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BACHES DEL SURCO AL BUFFET

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Tras dos años de flexibilizado el comercio entre las cooperativas y los hoteles, aún persisten dificultades que atentan contra el suministro directo al sector turístico.

ALBERTO CABRERA TOPPIN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Uno, dos, tres cuatro… y así hasta llegar a una docena de sacos repletos de la reina de las frutas: la piña. Sin embargo, el trabajo aún no ha terminado, pues restan por descargar varios quintales de melón y todavía quedan otros sitios a los que se debe proveer antes de las tres de la tarde. No falta la inspección de la mercancía por parte del comprador y de quien está al frente del camión, este último siempre atento a la imagen del producto a comercializar.

Estampas similares se repiten a lo largo y ancho de la capital en diversos centros donde se elaboran alimentos. Sin embargo, esta presenta una distinción: se trata del hotel Sevilla -perteneciente al grupo hotelero Gran Caribe y ubicado en la Habana Vieja-, instalación que en el 2013 estableció sus primeros vínculos comerciales directos con una cooperativa agropecuaria. Parecería una novedad, pero no lo es: hace casi dos años fue flexibilizada la compraventa de alimentos agrícolas no industrializados entre estos sectores de la economía cubana.

Mientras unos estiman "conveniente" la disposición de las cooperativas como mercado ajeno a las empresas comercializadoras, otros las consideran solo un "complemento", e incluso existen quienes las han ignorado.

Tiempos de "cooperar"

Anteriormente,  los hoteles cubanos recibían productos agrícolas de empresas comercializadores, las cuales los obtenían de las propias cooperativas. Tras la recogida en los sembrados, se almacenaba, lo cual disminuía la calidad en variedades como la yerbabuena y la acelga, a consumirse frescas.

Con la Resolución 122 del Ministerio de Agricultura, y la 369 del Ministerio de Finanzas y Precios, publicadas en la Gaceta Oficial a finales de 2011 y puesta en vigor en diciembre del mismo año, se dio vía libre  al comercio directo entre los agricultores colectivos y los consumidores estatales turísticos, pues permite “producir y comercializar, de forma mayorista, productos agrícolas sin procesar industrialmente, arroz consumo y carbón vegetal a los establecimientos hoteleros y gastronómicos del sector del turismo, en pesos cubanos”, y “que se establezcan los precios por acuerdo entre las partes”.

Sin embargo, dicha comercialización se vio afectada desde sus inicios, pues las instalaciones hoteleras planificaban la compra a las empresas estatales con un año de anterioridad, lo que provocaba que pidieran a las formas no estatales de producción volúmenes insatisfactorios para los vendedores. Así lo manifiesta Alexander Casanova, jefe de Compras del hotel Inglaterra, quien a inicios de 2012 intentó comprar a cooperativas, pero no logró acuerdo porque “solo tenían que traerme media caja de tomates, pues el resto lo compraba al Estado”.

Bienvenida la cooperativa

Al cierre de mayo de 2013, 185 entidades agropecuarias no estatales vendían parte de sus producciones a 250 hoteles de todo el país, tal y como refiere José Omar Padrón Abreu, directivo del Ministerio de la Agricultura, en reporte de la Agencia de Información Nacional (AIN) citado por el sitio digital de Radio Cadena Agramonte. Y la capital no es la excepción.

Ramón Ramos Ballester, jefe de compras del hotel Habana Libre, manifestó a este reportero que la nueva modalidad de comercio es conveniente para ambos. “Se recibe con determinada frecuencia piña, melón, yerbabuena; algunas viandas como malanga, boniato y chayote, pero sobre todo hortalizas, entre las que figuran lechuga y acelga, todas las mercancías frescas y con calidad. Incluso, algunos de estos productos no los comercializaban las empresas estatales”, agregó.

Su homólogo en el hotel Colina, Ahmed Herrera Izquierdo, prefiere los productos de las empresas comercializadoras, pues estas “surten bastante bien, de ahí que regularmente solo deba comprar yerbabuena, muy empleada en la coctelería, a la Ubpc “Vivero de Alamar”. Sin embargo, admite que ocasionalmente compra vegetales frescos a la entidad agrícola.

YenyYusef Giz, especialista del Vivero, explica que todos los hoteles compradores de los productos expendidos allí pertenecen a la capital. “Somos contratados por el Hotel Nacional, Habana Libre, Meliá Cohíba, Parque Central, Colina, Plaza y por restaurantes como La Bodeguita del Medio y el Floridita. Ofertamos lechuga, yerbabuena, albahaca, ajo porro, espinaca, frijol chino, cebollino y acelga, y en menor proporción chicoria, pepino, tomate, col y pimiento, siempre producidos con el empleo de fertilizantes naturales como el humus de lombriz”, argumenta.

“No hay otra alternativa para que los agricultores produzcan para el Turismo”, opina al respecto de la flexibilización Denis Silva Fernández, jefe de Compras del hotel Sevilla, quien valora como positiva la posibilidad de adquirir productos agrícolas directamente de estas formas de producción. Según el directivo, las cooperativas ofrecen garantía y resuelven los problemas referidos a la calidad de los productos de manera inmediata.

“La semana pasada recibí un cargamento de melón que no maduró, y el proveedor no estatal, sabiendo que era un problema de la fruta, cambió toda la venta por otra aceptable y totalmente gratis,  proceso factible porque cuentan con jugueras, las cuales les permiten no generar pérdidas”, acotó.

A capa y espada

Tras dos años, aún no se han cumplido las expectativas iniciales, pues se continúa importando determinados productos que bien pudieran suministrar los agricultores cubanos si contaran con las condiciones adecuadas.

Así, Michel Iglesias, jefe de Almacén del hotel Presidente, relata que en determinadas etapas del año se compra cebolla, col y limón en el exterior debido a que “la producción nacional no cubre la demanda”. Esto ocurre también con el Habana Libre, entidad necesitada en ciertas épocas de volúmenes de zanahoria, no ofertadas por las cooperativas, según acota Ramos Ballester.

A decir de Enrique Sosa Trujillo, presidente de la Cooperativa Niceto Pérez, de Bejucal, “existen productos que no se pueden producir fuera de temporada por cultivar al descubierto, lo que evita que se produzca a determinada temperatura”.

La forma de pago es también una de las trabas en esta forma comercial. Según la Gaceta Oficial, cada institución hotelera debe informarle al grupo empresarial al que pertenece el monto por las operaciones con las cooperativas, y este comunica el pago a Fintur S.A., organismo financiero subordinado al Banco Central de Cuba. Dicha sucursal banquera realiza la conversión de divisas haciendo equivalente 1 peso convertible (CUC) a 10 pesos cubanos, y abona la cantidad resultante tras treinta días.

“El trabajador agrícola pide rapidez en el pago, algo que se vuelve engorroso al final de cada mes”, afirma Herrera Izquierdo. Ramos Ballester expresa que pacta treinta días como plazo de pago al firmar el contrato y confirma cumplirlo en todo momento. No obstante, Yulisvey Monzón González, al frente de las compras del hotel Riviera, confiesa que las demoras en el pago por lo general son de alrededor de 60 días, y los vínculos entre proveedor y comprador evitan conflictos.

Los agricultores ven la situación de otra manera. Sosa Trujillo revela que el pago se ha demorado incluso hasta 3 meses, como ocurrió con el Hotel Nacional, que abonó lo comprado en abril, mayo y junio en la segunda semana de agosto.

Los precios a los que venden los productores también es motivo de preocupaciones de ambos lados. Silva Fernández justifica no haber establecido vínculos comerciales con anterioridad debido a las ofertas poco atrayentes que a inicios proponían los cooperativistas. Vendían tal y como los estatales, menciona.

El transporte es el mayor talón de Aquiles, pues los hoteles exigen que les lleven las mercancías, derecho naturalmente atribuible por su condición de compradores. Pero las cooperativas no están en las mejores condiciones para ello. “Por lo general, se garantiza la llegada de los productos, siempre que sea los días acordados, en nuestro caso los  martes y viernes, una jornada después de oficializadas las ofertas. En ocasiones en que el hotel realice pedidos fuera del cronograma acordado, la transportación corre a su cuenta”, explica Yusef Giz.

Sosa Trujillo alude al transporte como un golpe  que se conjuga con la moneda de pago. Tenemos solo un camión en precarias condiciones técnicas que nos está obligando a arrendar otro. Las piezas de repuesto se adquieren en divisas y a nosotros se nos paga en moneda nacional, y para extraer del banco el dinero  necesario se debe justificar y luego llevarlo a una Casa de Cambio (Cadeca) para convertirlo, lo cual no es del todo seguro, aclara. Sobre el combustible, acota que se compra en las dependencias de Cuba Petróleo (Cupet), lo que disminuye las ganancias a la mitad en muchas ocasiones.

Ovidio Martínez Díaz, gestor comercial de la cooperativa 13 de marzo, aclara que en los tres primeros meses de este año las ventas fueron estables, pero el gasto desmedido de combustible por sus vehículos los obligaron a retirarse.

Los hoteles de la Habana Vieja fuimos los últimos hoteles en firmar con cooperativas porque, al ser pequeños, demandamos cantidades que no permiten pagar el diesel a los campesinos. Tuvimos que unir nuestras necesidades para poder entrar en este mercado, esclarece Silva Fernández.

Aunque se ha recibido con disposición esta todavía nueva forma de comercialización, mucho queda por hacer para estabilizarla. Eliminar los obstáculos y cumplir con el pago es hoy sinónimo de colocar en su justo lugar económico lo que se produce con sudor en el campo. Nadie lo dude, es uno de las tantas transformaciones atemperadas al actual contexto cubano.

Recuadro:

Las cooperativas datan de la década de los años sesenta del pasado siglo. Es en la etapa de los 80 cuando el Estado cubano las oficializa al agruparlas en dos grupos: las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS) y las de Producción Agropecuaria (CPA), ambas basadas en el trabajo realizado por los campesinos en tierras propias. Se les confiere poder jurídico como forma de producción con cierto nivel de independencia, se les garantiza la seguridad social a sus miembros y les es concedida la facultad de adquirir préstamos bancarios para el desarrollo de sus actividades.

En un principio no se les permitió la venta directa a la población ni a ningún organismo estatal. Sus producciones se contratarían por empresas acopiadoras para ese fin y los excedentes serían comercializados por otras asociaciones económicas, las cuales harían llegar frutas, vegetales y hortalizas a la mesa del cubano.

En 1993 se crearon las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (Ubpc), también sujetas a los contratos de Acopio, pero con cierto nivel de flexibilización en cuanto al comercio directo con la población. Mas no fue hasta 1994, con la creación de los Mercados Agropecuarios, que se hizo oficial la venta directa a los ciudadanos, como parte de las medidas gubernamentales para reducir el impacto de la crisis de los 90 en la alimentación.

En el 2005 se les permitió ofertar sin intermediarios a escuelas, hospitales y otros centros de relevancia social. Al llegar el año 2007 se les reafirmó la facultad de concurrir a las nuevas Formas de Mercado Agropecuario, y cinco años después se legalizó la venta de productos agrícolas procesados en pequeñas industrias a personas jurídicas.

Pie de foto: Algunos hoteles de la capital han establecido relaciones comerciales con cooperativas agropecuarias.

Ficha técnica:

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de entrada: Narrativa.
Tipo de cuerpo: De bloques temáticos.
Tipo de transiciones: Empleo de subtítulos.
Tipo de cierre: De instancia a la acción.

Tema: Comercio entre hoteles habaneros y cooperativas.

Objetivo principal: Demostrar que aún no se aprovecha totalmente la flexibilización del comercio entre las cooperativas y los hoteles.

Objetivos colaterales: Recuento de la historia de las cooperativas, presentar situación actual del comercio, movilizar para librar de obstáculos la nueva forma de comercialización.

Estrategia de fuentes:

Documentales: Gaceta Oficial (20 de septiembre de 1990, 10 de enero de 1991, 24 de marzo de 1991, 3 de enero de 1994, 20 de septiembre de 1994, 10 de mayo de 1996, 13 de julio de 2000, 22 de febrero de 2001, 24 de enero de 2002, 24 de diciembre de 2002, 4 de julio de 2005, 29 de enero de 2007, 29 de diciembre de 2011y 15 de noviembre de 2011)

No documentales:
Alexander Casanova, jefe de Compras del hotel Inglaterra (directa);

José Omar Padrón Abreu, directivo del Ministerio de la Agricultura (indirecta);

Ramón Ramos Ballester, jefe de compras del hotel Habana Libre (directa, protagonista);

Ahmed Herrera Izquierdo, jefe de Compras del hotel Colina (directa, protagonista);

YenyYusefGiz, especialista de la Ubpc “Vivero Alamar” (directa, protagonista);

Denis Silva Fernández, jefe de Compras del hotel Sevilla (directa, protagonista);

Michel Iglesias, jefe de Almacén del hotel Presidente (directa, protagonista);

Enrique Sosa Trujillo, presidente de la Cooperativa Niceto Pérez (directa, protagonista);

Yulisvey Monzón González, jefe de Compras del hotel Riviera (directa, protagonista);

Ovidio Martínez Díaz, gestor comercial de la cooperativa 13 de marzo (directa, protagonista).

Tipo de juicios:

Disyuntivos: Ramón Ramos Ballester y Ahmed Herrera Izquierdo; Yulisvey Monzón González y Enrique Sosa Trujillo.

Valorativos: Denis Silva Fernández.

Analítico: José Omar Padrón Abreu.

Soportes:

Hecho: No se cumplen las expectativas en la comercialización directa entre los hoteles y las cooperativas.

Antecedentes: Creación de las cooperativas, medidas para flexibilizar la comercialización de sus productos.

Contexto y hechos colaterales: Cambios en el modelo económico de Cuba.

Proyecciones: Las fuentes no aportaron.

 



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