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RAIZA ACOMPAÑADA

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La doctora Portal Moreno ha dedicado gran parte de su vida a formar comunicadores y periodistas: "En las generaciones sucesivas de alumnos y en mis compañeros de trabajo encuentro la prolongación de la familia".

SUSANA PÉREZ GIL,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

"El magisterio lo llevo en la sangre", dice y sonríe la doctora Raiza Portal Moreno haciéndome cómplice de su confesión. Así me permite entrar en su mundo de pizarras y tizas, de los rostros de tantos cursos imposibles de encerrar en los recodos de la memoria.

Ella recuerda aquellos tiempos cuando participó en la Campaña de Alfabetización siendo prácticamente una niña, sin imaginar que su  hazaña de adolescente estaba haciendo historia, al extremo de que varias décadas más tarde todavía siente el placer de compartir conocimientos con sus alumnos como si develara un importante secreto.

Inspirada en la figura de la abuela paterna, escogió el magisterio como profesión, sumándose así a una larga tradición familiar. Graduada del Instituto Pedagógico Makarenko, del Instituto  Superior Pedagógico Enrique José Varona y licenciada en Historia en la Universidad de La Habana, Raiza ha dedicado gran parte de su vida a formar comunicadores y periodistas, una realidad que supera con creces los sueños de esta mujer que confiesa que "solamente aspiraba ser una maestra de primaria como mi abuela, quien ejerció durante casi 50 años".

Aunque ha recibido numerosos reconocimientos como las medallas Rafael María de Mendive y la de la Campaña de Alfabetización, y el Sello Aniversario de la Universidad de La Habana, entre otros, su modestia solo la deja valorar como el mayor estímulo por su trabajo el amor de los alumnos. Ese, comenta, queda grabado como imborrables huellas. Las mismas de una vocación descubierta hace mucho en medio de las montañas del Escambray, de ahí que conserve intactas las ganas de seguir renaciendo frente al aula.

Doctora en Ciencias de la Comunicación y Profesora Titular de la Facultad de Comunicación, es reconocida por el claustro y sus alumnos más allá del nivel académico, como una persona sencilla, afable, amante del anonimato, de la constancia, creadora y exigente. No habla mucho fuera del aula, pero siempre está dispuesta a brindar un consejo, un punto de vista repleto de certezas y seguridad en los juicios.

Entre sus preocupaciones como pedagoga universitaria están la formación de valores, de egresados que cumplan con el encargo social de su tiempo, el preservar y enriquecer el legado de la Universidad de La Habana y que esta siga siendo, como hasta ahora, una fragua de ideas y del pensamiento nacional.

-¿Cuánto significó para usted comenzar a trabajar en 1977 como profesora en la Facultad de Preparatoria de la Universidad de la Habana?

Llegué allí por casualidad. Alguien no podía aceptar la plaza de profesor de Historia de Cuba para estudiantes extranjeros y yo necesitaba cambiar de trabajo. Estuve nueve años y fue una importante experiencia para mi vida personal y profesional.

Fui maestra de estudiantes de casi todas partes del mundo y eso siempre es una experiencia enriquecedora. Aprendí a tomar té bien caliente rodeada del humo de decena de cigarros en los cuartos de los palestinos, mientras esperaban las noticias de los resultados de los bombardeos israelíes.

-¿Considera que fue un gran paso en su vida comenzar a trabajar en la Facultad de Comunicación?

Realmente empecé en la recién creada Facultad de Periodismo. Después vendría el cambio de nombre y de concepción.  Fue una transformación importante en mi vida y una experiencia extraordinaria. Los estudiantes son muy buenos, personas muy vocacionadas. El procedimiento podía ser elitista, pero me ha dado la oportunidad de trabajar con personas muy preparadas y de vocación muy definida.

-¿Qué diferencia la enseñanza universitaria del resto de las enseñanzas?

La Universidad, en el sentido del enfrentamiento con los alumnos, en el sentido de la disciplina, en el sentido de la organización, es algo que no tiene comparación con otros niveles de enseñanza porque constantemente exige superación, elevar el nivel, ser más analítico, mejor profesional. Por un lado, tienes que dar respuesta a los cambios que se suceden constantemente en el aprendizaje y, por otro, debes de estar a la altura de alumnos que cada vez llegan  con más exigencias.

-¿Cómo era la Universidad en el momento que usted comienza trabajar en ella?

Hace 21 años comencé en la Universidad. Dicen que ningún tiempo pasado es mejor. Desde que empecé hasta hoy, realmente la diferencia no es tanta. El estudiantado de aquella época era muy entusiasta, trabajador. Había un gran sentido de pertenencia hacia la Universidad y a organizaciones como la Federación Estudiantil Universitaria.

Era una Universidad un poco parecida a la de ahora, aunque se era menos compasivo con los estudiantes, más activo y más crítico ante lo que sucedía. Pero generalmente el estudiante universitario sigue siendo una persona comprometida y renovadora. No hay una ruptura entre la Universidad que conocí y la que existe hoy.

-¿Cree que la Universidad ha desempeñado un importante rol en la profesional que es hoy?

Sí, indudablemente. La Universidad tiene su propia cultura, esa que no debería perder. Esa cultura de superación constante que implica respeto, valores, sin llegar a los extremos. Creo que en ese sentido en ningún otro lugar hubiera adquirido la disciplina y la constancia que adquirí aquí. Pienso que si pierdes esa constancia y rigurosidad en el trabajo fracasas totalmente. Considero que la Universidad me ayudó mucho, sobre todo en mi desempeño como profesional.

-¿Cuál considera que ha sido su mayor contribución a la casa de altos estudios?

La de ser una profesora de aula, profesora guía. También considero como aporte más importante crear un espacio en la Facultad donde esta pueda servir y contribuir a la sociedad, que es en definitiva la razón fundamental de la ella. Además, tuve el honor y el privilegio de abrir el área de Comunicación y Educación y ser promotora de la nueva disciplina que se llamará Comunicación y Desarrollo, donde por primera vez se abordará, desde la Facultad, el trabajo comunitario con actividades de bien público.

-¿Qué cree de la Universidad de La Habana en su aniversario 280?

Indudablemente la Universidad de La Habana, una institución casi tricentenaria, es una institución que deja su impronta en la gente, lega su cultura institucional dentro de la personas y sigue siendo un símbolo. Eso se materializa en los principios de todos sus estudiantes. Hay algo muy importante de ella, y es que sigue siendo muy cercana a la vida.

Los resultados universitarios indudablemente se revierten en la sociedad. Y ahora tiene un gran reto, que es trasladar lo mejor de esa cultura a los municipios. En su aniversario 280 es una Universidad solucionando problemas. Es una Universidad acompañando a la vida.

-¿Cómo le gustaría que fuera en el futuro?

Me gustaría que conservara los valores que posee y que incorporara nuevos. Cada tiempo tiene su impronta y esa huella queda en la vida de la Universidad y de ella se alimenta y se proyecta al futuro. Quisiera que siguiera siendo cercana a la vida, pero con mayor poder de incidencia en ella. Y, sobre todo, que nunca abandonara el espíritu de estudio y de investigación. Una Universidad que pueda incorporar todo ese proceso de transformación, pero bajo los principios de cercanía a la sociedad.

-¿Piensa que ha sido gratificado su trabajo como profesora?

Espiritualmente, sí. Yo no se qué es la soledad. Mis compañeros de trabajo y ex alumnos siempre están atentos, si hacen sus fiestas en la casa, me llaman por teléfono para que asista. Nunca estoy sola en la Facultad. Allí siempre me siento muy acompañada.

Realmente, tampoco nunca imaginé llegar a ser profesora universitaria. Yo solamente aspiraba ser una profesora como mi abuela, una maestra de primaria que ejerció durante casi 50 años.

-¿Qué consejo da a la nueva generación universitaria?

El más importante es que cada generación cumpla con los cometidos de su época. Estar viviendo y no vivir, es morirse dos veces. Les aconsejo a los jóvenes que defiendan su derecho al estudio y su vínculo con la sociedad. Es muy importante que no pierdan el espíritu crítico y combativo. Un joven está perdido si pierde la capacidad de cuestionar. Por eso, les sugiero que mantengan el derecho a ser útiles, a estudiar, a contribuir con el desarrollo de la sociedad. Deben preservar la frescura y el compromiso con sus convicciones.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

01/02/2008 22:42 islalsur #. Nosotros, los del 280


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