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ÓRBITA DE UN DIBUJANTE

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Cuando el lápiz iguala al alma, la valía propia aumenta. La historia de Virgilio Martínez Gaínza, Premio Nacional de Periodismo, así nos lo muestra: grande su obra, inmenso su corazón.

LUIS ANTONIO GÓMEZ PÉREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Casi en un susurro para no inquietar al perro que dormita a escasos metros, saludo al señor que ocupa el banco contiguo al mío.

–¡Buen día tenga usted, compañero!

–¡Buen día, joven! ¿En qué puedo ayudarlo?

Tartamudeo. Un escalofrío recorre mi piel y noto, con cierto temor, que nuestro somnoliento vecino se estremece de hocico a rabo.

–No te preocupes por Pucho -dice el hombre desviando la mirada hacia el perro-, es mansito, además, ya ha mordido bastante desde que era un cachorro.

Un poco menos temeroso me lanzo otra vez al ataque.

–Sabe, estas líneas hablan sobre usted -digo acercándole unas hojas que tiemblan al ritmo de mi mano-, ¿le importaría leerlas?

–Como gustes, muchacho -respondió-. Déjame echarle un vistazo.

Pucho y sus perrerías

Corría el año 1955 cuando, fruto de la unión entre Marcos Behemaras y Virgilio Martínez Gaínza, nació Pucho y sus perrerías, historieta cuyo propósito principal era denunciar el gobierno de Fulgencio Batista mediante la sátira que lograban cuando el protagonista, Pucho, mostraba su desprecio al tirano alzando la pata y orinando sobre algo referente a él.

Sin dudas, este perrito sato provocó grandes dolores de cabeza a los esbirros de la dictadura, además de la necesaria inversión monetaria para pagar a las dos nuevas divisiones creadas en la policía: un cuerpo de trapeadores que fuera borrando las húmedas y malolientes huellas que dejaba el can por todas partes, y  otro con habilidades detectivescas que buscase a sus simpáticos dueños. Lo cierto es que ninguno de los dos pudo nunca justificar su sueldo.

“Realmente, Marcos y Virgilio nunca se encontraron físicamente hasta después del triunfo de la Revolución. Era un trabajo de compartimentación completa. Marcos preparaba los guiones y generalmente los entregaba a Francisco García Valls, quien hacía de correo y se los daba a Virgilio. Otro recogía ya la historieta y se ocupaba de su impresión. Muchas veces la distribuía un compañero que repartía galletas en un camión y Pucho iba en alguna de las latas. Puede ser que otras personas intervinieran en medio de ese trabajo clandestino, pero no tengo referencias personales.”

Así recuerda el éxito de ambos humoristas al evadir el brazo de la ley, Mirta Muñiz Egea, una personalidad en los campos de la publicidad y la propaganda en Cuba y esposa, por aquella fecha, de Marcos Behemaras.

Claro, también hubo momentos de tensión, cuando se juega con fuego es difícil no chamuscarse: “Supe, mucho después, que el estudio donde Virgilio trabajaba había sido registrado por la policía, y, aunque tenía cosas de Pucho, no lograron encontrar nada extraño.” Pero si en esta situación comprometida la suerte lo ayudó, también lo hicieron la ecuanimidad, inteligencia y serenidad que lo caracterizaban. Tuvo la muerte delante y reaccionó con nervios de acero.

“Creo que en Pucho hay mucho de Virgilio y de Marcos en relación con sus características fundamentales: ambos eran muy firmes y agudos políticamente, y observadores en extremo. Tenían un sentido de fina ironía risueña y una personalidad muy modesta. Eran capaces de reflejar el sentir de la gente, con el sano humor criollo.”

Otro de los personajes populares salidos de la imaginación de aquel binomio fue Supertiñosa. A propósito de su nacimiento, dijo una vez el propio Virgilio: “Aunque no lo creas, lo parimos en unos minutos. Marcos comenzó a escribir rápido, sonriéndose pícaramente cuando casi al instante me da la primera hoja. Una parodia de Superman. Yo la hice también enseguida.” Pocos humoristas en la historia han tenido la maestría de la que hacían gala Behemaras y su compañero para hacer sátira política.

Después del triunfo de la Revolución, Virgilio siguió dando vida a Pucho unos años más. Hasta 1966 el perrito se destacó combatiendo vicios y actitudes contrarrevolucionarias: “Algunas gentes me preguntaban, qué pasó con tu perrito meón, y le respondía, se enfermó de los riñones y murió, pero de lo más contento porque logró lo que se propuso en vida.”

Mirando por rayos X

Los más jóvenes siempre se acercaron a Virgilio. Él sabía trasladarles sus conocimientos utilizando la razón, nunca enseñó nada de memoria, era muy atrayente. Daba su mano a quien la solicitase.

Roberto Alfonso, dibujante y amigo de Virgilio, recuerda que “fue el maestro de toda una generación, la mía y la que vino después. A mí me ayudó muchísimo en mi formación. Me prestó sus libros, los mismos por los que aprendió a dibujar. Siempre fue muy desprendido con lo que tenía, con sus cosas valiosas -que no eran muchas. Guardo con bastante celo los originales suyos que me regaló: ojalá algún día se haga un museo de la historieta cubana, con gusto donaría sus trabajos. El arte no merece perderse.”

Su principal virtud: la modestia. Nunca estuvo consciente de lo grande que era. Tal vez esa fue la razón por la que concedió a Behemaras todo el mérito que correspondía a ambos por la creación de personajes -como el mismo Pucho-; si bien varias de las ideas originales fueron de Marcos, él les dio forma, les puso vida: era un trabajo común.

Así, durante todo su viaje por este mundo, Virgilio fue relegándose a un segundo plano. Ante los premios y distinciones que le fueron concedidos -como la Réplica del Machete del Generalísimo Máximo Gómez, el Premio a la Dignidad que otorga la Unión de Periodistas de Cuba, la Distinción por la Cultura Nacional y el Premio Nacional de Periodismo José Martí- reaccionó siempre de la misma manera: “¿Por qué a mí? Seguro hay alguien que lo merece más.”

Cuando alguien celebraba su obra se ruborizaba. No le gustaba que hablasen de él. Tampoco daba importancia a las cosas materiales. El mismo día que nació uno de sus nietos le robaron el carro que le habían otorgado y, ante las insistencias de sus allegados en hacer la denuncia a las autoridades, solo dijo: “Me llevaron un carro, pero ahora soy abuelo, todo está bien.”

Jamás pidió nada en beneficio propio, era un hombre humilde, sencillo. Los ojos de Roberto Alfonso brillan en el momento que dice: “Virgilio era de esas personas que uno desea que vivan toda la vida. Nos duele que ya no esté.”

Quienes lo conocieron lo recuerdan como un ser humano honesto, transparente, bueno. Juan Ayús, presidente en la capital de la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales, cuenta que “era muy laborioso. Muchas veces dibujaba a deshora para no desviar la atención, y sé que cuando ponía la cabeza en la almohada lo hacía pensando en el próximo guión, en el próximo proyecto. Ante la inconformidad de los jefes con algún trabajo, lo retiraba y a los cinco minutos presentaba otro. ¡No podían agotar su capacidad creativa!”

Nidia Díaz, muchos años jefa de Virgilio en la página Internacional del periódico Granma, lo recuerda como un hombre disciplinado en todo momento: “No pasaron tres meses de estar grave y hospitalizado cuando ya iba y venía caminando de su casa al trabajo. Nunca quiso que lo fuesen a buscar en carro, decía que tenía que caminar. En muchas ocasiones lo vi delante de mi buró, como si fuera un niño, haciendo ejercicios y diciéndome: ¡Mire como estoy hoy!”

Los recuerdos de Ayús afloran unos tras otros: “Gran parte de lo que hacíamos no se cocinaba en una redacción, sino en un bar cercano, al calor de las risas, entre amigos... y los resultados eran asombrosos.”

Además de cumplir con todo y con todos, con mucha frecuencia encontraba momentos para divertirse. Bromeaba sobre cualquier tema. “En una ocasión recibí un papelito suyo en el que pedía que le devolviera algo que me había prestado. La nota -una sonrisa se dibuja en el rostro de Alfonso- la firmaba HERR VIRGILIVM: siempre fue muy ocurrente. Trabajar con él era estar de fiesta, los cierres en la revista Mella constituían verdaderos espectáculos, ¡cómo nos reíamos! Claro, el respeto hacia su persona nunca faltó.”

Y Nidia Díaz continúa: “Fue humorista en todo momento, no se limitó al papel. ¿Sabes que Virgilio era rapero? Pues como te cuento: hacía raps simpatiquísimos sobre la Revolución, sobre el Día de la Mujer, sobre los compañeros de trabajo.”

El humor fue un elemento recurrente en su vida. En ocasiones el motivo de las bromas fueron él y Mirta Zayas, su esposa: “Cuando llegaron a Granma las primeras COMPUTADORAS, Virgilio pasó madrugadas enteras aprendiendo a utilizarlas. Un día me llamó a la casa Jacinto Granda, el director del periódico, y me dijo: Mirta, tú mira a ver, Virgilio se está todos los días hasta las tres de la mañana COM la PUTA DORA. Lo importante del asunto es que realmente aprendió a usar la dichosa maquinita”.

La casa

Hombre de familia, amaba a los suyos. Su esposa guarda magníficos recuerdos: “Quiero decirte algo que no ha oído nadie más: me enamoré de Virgilio por sus dibujos. Nos conocimos en la revista Mella. Cuando llegué, él ya estaba allí, era una figura conocida, y nada más ver lo que hacía dije: ‘¡Ay! ¿Quién es este dibujante tan bueno?’ Me lo presentaron y me enamoré de él. Tiempo después nos casamos. La fiesta fue ahí mismo, en el trabajo.”

-¿Para Virgilio sus personajes eran solo muñequitos o sentía por ellos algo más fuerte?

Pucho y muchos otros personajes fueron para él como hijos.

Le pregunto, entonces, si sintió alguna vez celos de ellos. Respondió entre risas: “No, no, para nada, yo sabía que eso era parte de su trabajo. Dibujar lo hacía feliz. Vivía por el trabajo, por la familia, por sus hijos, por sus nietos, por mí.”

-Mirta, ¿qué significaron Pucho y otros personajes para usted?

Chico, yo le tenía tremendo cariño al perrito ese. A los demás también los quería.

Cuando Carlo sueña

Con sus hijos fue extraordinario. Carlo Martínez no duda al responder: “Estoy orgulloso de mi padre. Nunca se separó de nosotros. Era muy imaginativo y hábil con las manos. Fabricó mi primera guitarra, tenía tres cuerdas y nunca supe cómo logró la afinación; hizo también máscaras para los cumpleaños y un proyector que volvían locos a todos los muchachos del barrio. Siempre estaba inventando algo.

“Creo que sus personajes ayudaron mucho en mi crianza y la de mi hermano. Una vez, trabajando para la revista Pionero, hizo una historieta, su título era Cuando Carlo sueña. En ella, mezclados en la trama, estaban su casa, su familia. Nosotros también éramos su trabajo.”                                          

–Pues bien, muchacho, ya está, pero, mírame otra vez, ¿no crees que exageraron un poquito?

Solo atino a reírme

–Para nada -respondo-, solo se ha dicho lo justo.

La imagen empieza a desvanecerse. Poco a poco los contornos de las figuras comienzan a desaparecer. Me alejo. Lo último que logro distinguir es a Virgilio acariciar la cabeza de Pucho y decirle bajito, mientras me señala con disimulo y hace unos extraños círculos con el dedo índice alrededor de su oreja.

–Pobrecito...

(Las citas de Virgilio Martínez Gaínza fueron extraídas, la primera, de la entrevista La vida en cuadritos, de Paquita Armas Fonseca; la segunda, de Virgilio, el arte de la caricatura política, realizada por Haydée León Moya (consultada en Cubaperiodistatas.cu El sitio de la Unión de Periodistas de Cuba); las restantes fueron obtenidas en las conversaciones mantenidas con Mirta Zayas, Nidia Díaz, Carlo Martínez, Juan Ayús y Roberto Alfonso.)

Agradezco de forma especial la colaboración de Haydée Díaz, jubilada de Granma; Manolo Pérez, de la Editorial Pablo de la Torriente; y Elson Concepción, periodista de Granma, quienes me pusieron a “orbitar” en el maravilloso mundo de la historieta y la caricatura y proporcionaron información y detalles para la confección de este trabajo.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Hacer un retrato de la personalidad de Virgilio Martínez Gainza; Acercar su vida a sus personajes.

Objetivos colaterales: Conocer anécdotas y relatos de Virgilio mediante las personas más cercanas a él.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: Colectiva
Por su forma: Mixta
Por su contenido: De personalidad
Por el canal que se obtuvo: Vía correo electrónico; Conversaciones cara a cara; Documental

Tipo de título: De referencia al tema o al entrevistado
Tipo de entrada: Narrativa
Tipo de cuerpo: Mixto
Tipo de conclusión: Retoma idea expresada en la introducción

Fuentes consultadas (Tipo de fuente):

Virgilio, el arte de la caricatura política, de Haydée León Moya. (Documental, indirecta)

La vida en cuadritos, de Paquita Armas Fonseca. (Documental, indirecta)

Dibujando por la Revolución, de Dario Mogno. (Documental, indirecta)

Conversaciones mantenidas con Mirta Zayas, Mirta Muñiz Egea, Nidia Díaz, Roberto Alfonso y Juan Ayús (No ducumentales, directas, primarias). Conversaciones con Manolo Pérez y Elson Concepción (No documentales, indirectas). Investigación personal sobre el tema y el entrevistado.(No tradicional)

 



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