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TRUMP EN LA MIRA

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Pese a la imagen xenofóbica y discriminatoria que los medios de comunicación ofrecieron del multimillonario neoyorkino, el magnate se alzó con el triunfo en la campaña presidencial e impidió «la coronación» de la otrora primera dama.

MABEL SÁNCHEZ TORRES,

estudiante de segundo año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Si Donald Trump hubiera ganado las elecciones presidenciales en los Estados Unidos hace casi un siglo, los teóricos de la comunicación de aquel momento verían derrumbarse sus preceptos. Resultaría inconcebible la victoria del magnate cuando su contrincante, la demócrata Hillary Clinton -además de proclamarse la amplia favorita en las encuestas-, contó con el respaldo de centenares de periódicos frente a menos de una docena que apoyaban al republicano.

A la luz de los años 20 del pasado siglo, la fascinación del hombre por la capacidad «manipuladora» de los mass media sustentó corrientes de pensamiento como la Teoría Hipodérmica, que ubicaban a la radio y la prensa impresa en el epicentro de la formación de la opinión pública. Igualmente, la influencia de otras ramas de las ciencias sociales como la Psicología conductista propició el desarrollo de modelos con concepciones similares en el campo de la comunicación.

Pero, si el discurso es intencional y tiende a modificar los comportamientos u opiniones -según planteaban los partidarios de la Teoría Hipodérmica-, ¿cómo es posible que la gran masa no sucumbiera ante el ataque directo de las gigantescas empresas mediadoras? ¿Por qué se disipó «el conjuro» que Walter Lippman concebía en su Teoría de los Efectos Mágicos, cuyos postulados avalaban la omnipotencia de la radio y la televisión?

El periodista español Ignacio Ramonet, en su artículo ¿Por qué ganó Donald Trump? Las siete propuestas que explican su victoria, analiza la imagen que los medios ofrecieron del presidente electo: «Recordemos su afirmación de que todos los inmigrantes ilegales mexicanos son “corruptos, delincuentes y violadores”. O su proyecto de expulsar a los 11 millones de inmigrantes ilegales latinos».

Aseveraciones tan controversiales y discriminatorias como estas se mantuvieron en el trasfondo de su campaña electoral, posiblemente el show mediático de mayor repercusión en el presente año. En su perjuicio no fue determinante que los comentarios más extremos acapararan titulares durante meses. Lo que sí queda claro es que le valió el voto del sector ultraderechista y proveyó al resto de un foco sobre el cual dirigir su atención.

El teórico estadounidense Maxwell McCombs, autor del libro «Conformando la agenda», precisa que lo anterior es la síntesis de la función reveladora de los medios, los cuales no les dicen a las personas qué pensar sino sobre qué tener una opinión. Al decir de McCombs, el tono y la cobertura intencionada de determinados tópicos generan un estado de reflexión en torno al objeto de análisis, mas no determinan la postura final de la audiencia.

Sin embargo, resultaría descabellado afirmar que la prensa no trasciende la función social de informar, pues a menudo abordan ciertos asuntos como un problema concerniente a toda la sociedad y demandan una solución. Lo anterior -en cierta medida- justifica el hecho de que en el trayecto electoral, Trump, aparentemente, no contara con el respaldo popular, pero se mantuviera en el punto de mira de la opinión pública.

En consecuencia, los medios norteamericanos ubicaron a Trump como la gran amenaza que destrozaría «los ideales de igualdad y libertad», refrendados en la primera enmienda del país norteño. A todas voces, acusaban al candidato republicano de xenófobo, intolerante y machista (por solo citar algunos de los despectivos usados en su contra).

Tampoco se puede perder de vista que pese a la falta de experiencia política, Trump no era un desconocido para sus compatriotas. Desde los años 90, noticias especulativas sobre la fortuna del empresario y más de un escándalo matrimonial, unido a los realitys en los que figuró como anfitrión, lo convirtieron en una figura con apariciones constantes en la prensa impresa y programas televisivos.

Es por ello que Trump bien conocía el impacto de la megaindustria de la comunicación y más de una vez les retiró las credenciales a periódicos como The Washington Post. «Y hasta se ha atrevido a atacar a Fox News, la gran cadena del derechismo panfletario, -señala Ramonet en el texto citado- a pesar de que lo apoya a fondo como candidato favorito…».

Las redes sociales fueron una de sus plataformas preferidas para responder a los ataques. Durante la recta final de las elecciones, el republicano afirmó en Twitter: «Si los repugnantes y corruptos medios me cubrieran de forma honesta y no inyectaran significados falsos a las palabras que digo, estaría ganando a Hillary por un 20%».

Aunque queda claro que la radio, la prensa escrita y la televisión fracasaron como emisores incuestionables y omnipotentes, todavía no está resuelta del todo la interrogante inicial sobre cómo el empresario ganó las elecciones.

En este punto, la hipótesis de la Agenda Setting formulada por McCombs, resulta insuficiente al subestimar el papel de la audiencia, pues si bien pretende explicar los efectos a largo plazo de los mensajes, se limita al análisis de campañas presidenciales que resultan contextos comunicativos específicos.

La hipótesis de la Espiral del Silencio propuesta por la alemana Elizabeth Noelle-Neumann en el libro «La Espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social» despeja unas últimas nubes en torno a los resultados finales, al desplazar el conflicto al análisis de las audiencias.

Ello explicaría por qué más de la mitad de los ciudadanos en edad para votar decidió abstenerse y renunciar al derecho del sufragio universal en el país que tanto se jacta de su modelo ideal de democracia. Además, propone una posible interpretación a la victoria misma del presidente electo, aun cuando las encuestas daban como vencedora a su oponente.

Al referirse a la conformación y exteriorización de la opinión pública, Noelle-Neumann subraya que los individuos tienen una percepción de la distribución de las opiniones a favor y en contra de sus ideas y sobre ese estimado evalúan el carácter movilizador y las posibilidades de éxito de una postura. Pero, si las encuestas favorecían a Hillary, ¿en qué medida los votantes vislumbraron la fuerza de su posición en favor de Trump?

En primer lugar, los sondeos no reflejaron lo que realmente se cocinaba entre las expectativas de los electores, quienes temieron expresar su verdadero juicio y ponerse del lado de un hombre cuyas inconsecuencias lo hacían impredecible.

De acuerdo con los preceptos de Noelle-Neumann, inclinarse a favor de Clinton reforzaba la confianza en sí mismos de los sujetos que buscaban una congruencia entre su elección y lo que el resto esperaba de ellos. Al respecto, la alemana sentencia: «Esta es una condición de la vida en sociedad humana; si fuera de otra manera la integración sería imposible».

La respuesta a la cuestión inicial sobre cómo el magnate impidió «la coronación» de la otrora primera dama está escondida en su propia estrategia discursiva. El republicano neoyorkino no atacó al sistema, sino a los gobernantes que le antecedieron. Dijo lo que muchos norteamericanos piensan y no se atreven a expresar en relación a los inmigrantes latinos, a los homosexuales y a las comunidades minoritarias, por temor a ser acusados de discriminación. Se convirtió así en la voz de «los silenciados».

Otro de los postulados de la hipótesis destaca las perspectivas de un estado de opinión que inicialmente no goza de total apoyo. Si las circunstancias indican la posterior inclinación de la balanza a favor de esta postura, los partidarios se mostrarán más proclives a expresar su posición.

Fue este sector que vislumbra Noelle-Neumann, el que decidió laurear a un hombre inexperto en materia de política, pero con una presencia mediática frecuente y controversial. Apostaron al «caballo ganador», al modelo de triunfo, al empresario exitoso, ideales sobre los que se sostiene la filosofía norteamericana de vencedores y perdedores.

La victoria de Donald Trump no significa únicamente «una nueva estrepitosa derrota de los grandes medios dominantes y de los institutos de sondeo y de las encuestas de opinión», como apunta Ramonet, sino que demuestra la insostenibilidad del sistema, así como la desilusión e inconformidad del pueblo estadounidense.

Solo queda ajustar la cuenta regresiva de los días que faltan para el próximo 20 de enero (2017). De momento, para conocer el destino del país más poderoso del mundo, la incertidumbre es quien va marcando los minutos…



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