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LAS DROGAS TIENEN SU HISTORIA

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Comienza su impacto con la llegada del hombre al mundo. Nace con la utilización del reino vegetal por las más diversas civilizaciones. Valiosa fuente de cultura y  tradiciones. Se nutre de la Química para imitar y mejorar las sustancias ofrecidas por la Madre Natura. Crece y se multiplica con la ciencia para explicar el por qué de cada efecto. Fatal cuando aleja al hombre de su auténtico camino… 

VIVIAN SÁNCHEZ,
periodista de Radio Habana Cuba,
cortesía para Isla al Sur.

“Había una vez”… y…”así fueron muy felices”. Principio y final de las fantasías infantiles, siempre con epílogos deseados. Pero no son así los cuentos de las drogas. Muchas veces no tienen desenlaces felices, aunque si, un largo trecho que andar.

Múltiples y diversas leyendas se confunden con la realidad y forman parte del acervo histórico de las drogas, unas altruistas, otras azarosas o en busca del placer, otras, exterminadoras.

La historia de la drogadicción es un buen camino para conocer a la causante de uno los desastres de la actualidad: “la plaga del siglo pasado” y “una de las epidemias sociales de mayor y más rápida extensión en el siglo XX, que puede agravarse en la actual centuria”.

El “tía tata cuenta cuento” de las drogas comienza en el mundo antiguo, con las primeras civilizaciones, con el hombre y su evolución.

¿Por qué?

Pues el mundo vegetal fue el primer habitante del planeta. Sus fósiles hablan por sí solos, algunos tienen 3200 millones de años. Cuando apareció el hombre, las plantas fueron las encargadas de garantizarle sus necesidades más acuciantes: alimentos y sustancias para proteger su salud. Ese es el prólogo de la historia del uso y abuso de drogas.

Múltiples y variadas sustancias del reino vegetal le sirvieron al hombre para sobrevivir, pero además, en rituales religiosos cuando buscaban a sus dioses para encontrar explicación a lo desconocido.

Así cuentan las leyendas que el hombre descubrió el café en Arabia. Kaldi, el pastor, observó que sus cabras después de comer las cerezas del cafeto retozaban con más brío que de costumbre, parecían más activas. Entonces Kaldi decidió probar también los frutos de la planta y lo embargó la euforia, se puso a bailar y aquella noche durmió menos que de costumbre. Lo compartió con su vecino un ferviente seguidor del Corán. Y dice la leyenda que recibió de Mahoma el secreto para preparar café a partir de los granos secos de la fruta. Hoy se conoce que esos efectos se debían a la cafeína.

Así corrió el mito del origen del té que proviene de Japón. Dicen que Daruma, fundador del Budismo Zen solía pasar las noches entregado al ayuno y la oración. Cierta noche no pudo resistir el sueño y cuando despertó estaba tan molesto de sí mismo, que se arrancó los párpados y los arrojó al suelo. Inmediatamente brotó de ellos un arbusto de té cuyas hojas han permitido a los monjes conservar el espíritu libre para la meditación desde aquel entonces. Muchos años después se identificaron esos efectos con la llamada teína. 

El continente americano tiene también sus historias. Antes de la llegada de los españoles, los indígenas consumían el tabaco con fines terapéuticos o religiosos. Lo enrollaban, lo envolvían en hojas de maíz o lo fumaban en forma de pipa. También solían incluirlo en jarabes para beberlo. Era considerada como una planta mágica para esos pueblos prehispánicos porque “hacía visible el aliento”.

Así lo incorporaron los europeos a sus costumbres y su planta se llamó Nicotina tabacum, gracias a Jean Nicot, médico que introdujo y popularizó su uso en el continente europeo. La nicotina es el principio activo del tabaco. Fue aislada en 1828.

Una sencilla anotación perteneciente a los gastos de una familia de Mesopotamia asiática 3000 años antes de Cristo decía así: “Pan y cerveza para un día”. También los antiguos egipcios bendecían a Osiris por el regalo de la cebada y tenían destilerías de cerveza desde hace seis mil años. Los griegos y romanos de la época clásica agradecían a Dionisio o Baco por la creación de la vid y el “vino divino”. A la llegada de los españoles se asegura que Tenochtitlan estaba lleno de “magueyes” de los cuales se fabricaba el vino.

No es entonces casual que se considere al alcohol como el psicoactivo de uso más generalizado a lo largo de la historia humana y en nuestros días.   

Etanol o alcohol etílico es el nombre científico del principio activo de múltiples bebidas como los vinos de uva, el pulque de maguey, el tequila, el ron de caña, la ginebra de enebro, la cerveza de cebada, el sake de arroz y el pozol de maíz, entre otros muchos.

Durante la Edad Media el alcohol se utilizó como remedio para muchas enfermedades; de hecho, en galés la palabra whisky significa "agua de vida". Hoy se reconoce que el alcohol tiene un valor terapéutico extremadamente limitado. En usos médicos se emplea externamente para desinfectar la piel debido a su acción bactericida.

Cafeína, nicotina y etanol forman parte del mundo de la adicción, con sus particulares efectos desfavorables para la salud, pero no se encuentran dentro de las drogas prohibitivas de la actualidad.

Muchas y variadas leyendas tienen las drogas como cultos religiosos, en las que el hombre ofrecía su agradecimiento en forma de rituales a un don superior que le ofrecía divinidades. Con esos fines y a lo largo y ancho del mundo, cada civilización utilizó la droga disponible.

En Brasil, el fruto del guarana; los chamanes siberianos, el hongo llamado Amanita muscaria; los huicholes y los indígenas de Norteamérica, el cactus conocido como peyote; los hindúes el soma; los pueblos de Europa, el hachis. En México, mazotecos, zapotecas, tzotziles, han utilizado de manera medicinal y ritual el teonanacatl, en castellano Hongo Sagrado, y además el mezcal, aguardiente tradicional,  que hoy se reconocen como fuentes de mezcalina. La civilización inca consideraba que la coca era un regalo del rey Sol a las clases altas de su sociedad. Los cristianos y católicos usaron en el ritual de la Eucaristía, el vino o el alcohol.

Tanto las antiguas civilizaciones, como los nativos americanos inhalaban gases y hierbas quemadas.

Así y desde los Andes llegó la coca. Sacerdotes incas las usaron en ceremonias religiosas y para meditar. Las hojas del arbusto originario de América, Erytroxilon coca se ofrecían en sacrificio a los dioses y se masticaban en los cultos.

Aunque durante los primeros años de la conquista de las Américas se prohibió y controló su consumo, los europeos descubrieron que los nativos trabajaban más y mejor con menos alimentos cuando masticaban la coca. Así se convirtió en una manera de explotación, y con ello en un hábito que aún perdura. La coca sirvió de fuente de valiosos medicamentos para la ronquera y la inflamación de la garganta, hasta que se surgió como anestésico en Alemania en forma de novocaína y como saborizante en algunas bebidas como la Coca-Cola, cuya fórmula original tenía el sabor de las Hojas de coca.

Hoy es la cocaína una de las drogas ilegales más consumidas en el mundo como estimulante de gran poder.

En el siglo XIX se identificaron los alcaloides, sustancias responsables de muchos de los efectos descritos anteriormente y de amplia aplicación en la medicina.

Así cuenta una leyenda que un indígena peruano, agobiado por la fiebre, se arrojó a una charca, en la cual había residuos de árboles de quina. La presencia en el agua de sustancias de la quina hizo cesar la fiebre del nativo. Esa acción se consideró un milagro por los monjes jesuitas radicados en la región. Entonces llegó a Juan de Vega, médico de Ana de Osorio, esposa del virey del Perú y Condesa del Chinchón, afectada por la fiebre palúdica. Ella se recuperó y por eso más tarde recibió el nombre de “polvos de la condesa”. En 1820 se logró aislar el alcaloide, el cual recibió el nombre de quinina. Por su amplia utilización para combatir la malaria posteriormente se realizó la síntesis química de un similar, conocido en la actualidad como cloroquina.

Múltiples historias se vinculan también con el opio y sus derivados. Sus productos en forma de bálsamos, tónicos, polvos y otras muchas variantes inundaron las entonces droguerías y aparecieron sus efectos en la literatura desde 1873 con Julio Verne en su obra “La vuelta al mundo en 80 días”, o su consumo como láudano por Goya, Goethe, Edgar Allan Poe, así como por ilustres personalidades de la historia como Pedro el Grande, Catalina de Rusia, Luis XV de Francia, Guillermo II de Inglaterra, por solo mencionar algunos que se deleitaban con sus efectos. Fue también  causante de conflictos como las conocidas guerras del opio. 

La adormidera o amapola es la fuente del opio - del griego opion para jugo-, por obtenerse del extracto de la planta. Su nombre genérico es Papaver y su especie más productiva es la somniferum. La planta contiene más de 20 alcaloides, que pueden ser utilizados con fines médicos, fundamentalmente como analgésico. De la planta se extraen la codeína, la morfina y la heroína.

La droga de los 60

Los colonizadores españoles conocieron los efectos de los hongos psicoactivos al llegar al Nuevo Mundo y quedaron sorprendidos al ver como los originarios de esos pueblos americanos adoraban a sus dioses con plantas con nombres extraños que alteraban la conciencia y les provocaban alucinaciones.

Así corrió el tiempo, y olvidando la máxima “que todo en exceso es malo” en la década de los 50 y 60, los llamados Hippies abandonaron la búsqueda de chamanes para respuestas y conocimientos, y montaron su buen “trip”- del inglés viaje- bajo los efectos no solo de las propias plantas alucinógenas sino de sus principales alcaloides, como la mezcalina y el LSD –dimetiltriptamina o dietilamida del ácido lisérgico.  Por el creciente consumo y sus repercusiones sociales comenzó la prohibición a escala mundial de las plantas originarias de esos productos y de sus alcaloides, momento a partir de la cual quedaron divididas las drogas en legales e ilegales.

Las drogas sintéticas

En su incesante búsqueda de fármacos o de sustancias que permitieran investigar el accionar del organismo humano y del cerebro en particular, el hombre acudió a la Química y construyó sustancias, en algunos casos imitando a las naturales, en otros realizando modificaciones para mejorar sus mecanismos de acción.

Múltiples ejemplos pueden mencionarse en estas incansables pesquisas.

En preparados más simples, el opio originó la morfina, en honor del mítico Morfeo, Dios del sueño. Buscando alejar la dependencia y sus consecuencias, de la morfina derivó la inicial heroína que creyó superarla, pero condujo a hábitos más severos. También apareció la procaína, sintetizada a partir de la cocaína. 

En ese mismo camino surgieron los barbitúricos y las anfetaminas, sustancias salidas desde hace décadas con un consumo generalizado en los últimos años y con incremento de la automedicación.   

En 1864 se sintetizó por primera vez el ácido barbitúrico, sustancia base de hipnóticos y sedantes que años más tarde se usó para combatir el insomnio, la ansiedad y dolores agudos. Así surgieron el veronal, el luminal y las conocidas “píldoras de la felicidad” que ayudaban a sobrellevar las crecientes tensiones sociales. Luego la cloropromazina, considerado como primer tranquilizante mayor, y a partir de él los antidepresivos, drogas contra el miedo, que continuaron con la aparición de medicamentos estimulantes: las anfetaminas.

El uso de anfetaminas se inició para perder peso e inhibir el cansancio. Hoy se consumen de forma indiscriminada, sin prescripción médica y por eso constituyen un grave problema de salud.

Las drogas de hoy     

Se iniciaron bajo el pseudónimo de drogas de diseño o de síntesis. Transitaron por el MDA, el éxtasis, por modificaciones de algunas ya conocidas y utilizadas con los fines de antaño. Hoy viajan bajo la custodia de la especulación y el lucro a costa de provocar la percepción de hambre, frío o calor. Caminan por el mundo de discotecas y bares nocturnos, como detonantes de relojería con relucientes y diversas presentaciones para conquistar a los que creen lograr en ellas escape y placer, muy a pesar de las regulaciones legales.           

Así llegan bajo múltiples nominaciones como ice, speed, cristal, (crank), pastilla del tiburón (m-CPP), mitsubishi, roils royce o walt disney, PBC o Base libre, GHB o viola fácil, ketamina o super K. Unos se inhalan o ingieren, otros se mezclan con alcohol, o se inyectan con otros riesgos agregados, TODOS diseñadores de la muerte. Muchas de ellas se reconocen como híbridos entre los alucinógenos y los estimulantes (anfetaminas). Por eso se reconocen como “anfetaminas visionarias o alucinógenas.

Podría ser un triste final para esta historia

Pero no, el mundo de las drogas solo tiende el camino para recuperar la sabiduría ancestral, desechando los ya reconocidos errores del pasado, y colocándolos en el lugar necesario para proyecciones futuras en beneficio de la humanidad. Sí, porque con la misma cerbatana cargada que un cazador buscó su presa, un chamán fue capaz de curar una dolencia en las civilizaciones más antiguas y hoy un cirujano va en busca de su anestesista para que aplique la dosis necesaria.   

Esa es la historia del curaré, hoy reconocido como tubocurarina y de otras muchas drogas que en porciones altas detienen la actividad motora del hombre hasta causar su muerte, mientras que en pequeñas y controladas, pueden ser excelentes medicamentos para aliviar sus dolencias. Esa es la historia, la que permite conocer cómo usar a la madre natura y a la ciencia con “buena onda” y en la dosis exacta.



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