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“HAY QUE CORRERLE A LAS GUAGUAS”

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YOSVANI GAÍNZA ÁLVAREZ,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Fueron estas las palabras de una señora que llevaba en sus hombros como en su semblante, unas seis décadas de vida. La seguramente ya jubilada no vaciló para echar una corrida tras el asomo del ómnibus, pues lo más probable era que debía llegar temprano a la consulta del médico, o al encuentro con un familiar, y por qué no al centro de trabajo que había dejado tras su retiro hace algún tiempo.

“Estoy algo arrugada, pero aún tengo fuerzas para correr”, murmuraba mientras subían los transeúntes entre el dime que te diré y el roce con las personas en aquella calurosa guagua.

Mientras acomodaba su cuerpo entre tanta congregación, abreviaba que ya era costumbre y le parecía normal. Así somos. No cabe duda que nosotros los cubanos estamos contentos hasta en los momentos más fatigosos de nuestra vida cotidiana.

Además de este episodio mañanero, otro fue el motivo para coger en mis manos lápiz y papel y escribir este comentario. Tuve la percepción, una vez más, que en Cuba –al menos en la  órbita en que me desplazo- a pesar de los ajetreos y las espinosas circunstancias por la que atravesamos, siempre hacemos lo posible por estar a tiempo en el lugar donde necesitan de nosotros o necesitamos estar. Desde los más jóvenes hasta aquellos que aún peinan canas.

Nunca he viajado al extranjero, mas puedo ver en películas, novelas y demás, que en otros países las personas  no tienen que correr  tras un ómnibus, luego lidiar con los pasajeros del mismo, intercambiar algunas palabras con el chofer, unas veces agradables pero otras desabridas, en fin, llegar arriba y tratar de acomodar el cuerpo entre tantos.

¿Esto? En Cuba. Y es que la misma vida tan agitada que llevamos permite que tales aventura sean costumbres y se afinquen en  nuestra idiosincrasia cada día más como el buchito de café que se toma el buen cubano. Después de cerrar la puerta de casa, sabemos que tendremos una mañana como la anterior: alegre, pero agitada. Otro “hay Dios mío”, CUARENTA centavos más y otra sonrisa calurosa para animarse. Pero…, para esto –entre otras cosas- “hay que correrle a las guaguas”.



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