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LA NOTICIA VIAJA A PASOS LENTOS

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GABRIELA SÁNCHEZ PÉREZ,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

La salida del alba y el sonido del reloj-despertador ruso que acompaña los amaneceres de Luis anuncian el comienzo de una nueva jornada en la distribución de la prensa. Con la bolsa al hombro, toma una gorra para burlar el sol que amenaza sus recorridos matutinos, e inicia su camino desde la avenida Reina hasta el estanquillo.

Pero su presencia allí no es la única. Poco a poco se van sumando los ancianos que como él esperan la salida de las publicaciones diarias para lanzarse a las travesías “periodísticas” y equilibrar los magros ingresos que les provee el cobro de la chequera.

Con las primeras horas de la mañana, la fila de jubilados aumenta y sus voces cobran auge en comentarios acerca del último jonrón de Malleta o los precios de los productos en el mercado. Finalmente, la espera termina y los ancianos se preparan para emprender largas caminatas. Entones, Luis con la gorra en la cabeza y tabaco en boca, comienza el recorrido, ahora más corto de lo habitual por el avance indetenible de los años.

Una leve marcha, varios periódicos en mano y el típico pregón “¡Granma, Juventud Rebelde!”, parecen sumarse a los apurados pasos de los transeúntes en camino a los centros laborales. Pero Luis no tiene prisa, ya está en plena faena.

Muchas personas caminan casi sin percatarse de su presencia, mientras, distintas expresiones que brotan de los balcones y las esquinas para indicar el interés por comprar la prensa interrumpen constantemente el trayecto.

Algunos, que ya lo conocen, exclaman su nombre, y otros solo se limitan a decir: “¡Granma!”, pero inmediatamente, Luis sabe a qué se refieren. Incluso, a veces llega algún foráneo que se le acerca  asombrado de sus andanzas.

La mañana pasa al compás del sonido de las pesetas, el saludo de los vecinos y la habitual tacita de café que le brinda alguna de sus clientes.  Mientras, la llegada del mediodía anuncia la necesidad de un breve descanso, en que los jubilados parecen perderse en los recuerdos durante varios minutos, pero la tregua termina pronto y las imágenes se desvanecen como por arte de magia, porque es preciso continuar la marcha.

Entonces, revisa la bolsa, observa que todavía quedan diarios y se prepara para retomar su camino. El cansancio se acumula en sus huesos y se detiene cada vez más en cortos intervalos. Sin embargo, las dolencias de la vejez no le impiden querer sentirse útil, por eso, aunque con pasos lentos, la noticia continúa viajando entre sus manos, y se resiste a retornar antes de finalizar su labor. La voz del clásico pregón se convierte en un susurro cuando logra vender el último periódico. Ahora sí puede regresar a casa, pues las andanzas concluyen, al menos por hoy.

Tipo de crónica: Costumbrista.



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