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VERDADES INCOMPLETAS

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WALKIRIA JUANES SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Muchas personas afirman que unos nacen mentirosos y otros aprenden a serlo. Lo cierto es que todos tenemos el gen del engaño, es parte de nuestra esencia, y el motivo por el que utilizamos una mentira, limita las dimensiones de sus consecuencias.

Cómo juzgar al padre que pide a sus hijos que escriban una carta a los Reyes Magos; cómo explicarle a un niño que el dientecito que perdió no será remunerado por el ratoncito Pérez, sino que tendrá que esperar por lo menos un mes para tener otro; o cómo decirle que nació producto de la fecundación de un óvulo por el espermatozoide que su papá aportó a través de una relación sexual, cuando es más sencillo dejarle el trabajo a la cigüeña.

Estudios realizados demuestran que una persona normal miente tres veces al hablar cada diez minutos, ¿cuánto lo hará un mentiroso? Existen diferentes tipos de mentiras, y unas son más utilizadas que otras, pero, ¿podríamos vivir sin ellas?

Quién no ha dicho: “Mañana comienzo la dieta”; o cuando un amigo te cuenta un secreto y le aseguras: “Esto queda entre nosotros”; y si nos retrasamos para una cita, cuando nos llaman al teléfono decimos: “Ya estoy llegando”.

Sin embargo, ser honestos en todos los contextos no favorecería las relaciones sociales y afectivas. Eliminar las mentiras de la política, la diplomacia o de nuestra vida personal implicaría decir toda la verdad, que podría provocar desde herir los sentimientos de nuestros seres queridos hasta la Tercera Guerra Mundial.

Pero, como en el alma de los poetas vuela la fantasía, en la de los mentirosos nacen las tormentas. Si una mentira puede ser una falsedad genuina o una “verdad incompleta”, entonces debemos tener en cuenta que lo verídico puede ser manipulado y depende del punto de vista de cada persona.

En el Periodismo todo está regido por la intencionalidad, esa que nace en el comunicador como trabajador de un medio, hasta su propia formación intelectual y moral; es aquí donde la ética profesional asegura la veracidad de los hechos. Si 50 periodistas realizan la misma cobertura, habrá 50 enfoques diferentes, pero los datos deberán ser exactamente iguales.

Desde otra perspectiva, la mentira es colectiva cuando nadie se cuestiona las cosas. El que engaña se siente seguro de todo lo que dice, o eso es lo que aparenta; un refrán popular asegura que “más fácil se atrapa un mentiroso que un cojo”, entonces, si prestáramos más atención a los hechos que a las palabras, despejaríamos el signo de la duda.

Está demostrado que cuando alguien inventa una historia será incapaz de reproducirla en reversa, porque los seres humanos pensamos cronológicamente. Existen técnicas para obtener la verdad como fármacos o el polígrafo, aunque ambas poseen un margen de error considerable.

Mentir puede salvarte la vida. Tal fue el caso de Galilei, quien obligado por la Santa Inquisición de la Iglesia Católica, para no ser condenado a muerte, se retractó de sus descubrimientos sobre la rotación de la Tierra; aunque después de la abjuración Galileo dijo su famosa frase: “Y sin embargo, se mueve”.

Pero, la verdad es uno de los valores humanos más necesarios para vivir en sociedad. La honestidad ha de prevalecer en el mundo para conservar la bondad que nos une. Aunque mentir sea un hábito inevitable, la moral es un compromiso colectivo que garantiza la confianza, y la verdadera libertad está –como señaló Martí– en aquel que puede pensar y hablar sin hipocresía.



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