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"TENGO FE INQUEBRANTABLE EN EL FUTURO"

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Maximino González conversa sobre su etapa de estudiante en la convulsa década de los años 50 del pasado siglo. Cuenta las peripecias de su paso por el Escambray y, aunque se refiere a momentos difíciles, no pierde la oportunidad de hacer una broma, o de soltar una carcajada.

LUISA MARÍA GONZÁLEZ GARCÍA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.   
 
Una tarde del año 1950, cuando Maximino tenía 18 ó 19 años, Fulgencio Batista fue a Placetas a pronunciar un discurso durante una campaña electoral. El joven aprovechó la oportunidad para ver al entonces candidato a senador del Partido Acción Unitaria, y cuando éste se encontraba en medio de su alocución, el padre de Maximino, gritó al orador: “Mentiroso, tú eres un mentiroso”. Los allí presentes se voltearon para ver quién se había atrevido a semejante locura, y quedaron perplejos al descubrir que se trataba de un hombre de respeto.

A la fuerza, Maximino llevó a su papá al parque y se sentaron en un banco. Entonces escuchó unas palabras que marcarían el curso de su vida: “Le hubiera hecho un atentando a boca de jarro a este inmoral, porque es un traidor y traicionó a la revolución del 30. Hijo mío, combate a este hombre en todo lo que tú tengas de vida”. Y así fue. Más de medio siglo después, y con esa picardía que lo caracteriza, Maximino añade: “Fíjate cómo mi padre despreciaba a Batista, y eso que todavía no había dado el golpe de estado el 10 de marzo del 52”.

El joven no defraudó a su papá, pues perteneció a esa generación que a base de rebeldía y sangre liberó a Cuba del tirano y del yugo opresor de la neocolonia. Hoy, sentado en un sillón de su “casa de guerrillero”, en Guanabo, recuerda los momentos duros, los compañeros caídos, la victoria del 1ro de enero, y los primeros años de arduo trabajo revolucionario. En la etapa posterior a 1959 desempeñó innumerables tareas, pero él prefiere que lo recuerden como capitán del Ejército Rebelde, y miembro de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.

Hijo de un exitoso tabacalero de quien heredó el nombre, y de una “mujer muy bella” llamada Juanita, nació Maximino González Gutiérrez el 12 de marzo de 1932, en Placetas: “Mi familia era muy honesta, laboriosa, y de muchos principios. Tuve una niñez feliz, sin traumas, y con una posición bastante acomodada. El viejo se dedicaba al negocio de los tabacos, y los producía de dos marcas: Maximino y Monte-Flor; incluso, exportaba muchísimo hacia Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Por eso teníamos una buena posición económica. Pero nunca discriminamos a nadie ni por su raza, ni por su estatus social, fíjate, que el secretario de mi padre era negro.”

-¿Durante su niñez vio muchas diferencias sociales entre las personas que le rodeaban?

Sí, cómo no. Las diferencias sociales eran abismales. Allá, en el parque de Placetas, los blancos se paseaban por un lado, y los negros por el otro. Una minoría de comerciantes y doctores tenía todos los privilegios…

-Usted estaba entre esa minoría, ¿no?

Yo era de los privilegiados, pero solo porque mi papá se esforzó mucho y nos dio una buena posición; sin embargo, el resto de mi familia era del otro grupo, de los pobres. Entonces había muchas familias marginadas, sin posibilidades de ganarse el sustento mínimo, sin acceso a la asistencia médica y a la educación. Y estoy hablando de la población urbana, porque la del campo, ¡ni se diga!   

Maximino es un hombre inteligente, piensa y habla rápido, presto a reír, o a lanzar una buena broma. A juzgar por sus cuentos, siempre ha sido igual: “Yo era un niño alegre, travieso, juguetón, extrovertido, dinámico. Pero también era muy solidario con todo el mundo. Me reunía con los negritos del barrio para jugar pelota, les prestaba mis juguetes, me vinculaba con ellos a tal punto, que algunos me criticaban en el Liceo. Pero yo era así”.  

-¿Cómo influyeron sus padres en la formación de su personalidad?

Mi papá me inculcó los principios que hoy conservo: la honestidad, la honradez, el espíritu trabajador, y sobre todo, el amor a la patria. Desde pequeño me habló de Martí, de la familia de los Maceo, de Juan Gualberto Gómez, de las revoluciones del 68 y del 95, de Máximo Gómez. Él me transmitió el amor por la lectura. Recuerdo que leí y releí varias veces El Príncipe, de Maquiavelo, la vida de Napoleón y de Julio César.

Mi madre me enseñó el amor al prójimo, ella era una santa. No había un enfermo o desvalido al que  no ayudara. Nunca maltrató a los sirvientes y jamás le vi un gesto de hipocresía. Nos enseñó a valernos con lo que teníamos y no aspirar a más, a pesar de tener posibilidades.

-¿Cuándo comienza a sentir inquietudes revolucionarias?

¡A mí me parece que yo tengo inquietudes revolucionarias desde que nací! En la fábrica de mi padre había mucha influencia de los comunistas, y yo crecí entre ellos. Ahora recuerdo a Diego Rojas, casado con una sobrina de mi papá, que era un comunista fuerte y un hombre honrado. Él me leía los folleticos de ellos y me inculcaba ideas progresistas. Además, a la fábrica iban hombres de la talla de Juan Marinello, Jesús Menéndez y Lázaro Peña, porque mi viejo les permitía que armaran sus mítines, y todo eso me hizo tener inquietudes revolucionarias desde muy joven.

-¿Cómo llega a la Universidad de La Habana?

Bueno, hice el bachillerato en el Instituto de Remedios. Después vine periódicamente a La Habana entre 1951 y 1952, porque mi única hermana había matriculado en Estomatología. Pero no fue hasta 1954 que ingresé a la Universidad. En esa época nos quedábamos en casa de una tía, en Campanario, No. 720.

-¿Se encuentra en La Habana la mañana del 10 de marzo de 1952?

Sí, el golpe de estado me sorprende aquí. Ya para ese entonces yo visitaba mucho la Universidad y tenía varios amigos. Por eso me uní a ellos en la protesta contra el zarpazo de Batista. Fui ahí cuando nos quedamos esperando por las armas prometidas por Carlos Prío Socarrás, y que nunca llegaron.

Maximino ingresó a la Escuela de Derecho de la Universidad de La Habana en 1954, el año en que José Antonio Echeverría llegó a la presidencia de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU): “Cuando José Antonio asumió la presidencia, las cosas comenzaron a cambiar. Él logró poner fin al bonche y a las novatadas de que eran víctimas los recién llegados. Trabajó duro para aglutinar a los estudiantes, no sólo universitarios, sino de la enseñanza media y de las Escuelas de Artes y Oficios.

“En esa etapa se realizaron muchísimas actividades culturales, deportivas, recreativas. Y bueno, las actividades políticas, las protestas contra Batista y contra el Canal Vía Cuba, las manifestaciones por la amnistía de los asaltantes al Moncada, y toda esa serie de cosas se incrementaron con José Antonio al frente”.

-¿Desde su entrada a la Universidad se integra al movimiento revolucionario estudiantil?   

No. En un inicio yo no me integro abiertamente porque mi papá me aconsejaba que tuviera cuidado con la política y que debía prestarle mucha atención a los estudios. Pero luego lo hice, era inevitable. Ya en 1955 comencé a vender bonos del Movimiento 26 de Julio a escondidas, usando como fachada el negocio de tabacos Maximino, que siempre hice aquí en La Habana para ganar el sustento. Obtenía los bonos a través de Pituso, un activista del 26 de Julio que vivía en San Lázaro, No. 1214, donde empecé a quedarme. Para esa fecha tuve que abandonar la casa de mi tía, porque el esbirro batistiano Esteban Ventura, que tenía su estación cerca de Campanario, veía mis movimientos raros y me tenía chequeado.

A principios del 55 participé en la protesta del 28 de enero contra el teatrico que había montado Batista para celebrar el natalicio de José Martí en el Parque Central. En otra ocasión nos mandaron a Roberto Vizcaíno y a mí a chequear el cabaret Mont Maitre, para ver qué esbirros frecuentaban el lugar. Nosotros íbamos, nos sentábamos en la barra, tomábamos algo, conversábamos con los camareros, y así, hasta que una noche vemos a Blanco Rico, jefe del Servicio de Inteligencia Militar, prácticamente sin escolta, que iba a ver a una bailarina. Inmediatamente lo informamos.

Una noche, tiempo después, yo estaba con una muchacha, y veo a Rolando Cubelas (luego traidor a la Revolución) y a Juan Pedro Carbó que salen y me dicen que están en un operativo. Al otro día me enteré que habían ajusticiado a Blanco Rico.

-¿Entonces se vincula al Directorio Revolucionario?

Yo, más bien, me vinculo a la Federación Estudiantil Universitaria. Así participé en todas las manifestaciones. Cogía un Colt 38 y salía a la calle a enfrentar lo que fuera. Estuve en todas las protestas de diciembre de 1955: la del día 2, del 4, del 7. Después, por órdenes superiores, fui a Placetas para participar en la huelga azucarera del 14 de diciembre. Luego seguí colaborando en todo lo que se presentaba. Continuaba vendiendo bonos del 26 de Julio y trasegaba armas entre la Universidad y Pituso en San Lázaro 1214.

La pérdida de compañeros y amigos marcó para siempre la vida de Maximino. Aunque no participó en el asalto al Palacio Presidencial y la toma de Radio Reloj, estos hechos dejaron su huella: “Cuando supe sobre los crímenes cometidos contra mis compañeros y vi tanta barbarie, tantos muertos, entonces me volví más revolucionario. Y no me asusté, porque el fervor revolucionario no admite miedos. Al contrario, lo que sucedió el 13 de marzo me convenció de que era necesario seguir luchando para derrotar al tirano. Por eso marché hacia el Escambray”.

-¿Va inmediatamente para el Escambray?
 
No inmediatamente. Estuve un tiempo más en La Habana. Participé en la huelga del 9 de abril de 1958, y después, en mayo, regresé a Placetas. En los meses siguientes hice varios contactos con  la gente del Escambray, pero ellos preferían que continuara en el llano y desde allí los apoyara mandando ropas, comida, armas.

Pero a principios de noviembre cogí mi famoso 38 y decidí alzarme. Al llegar, fui ubicado bajo las órdenes del capitán Jorge Álvarez. Luego me hicieron responsable del campamento Ramón Pando Ferrer, en Güinía de Miranda, territorio que ya había sido tomado por el Che. Cuando vieron que yo tenía un grado de escolaridad elevado, me nombraron también miembro de la Unidad Jurídica y auditor de la zona. 

-¿Cuándo conoce al Che?

En la ofensiva de finales del año 1958, cuando tuvimos que tomar Fomento y Báez. Pero mira qué cosa más curiosa: mi padre lo conoció primero que yo. Sucedió que el viejo era muy dinámico y un poco aventurero, y cuando se enteró que el Che acampaba en el Pedrero, fue allá para conocerlo y conversar con él; y yo no lo sabía. Un día me dijeron: “Oye, tu padre le lleva tabacos al Che”.
 
-¿El Che fumó tabacos Maximino?

Sí, tabacos Maximino, y le encantaban. Entonces yo seguí su ejemplo y fui a ver al Che varias veces, porque su campamento quedaba cerca de Güinía. Después me contaron que un día él llevó a mi viejo a una tienda y le enseñó una gran cantidad de suéteres, materiales de oficina, ropas, y hasta un cuño con mi nombre. Cuando mi papá le preguntó qué era aquello, le respondió: “Son cosas que le envían a tu hijo y yo las intercepté, a él le sobran porque tiene muchos amigos en Placetas que se lo mandan. Nosotros vinimos descalzos y somos pobres, tu hijo es un privilegiado en medio de las lomas”. 

En Fomento, el Directorio 13 de marzo  me puso bajo las órdenes del Che y tuve la oportunidad de conversar mucho con él. Era un hombre impresionante, muy inteligente, un tremendo estratega, tenía una mirada impactante. Algo me llamó mucho la atención, su osadía sin límites, jamás evitaba el combate. Su grandeza era tal, que cuando se firmó el Pacto del Pedrero, todos aceptamos sin discusión su responsabilidad como mando superior de la columna, porque sabíamos que él era el jefe.

Después atacamos Remedios. Allí se le ocurrió al Che montar una alcaldía y me puso de secretario. Eso fue el 26 de diciembre. Claro, la alcaldía duró poco porque nos fuimos para la batalla de Santa Clara. Ahí me metí en la vanguardia con la tropa de Rogelio Acevedo. Después estuve en el tiroteo frente al hotel principal de la ciudad. Ese momento fue duro porque había unos cuantos francotiradores batistianos. Pero apareció un tanque de guerra, dirigido por Alfonso Zayas, que disparó contra el hotel y causó destrozos tremendos. Después se tomó el cuartel Leoncio Vidal, y entonces alcanzamos la victoria.
  
Luego del triunfo de la Revolución, Maximino asumió diferentes tareas, entre ellas, jefe de Impuestos de Transporte Terrestre y jefe de la División de Prevención del Contrabando. Cuando reabrió la Universidad, él volvió: “Tuvimos que regresar, porque además de no haber terminado la carrera, debíamos ser los líderes estudiantiles de la nueva etapa revolucionaria. En ese cometido la FEU desempeñó un papel fundamental, con jóvenes como Fernando Vecino Alegret y Ricardo Alarcón, quien fue extraordinario políticamente.

“Yo le llamo las tres FEU. La primera fue la de la unidad revolucionaria. La segunda, de Alarcón, la de la profundización ideológica, ese es mi criterio. Y la tercera fue la de la consolidación del socialismo, que fue la de José Rebellón y mía”.

-¿Qué elementos diferencian a la Universidad que cerró en 1956 y la que reabrió en 1959?

Son abismales las diferencias. En el 56 cerramos una universidad burguesa, de niños lindos y privilegiados, corrupta en su seno, de politiquería. Y la del 59 fue distinta completamente, nosotros tuvimos que depurar aquello. Tomamos la Escuela de Derecho y botamos a todos los profesores. Metimos entonces a los nuevos revolucionarios. Al mismo tiempo, José Rebellón tomó Ingeniería. Rompimos con el claustro de profesores de todas esas escuelas para poner a los revolucionarios. Hicimos la Junta Superior de Gobierno y la Junta de cada escuela. Aquello que venía de Córdoba en Argentina, nosotros lo hicimos, pero con una alcance mayor, porque ya teníamos la revolución en el poder. Así se formó la Universidad del pueblo. Lo que quisieron Mella y José Antonio, lo logramos nosotros. 

-¿Y qué opina sobre la Universidad de hoy?

La Universidad actual es otro mundo, es un mundo nuevo, de tecnologías y del avance de la ciencia. Los jóvenes de ahora son más cultos, más capaces, hay más profundidad, nosotros no éramos tan profundos. Nosotros éramos oradores natos, pero no había esa profundidad en el análisis. La profundidad de la juventud de ahora me hace entender  por qué Fidel dice que la única solución es educación, cultura, conocimiento, y lucha de ideas. No es una quimera, es la realidad. La única forma de liberar al hombre en este mundo es con educación, con cultura y con ideas.
 
-¿Cuáles son los desafíos que un joven de la década de los años 50 ve en los jóvenes del siglo XXI?

El desafío de la juventud de hoy es enorme. Los viejos estamos pasando, quedamos muy pocos; los jóvenes son el futuro. Lo primero que tiene que hacer la juventud de hoy es superarse, y estudiar. Y preparase para enfrentar el mundo que se avecina. La juventud tiene que mantener ese optimismo de Fidel. Optimismo y fe. Seguir adelante, estudiar y seguir los consejos de Fidel, porque es el único político en el mundo que sabe tocar los puntos claves de la problemática actual. Cuba tiene que seguir hacia adelante con los principios de la sociedad socialista y de la defensa de la patria. Soberanía e independencia, sin soberanía e independencia, no hay nada. Pero yo sé que todo va a estar como tiene que estar, porque tengo fe inquebrantable en los muchachos de hoy, y tengo fe inquebrantable en el futuro.
 
FICHA TÉCNICA:

Objetivo Central: Plasmar en la entrevista la participación de Maximino González en la etapa de lucha revolucionaria de los años 50 del pasado siglo.

Objetivos colaterales:

Indagar en la formación como revolucionario de Maximino González desde su niñez y adolescencia.
Conocer su participación en la lucha estudiantil en la Universidad de La Habana.
Conocer su participación en la lucha armada en el Escambray.
Conocer su opinión sobre la Universidad de La Habana en diferentes momentos históricos.
Buscar sus consejos para los jóvenes del presente y del futuro.
  
Tipo de entrevista:

Por su forma: Mixta.
Por su contenido: de Personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo.

Tipo de título: de Cita Textual.
Tipo de entrada: de Anécdota (o anecdótica).
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de conclusión: De Opinión o comentario del entrevistado.

Fuentes consultadas:

Entrevistado: Maximino González Gutiérrez. Tipo de fuente: Directa. No documental. Primaria.

García Oliveras, Julio: Los estudiantes cubanos. Ediciones Abril, 2003. Tipo de fuente: Documental. Secundaria. Indirecta.

Che Guevara, Ernesto: Pasajes de la guerra revolucionaria. Tercera Edición. La Habana: Editora Política, 2000. ISBN 959-01-0400-2. Tipo de fuente: Documental. Secundaria. Indirecta.



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