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“SIEMPRE QUISE SER MAESTRA”

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Caridad Paredes, profesora de la Escuela Primaria Libertad, del municipio habanero de Diez de Octubre, se ha dedicado a trabajar para los infantes durante dos décadas, lo que la ha hecho acreedora de la Medalla Rafael María de Mendive.

Texto y foto:
RITA MARÍA CAMBARA CASTILLO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Me costó sacarle las palabras, aunque normalmente no parece tímida. Todo el tiempo es protagonista de un gran salón, tal vez muchos la vean como la gallina con sus pollitos, yo ahora la miro como una madre lejana. Caridad Paredes Morejón, Máster en Educación Preescolar, lleva 34 años de formadora y  24 de ellos en el nivel preescolar de la  escuela primaria Libertad, del municipio habanero de Diez de Octubre. Con ella sostuve dos encuentros breves en su aula.

Conocí ese salón hace 13 años. Cuando entré por primera vez lo veía grande, con mucha luz y a quien primero vi fue a mi maestra Cary, siempre tan atenta y cariñosa con todos. Esta vez ocurrió lo mismo, la profesora estaba de pie y orientaba a sus pequeños me concedió la entrevista con ellos de testigos, pero ahora el salón tiene menos espacio, he crecido, sin embargo, guarda su luz, calor y suave olor a ternura.

-Vamos a dar color al corazón y a las estrellas. ¿Todo del mismo color?, dijo la educadora

-No, contestaron los alumnos a coro

-¿Se queda el dibujo sin color?, insiste la profe.

Todos niegan con la cabeza

-¿Por qué?

-Porque un dibujo sin color, es un niño sin amor, responde el grupo.

-Y un niño sin amor es algo muy triste. Así, que a dibujar. Mientras, se dirigía hacia mí para sostener la conversación.

Sin duda "un poco nerviosa", cedió a mis preguntas, respondiéndolas con voz gastada y tono maternal.

«En la época que comencé, yo estudiaba en el preuniversitario y más o menos como ahora se hizo una captación rápida para trabajadoras de círculo infantil. Seguí haciendo el pre por la noche y me incorporé al curso, después de terminarlo, se comenzaba a trabajar.

«Siempre quise ser maestra y en aquella etapa se seleccionaba desde sexto grado. Cuando terminé, me faltaban dos décimas y no me dejaron coger la carrera, entonces seguí mi secundaria. Inicié el bachillerato, y cuando estaba en primer año hicieron la captación. Como siempre yo quise esto, aproveché la cobertura; estaba el curso y escogieron a los mejores alumnos. 

«Fueron unos 45 días intensos. Se estudiaba en H y 21, en el Municipio de la Juventud, de Plaza, porque yo vivía en el Vedado y allí fue donde me formé. Esa era la oportunidad de obtener lo que yo quería, me entiende, porque yo no quería otra cosa».

-¿Qué le motiva a llevar tantos años

trabajando para los niños de prescolar?

«Realmente lo que me gusta es eso. Siempre me agradó trabajar con los niños. Ver cómo ellos aprenden, sobre todo en estas edades que vienen tiernos y no saben prácticamente nada, entonces, tú vas formando y notando cómo ellos asimilan los contenidos. Es como atrapar un pedacito de plastilina sin forma alguna, moldearla y organizarla a nuestro modo para luego ver los frutos.

«Aunque parece que no, que así de chiquitico no nos brindan algo, sí lo hacen. Cada generación es diferente, con más desarrollo. Lo más que dan es amor y cariño. Son muy sinceros y si apareces vestida bonita o fea, o si tienes que teñirte, te lo dicen. A su vez, te enseñan, como me pasó con Rodolfo. Yo estaba hablando de Antonio Maceo y cuando terminé todo, no me di cuenta, me señaló: “Pero tú no dijiste por qué le decían el Titán de Bronce”. O sea, yo di la explicación y eso lleva a expresar por qué le dicen así y qué significa titán y  bronce. Él se dio cuenta, y si no, ese objetivo mío se hubiese quedado en el aire.

«Con ellos inicio en el Educa a tu hijo, que es diferente a la enseñanza prescolar. Empiezan un año antes de la escuela. Ya ahí se van integrando, lo mismo en matutinos, canciones y  contenido propio del año de vida. Todas esas cosas llegan a medida que enseñas. Por ejemplo, la bandera, es muy sencillito, la poesía de la bandera. Luego, se busca que el niño haga un poco más y se va agregando, porque  sus mentes son discos a los que se une la información que quieras, lo mismo en una actividad cultural,  política, graciosa, el Día del Maestro o el de los pioneros. Aquí estamos constantemente en labores.

«Yo fui fundadora del programa Educa a tu hijo en 1990 y desde entonces se lleva con bastante calidad. Su función es preparar a la familia para ayudar al niño con el ingreso y relacionarlo con la escuela, a la vez, desarrollar las potencialidades psicomotoras en función de los objetivos trazados. La estructura del proyecto mejora la relación familia–escuela. Hemos sido ganadores en algunas actividades como en la tabla gimnástica a nivel de consejo, municipal y de provincia».

-Debe tener anécdotas que hayan marcado

su carrera para bien y otras que solo

dejaron destellos de tragos

amargos. Cuénteme alguna.

«Quieres ver mejor anécdota que tú fuiste alumna mía en preescolar y ahora me estás haciendo una entrevista ya en la Universidad ¡Quién iba a pensar que eso iba a suceder! Cuando se empieza con un niño nunca te imaginas ni piensas que va a llegar este momento. Eso es una anécdota agradable.

«Algo que me haya hecho dudar…, por ejemplo, la incomprensión de las familias. Me acerqué una vez a los padres de un niño y dije que su hijo tenía dificultades. En vez de asimilar, para ayudarlo y establecer la relación familia-escuela, la mamá lo que hizo fue ponerse muy molesta, ir a la dirección y al municipio. Luego, vino el municipio a cuestionar lo que yo estaba haciendo en mi aula. Al final, la razón la tenía yo, no era nada malo. Estuve tres días sin venir a trabajar, yo que nunca falto. La madre tuvo que ir a mi casa para convencerme porque yo pensaba irme y ya llevaba veintipico de años trabajando en la enseñanza. Son cosas que te marcan.

«Cuando el Período Especial hubo vicisitudes. Los salarios eran ínfimos y no alcanzaban para nada. En ese momento nació mi primera hija, tenía ya otras responsabilidades, veía que mi salario no me daba para lo fundamental. No te hablo de cosas extras. Tuve dudas, irme o no. Cuando empezaron las tiendas, me proponían trabajar para alguna y yo lo pensé, sin embargo, me haló más el que me gusta lo que hago; me sentía bien en la función que yo tenía, aunque materialmente no me daba el salario. Pasó el tiempo, después salimos de eso, se aumentaron los salarios, fuimos cogiendo el paso de nuevo y aquí estamos».

-¿Ha recibido reconocimientos?

«Una vez me llamaron para ser metodóloga y me negué. Que te llamen para esa función significa que tú tienes conocimientos y actitud, eso es un premio a tu prestigio. Recibí el curso pasado la Medalla Rafael María de Mendive para  los que tienen más de 25 años de trabajo, la recogí durante un acto, en el Municipio de Educación de Diez de Octubre. Además, fui seleccionada la mejor maestra de Diez de Octubre, es algo como decir que tú no pasas inadvertida, me reconocen. Esos son méritos morales y espirituales que son los más».

-¿Cómo han influido la familia

e hijos en su trabajo?

«Sinceramente, desde mi mamá, cuando hablé en pleno pre para ser maestra, nunca se negó, ella siempre lo aceptó; mi familia en ese momento también. Mis hijos lo ven como algo normal porque nacieron cuando ya estaba en la profesión. Inclusive, la hembra en algún momento pensó en pedir la carrera, lo que pasa fue que después conoció Los Camilitos y cambió de idea. Realmente todos e incluso en la escuela pensaban que iba a ser maestra. Ellos ven mi labor como algo positivo. Es normal, porque en mi casa se habla bien de los maestros, lo hacemos siempre de manera positiva. Suelo llegar y comentar cosas desagradables y también las buenas del oficio.

«Por ejemplo, mi familia asiste a los matutinos. El Día del Maestro, ellos vienen a ver lo que se hace y lo que yo hice con mis niños, o sea, que comparten conmigo y tratan de ver lo que yo hago, si les gusta o no. Se emocionan como si fueran familia de aquí, de la escuela. De hecho, el día 22 vienen para acá, incluyendo a mi mamá, que  está viviendo conmigo ahora y quiere que la traiga».

-Tal vez la próxima pregunta

sea un poco incómoda.

Con el rostro a la expectativa, de cuál sería aquel “bombazo”, asiente con timidez, espera y responde.

«Darle más importancia al potencial humano, no el sistema de educación, sino la sociedad; que los padres nos vean como alguien de importancia, como una gente que sabe lo que dice y se acerca para ayudar, no para hacer daño. Sé que hay malas experiencias, no obstante, todos los maestros no son iguales. Existen profesores muy buenos. Entonces, cambiaría eso, que los padres nos vean desde otra óptica, no como el malo de la película, al contrario, como el que ayuda. El sistema de educación debería darnos más valores y ser menos exigentes con nosotros, porque cuando un padre viene  a dar una queja, es lo que él dice y no siempre es así. Hay que tener en cuenta nuestra opinión».

Conversar con ella es como viajar a los cinco años. Su voz siempre me hace recordar el aula del primer piso, llena de juguetes y de plantas. Allí hice mis primeros amigos, quienes conservo hasta hoy.

Con voz gustosa, como una madre que sabe que ha guiado a sus hijos por el buen camino, sonríe y me dice: «Siempre falta algo por hacer. Siento estar realizada porque hago lo que me gusta. Ya tengo 51 años y sigo aquí. No estoy satisfecha, pude haber hecho algo más por ese niño que tal vez tenía una familia disfuncional y no lo logré, pero me siento complacida.

«El mejor regalo para mí como maestra es ver a mis alumnos realizándose. En el caso tuyo, ya estás en la Universidad y te acercas a mí no en función de yo ser tu educadora sino como una cosa profesional. Ver a mis alumnos ya siendo médicos, psicólogos, con diferentes profesiones. De igual modo me molesta ver a algunos que se quedan en el camino y no llegan mucho más allá, pero mi mejor regalo es ese, verlos a ustedes ya realizados».

Las visitas a la profe Cary fueron durante la jornada por el Día del Maestro. Este es mi regalo para ella. Un homenaje como educadora que ha dado treinta y cuatro años de su vida para formar hombres y mujeres capaces. También es un agradecimiento a  todos los profes que han dejado su huella silenciosa en el camino.

Pie de foto: Paredes lleva veinticuatro años como educadora en la escuela Libertad, donde fundó el Programa “Educa a tu hijo” e imparte clases para niños de la etapa preescolar.



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