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EL HIELO PIDE SER ROTO

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MÓNICA RIBERO CABRERA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Dicen que vivir con miedo es vivir a medias. A juzgar por esto, hoy día son muy pocos los que viven a plenitud. Los miedos, en general, son enemigos del progreso, del desarrollo, tanto en un individuo como en una sociedad; y, dentro de ellos, uno de los más representativos de su capacidad inhibidora es el que no deja que reconozcamos abiertamente nuestros problemas.

Tenemos la peligrosa tendencia de permanecer callados ante deficiencias harto conocidas, aunque no declaradas. ¿Se tiene acaso la quimera de cuando se silencia algo o no se reconoce abiertamente, sencillamente no existe? Esto no podría ser más falso: nada alimenta tanto un problema como el hecho de que no se hable y se discuta en torno suyo. Se vuelve un enemigo que, al pasar “inadvertido”, es libre de actuar y puede permitirse hacerlo sin cuidado.

En la sociedad cubana no estamos ajenos a ese mal. Si criticamos no estamos incurriendo en lo absoluto en algún acto de traición; todo lo contrario: pocas veces se es más leal y más revolucionario que cuando se habla de las propias dificultades o se reconocen los errores. El primer paso camino a una solución es, precisamente, la aceptación de que existe algo por solucionar.

Señalar lo mal hecho, sin perder de vista el respeto y el fundamento, es un compromiso que tenemos con la sociedad y con el país. Si adoptamos una posición diferente, estamos dando espacio a la demagogia, a la doble moral; y estamos, en fin, aceptando indiferentes la realidad en lugar de cambiarla, de hacerla mejor.

Y si bien es menester señalar lo incorrecto, también lo es hacerlo en el marco pertinente y desde una posición comprometida y constructiva. Nunca la crítica por la crítica, que tan fácil y cómoda  resulta. Si se tiene la capacidad de divisar un error, esta debe ser asumida como un compromiso con la denuncia.

El planeta entero y, particularmente el país en que vivimos, se encuentran en un momento sin precedentes en la historia, en el que no podemos permitirnos el mutismo y tenemos el deber insoslayable de ser más críticos  y valientes que nunca.



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