesita un reposo esta mujer de 70 años que hoy forma parte del equipo de historiadores de la localidad. Después, recobrado el sosiego, recuerda el diálogo de Fidel con el Consejo de Dirección y la primera pregunta del Comandante en Jefe: "¿Hubo algún niño accidentado, hubo que lamentar algo?".

Los ojos le brillan y la palabra se vuelve dura, enérgica: "Fue un acto vandálico del imperialismo, algo que nunca podremos olvidar, por eso estamos firmes aquí, a pesar de sus odios".

Con el incendio del Le Van Tam el terrorismo adquirió una dimensión mucho más dramática, porque enfiló sus garras hacia el tesoro más preciado del pueblo. Para los cubanos no hubo equívocos a la hora de identificar quiénes eran los responsables intelectuales y materiales del crimen. La historia de agresiones y la lista de nuestros mártires apuntaron hacia el Norte.

09/05/2008 09:48 islalsur #. Acuarela


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