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EL MUNDO EN UN PAQUETE

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DANIELLA PÉREZ MUÑOA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

En nuestro país el vocablo paquete ha perdido la tradicional acepción de “envoltorio abultado de diferentes clases de objetos” para convertirse en un terabyte de información conformado por películas, telenovelas, documentales y reality shows, el cual llega cada semana a la mayoría de los hogares cubanos.

Para muchos, el “paquete” semanal brinda la oportunidad de consumir el programa deseado, amén de la televisión cubana. Pero, ¿en realidad este brinda la libertad absoluta de lo que se quiere ver?, ¿es la expresión cabal de la cultura cubana contemporánea?

Algunos espectadores consideran que el llamado paquete les ofrece la posibilidad de disfrutar de un producto audiovisual diferente y gozar de libertad a la hora de elegirlo y no reparan en que la libertad radica solo en optar por lo que otros, anteriormente, ya colocaron en él.

Clara alusión al fenómeno la hace el exministro de Cultura, Abel Prieto, quien considera: “la trampa radica en la selección a manos de otros de los paradigmas que se aspiran imponer”.

Cabría preguntarse, ¿sobre qué criterios se basan los “organizadores” del proyecto para colocar los productos culturales y difundirlos por todo el país? Como todos sabemos, el “paquete” se cobra y sus  proveedores no tienen los derechos de distribución,  entonces, ¿dónde está el pago para los dueños intelectuales de los materiales incluidos?

Investigaciones recientes del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) demuestran que aproximadamente el 80 por ciento de los cubanos ven, al menos, una parte de sus programas. Esto parece provenir de la misma necesidad a partir de la cual surgieron los bancos de películas en la última década del pasado siglo o la proliferación del DVD a comienzos del 2000.

Y si bien es cierto que a la televisión cubana le falta mucho por perfeccionar, con  la llegada del “paquete” no son pocos los que la han dejado a un lado para convertirse en fans de los “otros” productos audiovisuales. Al referirse al fenómeno, la mayoría emplea argumentos como: “la programación estatal no satisface las demandas” o “es muy aburrida”.

Pocos televidentes notan el hecho de que adquieren un “paquete” donde prevalece más la cantidad sobre la calidad, y la publicidad es el factor clave.

Aunque presenta propuestas interesantes como los documentales de History Channel y Discovery, libros y cursos de idiomas, también aparecen telenovelas melodramáticas, programas donde se destapan los trapos sucios de los famosos y materiales que promueven la violencia, la desigualdad, el consumismo, la importancia de los bienes materiales y el sistema de valores de la sociedad capitalista.

Por otra parte, los reality shows made in Miami van encaminados a enajenar a los consumidores, a hacer creer a la audiencia la realidad del llamado sueño americano y que los logros personales y profesionales se realizan sin esfuerzo.
La génesis del problema no radica en consumir o no el “paquete”, sino en no engullir todas sus propuestas de manera pasiva, seleccionar de él lo mejor, valorando el tema y calidad. Solo así, podremos ser receptores críticos de los productos que pone a nuestro alcance.



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