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¿TODOS HABANEROS?

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CLAUDIA PÉREZ VILA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Las migraciones internas han formado parte, a lo largo de las generaciones, de la vida cotidiana de los pueblos. Son causas, además, de movimientos poblacionales, pues en la mayoría de las ocasiones las personas buscan lugares donde existan mejores ofertas de trabajo, condiciones de vida y sea valorado y remunerado su esfuerzo.

En Cuba, el principal flujo de personas se dirige hacia La Habana donde los datos ofrecidos por el censo de población y vivienda realizado en 2012 indican que en ese año más de 68,000 cubanos cambiaron su lugar de residencia y un 28 por ciento se radicó precisamente en la capital. El flujo poblacional hace que exista una saturación de personas y que vivan, por ende, en lugares donde no existen las condiciones apropiadas de vida.

¿De aquí o de allá?

Debemos partir de que las migraciones, según declaró Naciones Unidas en el año 1972, es el traslado de la población de una zona o área definitoria a otra geográficamente delimitada, que se hace durante un intervalo de tiempo determinado y que ha implicado un cambio de residencia permanente o habitual.

Según explica la geógrafa rusa nacionalizada en México, Ludmila Borisovna Biriukova: “Vivir en otra parte significa estar constantemente inmerso en una conversación en la que las diferentes identidades se reconocen, se intercambian y se mezclan, pero no se desvanecen. En este sentido, las diferencias funcionan no necesariamente como barreras sino más bien como signos de complejidad”.

Después de conocer qué es migración interna habría que detenerse en lo que ha significado para la Isla el proceso de urbanización, por los beneficios que trae la vida en las ciudades, que evolucionó de forma relativamente lenta en las dos primeras décadas del pasado siglo y luego del triunfo revolucionario tuvo un proceso acelerado, como consta en las cifras publicadas en los censos realizados.

El censo de 1907 reportó el 43.9 por ciento de la población como urbana, ya en 1931 esta proporción se elevó al 51.4 por ciento, este incremento fue debido a la población que arribó al país debido al proceso de expansión azucarera.

Ya en la etapa de 1931-1953 se produjo un crecimiento  acelerado  de algunas  ciudades  en virtud  del éxodo rural  derivado del empobrecimiento del campo, acota el censo  de 1970  la proporción  urbana  se elevó al 60.5 por ciento.

En el año de 1970-1989 la población rural de Cuba  decreció en cifras absolutas,  por primera vez en el siglo a partir de 1972. Al iniciarse la década de los 70, dos por cada cinco cubanos residían en áreas rurales y en el año de 1989 solo uno por cada cuatro habitantes.

Este decrecimiento de la población rural se debió al avance tecnológico que tenían las ciudades, así como las posibilidades de estudio brindadas por la Revolución. Esto hizo que muchos jóvenes abandonaran sus zonas de nacimiento y se dirigieran a las urbes para mejorar sus condiciones de vida

Escasas ofertas en las provincias

Según la monografía publicada en 2010 por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) a través de su Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE) y el Centro de Estudios Demográficos (CEDEM) de la Universidad de La Habana, alrededor de un 15 por ciento de la población cubana reside en una provincia distinta a la de su nacimiento.

Esta cifra aumentó luego de realizado el censo de población y vivienda del año 2012, donde consta que el 27,7 por ciento de la población total nacida en Cuba reside en una provincia diferente a la de su nacimiento.

El alza en las cifras de emigrados se debe principalmente a la falta de desarrollo local y las diferencias entre el campo y la ciudad, a pesar de las políticas diseñadas por las autoridades para controlar el proceso.

La similitudes entre el censo de 2002 y el de 2012 se mantienen, pues las principales corrientes migratorias están ubicadas en el traslado de personas desde Oriente hasta Occidente. Las provincias con más cantidad de personas hacia la capital son Santiago de Cuba y Granma, aunque también sobresalen Villa Clara, Holguín, Guantánamo y Pinar del Río.

Pero, a pesar de que el mayor flujo poblacional se dirige hacia La Habana, los resultados de la Encuesta Nacional sobre migraciones internas  realizada en el año 2000 revelan que “una alta tasa de emigración estimada de la población dispersa en la provincia Granma (53 por ciento), lo que expresa un significativo movimiento de personas  desde los poblados de menos de 200 habitantes hacia las ciudades más importantes como Bayamo y Manzanillo”.

Cabe destacar, según expresaron en un artículo sobre las Características Sociodemográficas de la Población Cubana, Colectivo de Autores del CEDEM, año 2012, que la paulatina recuperación económica del país dependerá que las diferentes acciones encaminadas al desarrollo local sean efectivas y sostenibles. En este escenario será precisamente el reordenamiento territorial, que emergerá como resorte “para influir nuevamente sobre el sentido e intensidad de las corrientes migratorias más favorables a los requerimientos del desarrollo.

El desarrollo territorial es una de las principales causas de la migración, pues en las ciudades y pueblos no existen muchas opciones en cuanto a evolución tecnológica y cultural.

A pesar de los esfuerzos realizados en el país y que en los Lineamientos de la Política Económica y Social, aprobados en el VI Congreso del Partido, otorgan prioridad al desarrollo territorial como iniciativa que potencie de manera sostenible su crecimiento económico, el empeño parece no satisfacer a las personas.

Según explicó el periódico Granma, la creación de planes especiales de desarrollo que permitan incrementar la exportación, la sustitución efectiva de importaciones, los proyectos de alta tecnología y desarrollo local, y que contribuyan con nuevas fuentes de empleo son, sin duda, incentivo para el traslado de ciudadanos hacia estas áreas.

Un punto culminante es que la adopción de medidas incentiven la incorporación y permanencia de jóvenes en el sector agropecuario; en particular, propiciar la entrega de tierras en usufructo como vía de empleo, es otra de las medidas que se relacionan con el tema y que mitigarían este fenómeno, si bien no constituyen la única salida, recoge el periódico.

A pesar de esto, el movimiento poblacional hacia la capital, que sigue en delantera, trae como consecuencia que muchos municipios como Centro Habana, Habana Vieja y San Miguel de Padrón estén sobre poblados y conlleve a la aparición de enfermedades sanitarias por las condiciones insalubres de vida.

Este tipo de fenómeno repercute en el medio ambiente de las zonas donde confluyen las personas. En el caso de La Habana, las pésimas condiciones de vivienda de algunos habitantes tiene consecuencias, pues sus vidas corren el riesgo de acabar bajo los escombros.

No se trata de no emigrar, se trata de trazar medidas para que todos tengan igualdad de posibilidades económicas, tecnológicas y culturales dentro de los lugares de nacimiento. A pesar de que el país está sumergido en una crisis económica, el gobierno implementa paulatinamente  cambios que auguran mejores condiciones de vida en las zonas no capitalinas.



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