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MACHU PICCHU, LA CIUDAD PERDIDA DE LOS INCAS

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DIANY CASTAÑOS GONZÁLEZ,

estudiante de tercer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

Corre el año 1533 en el Perú. Machu Picchu es una ciudad refugio por lo inaccesible que resulta llegar a ella. Los incas la construyeron hace pocos años con el propósito de esconder al Inca y a su séquito más cercano en caso de ataque.

El Templo de las Vírgenes del Sol, principal edificación de la época, esconde a cien vírgenes incas escogidas por su hermosura y nobleza para ser esposas del Sol, por lo que deben guardar rigurosa castidad. En caso de alguna acción "pecaminosa" en contra del privilegio de ser Virgen del Sol, la muchacha es enterrada viva y el hombre ahorcado.

Cuando llega Francisco Pizarro y sus conquistadores españoles al Cuzco, nada le complace tanto como la noticia de la existencia de un harén de cien vírgenes. Ansioso, va en su búsqueda, pero no las encuentra en su templo. Las vírgenes, fieles a su castidad, habían huido. Nunca más se volvió a verlas.

Pero existen evidencias de que las Vírgenes del Sol atravesaron barrancos profundos y montañas agrestes para refugiarse en la ciudadela sagrada de Machu Picchu (La Montaña Vieja).

Por las muchas tumbas de mujeres halladas en Machu Picchu, Bingham, su descubridor en el cercano 1901, proporcionó las pruebas para resolver el misterio de esas vírgenes que huyeron del conquistador español para preservarse como esposas del Sol.

Aunque las Vírgenes del Sol no habían vivido nunca en la Montaña Vieja, la similitud de esta con el Cuzco era tal, que les resultó fácil adaptarse. Todos los elementos urbanos estaban adecuados a la sinuosidad del terreno. Y la zona agrícola había sido bien delimitada con terrazas de cultivo en los sitios donde irrigaban más la lluvia y el agua de los manantiales.

El pico de forma piramidal Huayna Pichu, localizado estratégicamente entre las edificaciones de la ciudad, le servía de mirador para asegurarse de que los conquistadores españoles aún no descubrían su santuario. También desde allí veían los increíbles efectos de luz que el amanecer y el atardecer reglan a la ciudadela. Aunque 130 kilómetros del noroeste del Cuzco y a dos mil 490 metros de altura sobre el nivel del mar, resultaba difícil que Pizarro encontrara a Machu Picchu.

Disfrutaban de un clima benigno, con sensación de calor durante el día y fresco por las noches, producto de la zona subtropical de Machu Picchu. La piedra, único elemento utilizado en la construcción del lugar, guardaba el calor y el frío indistintamente.

Así, las Vírgenes vivieron protegidas por una de las joyas arquitectónicas y arqueológicas más importantes de los incas, actualmente el principal sitio turístico del Perú y uno de los más importantes centros arqueológicos de Centro América.

"Machu Picchu es un viaje a la serenidad del alma, a la eterna fusión con el cosmos, allí sentimos nuestra fragilidad. Es una de las maravillas más grades de Sudamérica. Un reposar de mariposas en el epicentro del gran círculo de la vida. Otro milagro más." Oscar Bech, periodista y escritor.

 



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