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ENTRE LA HONESTIDAD Y EL RIESGO

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YOHANA LEZCANO LAVANDERA,
estudiante de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El periodismo es una de las profesiones más peligrosas existentes en el mundo. Sólo en el 2007 perdieron la vida 93 profesionales de la información durante el desempeño de su quehacer.

El país más riesgoso para los defensores de la verdad es Iraq, donde la mayoría de los corresponsales muertos son los propios iraquíes, víctimas de tiroteos, explosiones y brutales apaleamientos.

Desde que empezó la guerra en marzo de 2003, han muerto más reporteros en ese país que durante la Segunda Guerra Mundial y la cobertura de los dos decenios de la guerra de Vietnam, según un informe de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas (CIAP), emitido en el 2006.

El contexto latinoamericano es también alarmante: desde el 1 de enero hasta el 30 de abril, asciende a 15 la cifra de periodistas asesinados en la región, estadística verdaderamente monstruosa si se compara con las 27 víctimas de todo el año anterior, expresó Ernesto Carmona, secretario ejecutivo de la CIAP, durante el coloquio Por el respeto a la vida de los periodistas, celebrado en La Habana.

Las persecuciones y los asesinatos, en represalia a la labor de denuncia que profesaron, han sido las primeras causas de muerte de esos profesionales de la información; no obstante, las desapariciones y los secuestros hacen aún más inseguro el ejercicio de informar.

El aumento de golpizas policiales y atentados legislativos, así como la censura de la cobertura informativa, constituyen otras limitantes que enfrentan a diario los comunicadores por acusar corrupciones políticas, delitos gubernamentales, homicidios, narcotráfico y otras actividades de organizaciones insurgentes.

Ernesto Vera, presidente de honor de la FELAP, dijo a Prensa Latina que el periodismo en Latinoamérica se ha convertido en la profesión más peligrosa de todas, pues está midiendo de manera mejor el alto sentido de corrupción generalizada de la sociedad capitalista en tiempos de una aparente democracia no autoritaria.

México ocupa el triste primer puesto en la lista de los países más inseguros para los hacedores de noticias con seis asesinados y un desaparecido, quienes figuran entre los 80 periodistas muertos en los últimos 25 años, advierte un informe reciente de la FELAP en esa nación.

Alrededor de mil periodistas han sido asesinados en América Latina desde la década de 1970, sin que haya ninguna guerra interna ni invasión militar extranjera frontal, sino por tratar de cumplir en alguna medida con los principios de su trabajo, argumentó Vera.

“La nuestra es la única profesión que realizarla con ética en estos países puede costar tanto, pues los periodistas son testigos incómodos para los regímenes arbitrarios de las dictaduras militares y neoliberales”, argumentó el también presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en el período 1966-1987.

Diversas organizaciones a nivel mundial condenan la impunidad en la cual permanecen esos crímenes por responder a los intereses de quienes están en el poder, y exigen justicia para los culpables en nombre de esos hombres y mujeres que pagaron con la vida la voluntad de enjuiciar aquello que por cobardía muchos no critican.

La FELAP indica en su línea política que trabajan para salvar la paz y no estarán ajenos, callados ni neutrales frente a los crímenes contra periodistas, pues “en la lucha de ideas, las ideas que no se conocen no luchan”.

Asimismo, la UPEC incluye en su Plan de Acción 2008-2013, aprobado durante el VIII Congreso en julio pasado, “reclamar el cese de la impunidad en los asesinatos a periodistas y la solidaridad con otros colegas perseguidos y agredidos por defender la verdad”.

Vera consideró, además, que es lamentable la cifra revelada de periodistas asesinados, pero es más alarmante todavía la amenaza con la cual vive cualquiera de los comunicadores de los medios latinoamericanos, sometidos a torturas psicológicas y al terrorismo mediático.

“A pesar de todo hay una voluntad de elevar la dignidad de la profesión, hay una señal entre los periodistas que los hace ser, independientemente del origen que tengan, defensores excepcionales de lo justo”, agregó Vera.

Los atropellos en contra de la prensa no solo afectan a los profesionales del sector, sino a todos aquellos que reciben a diario una información mediatizada, verdades a medias.

La honestidad no se asesina; esos periodistas muertos son símbolo del decoro y la entrega a un sueño y una misión, y reviven en cada mente que se despierta de la hipnosis impuesta por los grandes medios. El periodista comprometido elevará la dignidad por encima de todo chantaje y de toda mentira.

La justicia y la moral reivindican a quienes han puesto, sobre su integridad física y psicológica, los valores éticos, prestos a pronunciar las urgencias de lo más genuino de la sociedad.

 



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