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S.O.S: ECOSISTEMA EN ESTADO DE COMA

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La contaminación de las aguas interiores y marinas es uno de los cinco problemas ambientales de nuestro país, en las playas del este de la capital es el que más afecta.

ALEJANDRO RUIZ CHANG,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana. 

Comienza una etapa más de verano en la Isla. Las temperaturas empiezan a elevarse y cada vez son más fuertes las ansias de los cubanos de darse un chapuzón en sus refrescantes playas.

Uno de los destinos preferidos de los capitalinos son las Playas del Este, las que en los meses de julio y agosto son el lugar de más concentración de personas en busca de una piel dorada por el sol o de un picnic con amigos.

¿Quién no recuerda los paseos con toda la familia por esas arenas? ¿Qué capitalino no se ha mojado en sus aguas? Sin lugar a dudas cuando el calor arrecia no hay otro destino para refrescarse que Santa María del Mar, el Mégano, Bacuranao, Boca Ciega y Guanabo.

Este último es un paraíso terrenal para los que van en busca de un «verano a lo cubano», pero no se percatan de que detrás de todo lo maravilloso, allí hay un Patrimonio Natural en decadencia por los efectos causados por la acción del hombre.

LA HISTORIA CON FIN

Guanabo es el territorio de la capital más dañado medioambientalmente a lo largo de la historia. En la década del 40 del pasado siglo los dueños de las fincas comenzaron la construcción de sus casas; junto con estas fabricaban la fosa para evacuar los residuos sólidos. Esto se extendió hasta la línea de la costa, afectando en gran medida y viabilizando su retroceso, según mediciones realizadas por el Instituto de Oceanología.

En esa época faltó la construcción de un sistema de drenaje pluvial, y en consecuencia, el agua corría directamente al mar. Desde entonces los sistemas de fosas se afectaron y las aguas albañales actualmente inundan las calles.

«Hoy existen varios vertimientos críticos, como los de las calles 476 y 480 y el de la Villa Azucarera, cita en 3ra entre 492 y 494 que descargan directamente al mar, lo que afecta en gran medida el ecosistema marino y afea visualmente la playa», comenta Ivón Cayarga Morales, licenciada en Biología y museóloga que atiende el patrimonio natural  en el municipio.

Otro aspecto que preocupa a los especialistas de la zona son las dunas, pequeñas montañas de arena cubiertas de vegetación costera, cuya presencia y fortalecimiento constituye un elemento fundamental para la conformación y durabilidad de las características geomorfológicas de estos paisajes.

«Con toda esta urbanización que tomó fuerza al transcurrir los años y se agudizó aún más con el desarrollo del turismo en la zona -afirma la licenciada-  se realizaron disímiles construcciones sobres las dunas de arena sin tener presente que esto rompe el ciclo natural de la playa, ocasiona el retroceso de la línea de costa y produce pérdidas considerables de volúmenes de arena, vegetación natural del lugar y afloramientos de rocas».

En la franja de playa también se prohíbe  la acumulación de desechos sólidos o cualquier otro residuo, pues esto causa problemas higiénicos sanitarios y desvaloriza la imagen turística del lugar.

Las autoridades encargadas de contribuir con la limpieza y cuidado de la zona han ubicado cestos de basura en casi toda el área, pero los bañistas no toman consciencia y arrojan los desperdicios sobre la arena o simplemente destruyen los cestos.
Los pobladores de la localidad abogan por que se tomen medidas contra los irresponsables que incumplen las reglas de protección al Medio Ambiente. María Esther Delgado, vecina de una zona cercana a la playa expresa «si no cuidamos lo que nos ofrece la naturaleza dentro de unos pocos años no vamos a poder gozar de sus beneficios. Los visitantes en los meses de verano ensucian toda la playa con botellas, pomos, latas y otros desperdicios; se puede disfrutar, pero hay que tener consciencia».

¿DAÑARNOS ES EL CICLO?

La contaminación de las aguas interiores y marinas es uno de los cinco problemas ambientales de nuestro país, en las playas del este de la capital es el que más afecta.

En la localidad de Guanabo se encuentra un río de igual nombre, cuya cuenca es de 72 kilómetros cuadrados, la mayor del municipio La Habana del Este.

Con una extensión de 13 kilómetros, este tiene 10 fuentes contaminantes: los residuales de Campo Florido, Caserío de Guanabo, Peñas Altas, Veneciana, la Empresa Industrial Guanabo, la terminal de ómnibus y diversas instalaciones pecuarias existentes en la cuenca.

La licenciada Cayarga precisa que «los principales contaminantes del río Guanabo son: las aguas residuales, los agentes infecciosos, así como los nutrientes vegetales que pueden estimular el crecimiento de las plantas acuáticas, las que a su vez, interfieren en el posterior uso del agua y al descomponerse agotan el oxígeno disuelto y producen olores desagradables. También productos químicos, incluyendo pesticidas y detergentes.

«Este río, añadió, desemboca directamente en la playa y el vertimiento de residuales líquidos ha ocasionado la contaminación bacteriológica de las zonas de baño. De prolongarse esta situación se contaminará el manto freático».

Es importante resaltar la necesidad de revertir con urgencia la situación actual de esta cuenca, pues tributa sobre uno de los principales balnearios de la ciudad y de la salud ambiental de este río depende también la salud de los seres humanos que hacen uso de estas playas.

Con el vertimiento de aguas albañales y productos químicos se va perdiendo la biodiversidad, han desaparecido especies de peces y crustáceos.

Reyna Herrera, graduada en Geofísica y residente en el lugar, recuerda cómo el río hace 30 años no mostraba esas condiciones: «Fue después de la fabricación de la comunidad Peñas Altas, Campo Florido y La Coca que se comenzó a verter los desecho directamente a este, sin medir las consecuencias y los efectos negativos que podría traer para la salud del hombre y del ecosistema en general.

«Hemos notado la pérdida de la biodiversidad de la zona, son muy molestos los fuertes olores que contaminan el aire y las aguas, y lo peor de todo es que esta última se vierte directamente en nuestras playas.

«Nuestra propia irresponsabilidad y la falta de acciones sobre el problema nos hace cómplices y a la vez víctimas de la situación ecológica que afecta a las presentes y futuras generaciones. Sería muy útil la construcción de una laguna de oxidación en la zona, pues evitaría la agudización de los problemas ambientales para el futuro.

«Queremos hacer un llamado a la consciencia de todas las entidades y al Gobierno de nuestro país -afirmó-, para que accionen y se tomen medidas encaminadas a la protección y conservación del ecosistema. Es una responsabilidad de los hombres velar desde hoy por la salud del medio ambiente».

NUESTRO GRANITO DE ARENA

Ivón Cayarga, quien también es integrante del Grupo Sibarimar de Pro-naturaleza, refirió que «somos administradores de dos áreas protegidas de la zonas con alta significación local, los Paisajes Naturales Protegidos Rincón de Guanabo y Laguna Cobre-Itabo, donde trabajamos en coordinación con el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) en la conservación y protección de todos los ecosistemas de la zona como la barrera coralina, las playas y los manglares».

Los estudiantes quieren dar su aporte al cuidado del medio ambiente en su localidad, situación que cobra vida en la secundaria básica Amador López Mosquera, donde se realizan talleres y círculos de interés sobre educación ambiental y se les orienta a los pioneros cómo contribuir a la protección de los paisajes naturales y la limpieza de las playas.

De igual manera, en la comunidad de Campo Florido existe el Círculo de Interés Mi escuela verde con alumnos de cuarto grado de la primaria Vitalio Acuña, cuyo objetivo fundamental según cuenta su instructora Reyna Herrera es «despertar desde edades tempranas el cuidado, protección y valoración de los recursos naturales de nuestra comunidad».

Existen otros organismos que trabajan en la conservación de estos ecosistemas como el Departamento de Geoecología y Paisajes, perteneciente a la Facultad de Geografía de la Universidad de La Habana y la Universidad de Málaga.

De igual manera el Departamento de Protección Costera del Instituto de Oceanología lleva a cabo el proyecto «Análisis actual de los procesos de erosión en las Playas del Este de Ciudad de La Habana. Acciones a ejecutar para la rehabilitación del paisaje costero» y el Instituto de Geografía Tropical, con un programa dirigido por la doctora Odil Durán.

Reyna Herrera nunca olvida un pensamiento de José Martí que expresa: ¡Somos jóvenes, y si no hacemos cuanto la Naturaleza espera de nosotros, seremos traidores!

«Para el Apóstol la Madre Natura era nuestra segunda madre, si nos ofrece a diario todo lo que con millones de años ha construido, ¿por qué arruinarlo con una acción irresponsable?. No permitamos que se destruya un ecosistema tan preciado como las Playas del Este, es deber de todo cubano velar por la protección y mantenimiento de sus patrimonios naturales. Más que hablar tenemos que actuar, hay que convertir las ideas en acciones».

 



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