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“EL HOMBRE NUEVO NO SE DA SILVESTRE”

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Rolando Pérez Betancourt, uno de los cronistas de cine de más larga trayectoria en nuestro país, se declara fiel y eterno inconforme.

LIDIA HERNÁNDEZ TAPIA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Al periodismo llegó por el camino de la imprenta y es hoy uno de los cronistas de cine de más larga trayectoria en nuestro país. En el 2008 recibió el Premio Nacional de Periodismo José Martí. Detrás de los laureles y los premios, se muestra un hombre elocuente y sensible, incluso misterioso, de una prosa culta, pero no molesta, que encuentra en la crítica un rol creativo; no la disfruta, pero la ve necesaria: es el periodista cubano que se declara un fiel y eterno inconforme.

Su premisa en 45 años de labor ha sido: “Nadie, fuera del periódico, me revisa lo que escribo y nadie, incluso dentro del periódico, me puede ordenar escribir algo acerca de un filme con el que no esté de acuerdo”. 

Rolando Pérez Betancourt, el muchacho religioso, el reportero submarino compañero del legendario fotógrafo Alberto Korda, el temprano exponente cubano del Nuevo periodismo o Periodismo literario, el testigo privilegiado del éxodo del Mariel,  el romántico de la máquina de escribir resignado a las imposiciones de las tecnologías, el conductor que cada viernes abre “la séptima puerta” para hablar de lo humano y de lo divino, está ahora delante de mí…

-Se le conoce como una persona que expresa lo que piensa y defiende su criterio, aunque éste no concuerde con el de los demás. ¿Ello le ha ocasionado conflictos en su profesión?

Muchos, y aunque no me considero un tipo problemático, me encanta  no coincidir con los demás. Sería muy aburrido si todos pensáramos igual. A mí me gusta trabajar en un estado de conciliación en todos los aspectos de mi vida, pero a veces  te encuentras tanta falta de sentido común, una cosa tan simple como esa, y chocas necesariamente.

-¿Defiende usted la teoría de que sólo es periodismo aquello que molesta?

No. Esa es una vieja tesis del escritor peruano Mario Vargas Llosa. Según él, tanto en el periodismo como en la literatura, quien escribe debe ser como un aura tiñosa, que levanta el vuelo y sólo se alimenta de carroña. Sí lo veo más efectivo, porque siempre hay contradicciones. Ese es uno de los problemas de nosotros: hablamos de crear un hombre nuevo y después sales a la calle y te das cuenta de la doble moral, de las dos caras… El hombre nuevo no se da silvestre. Además, cuando tú no haces el periodismo como quieres, creas una autocensura y eso es fatal.

-En un momento de su vida prefirió hacer reportajes submarinos  en lugar de  dedicarse  al mundo terrenal,  ¿por qué?

Ah… ¿tú has buceado alguna vez? Te lo recomiendo. Cuando descubres las maravillas del fondo del mar… es tremendo. Yo estuve buceando con Korda, el fotógrafo, gran amigo mío, aportó mucho a mi vida, no solamente en el aspecto profesional. Nosotros nos enrolamos más de dos años buscando tesoros en las costas de Cuba, viviendo como Robinson Crusoe. Para mí fue fascinante, hasta el punto de  pensar estudiar Biología marina.

-Desde niño siente pasión por el cine, incluso se disfrazaba para poder ver las películas prohibidas para su edad. Una vez en el periodismo, ¿qué lo conduce a la crítica cinematográfica?

Cuando  descubrí que en el periodismo nacional no podía hacer todas las cosas como hubiese querido, en el aspecto crítico, me decidí por un viejo sueño: la crítica cinematográfica. Escribo también sobre otros temas, pero lo que yo quiera. Ese periodismo triunfalista, que siempre aplaude, por nada en la vida sería capaz de volverlo a hacer.

En el último congreso de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba publiqué un documento, como una especie de testamento, Fieles y eternos inconformes. Soy fiel a la Revolución,  pero a la vez soy un eterno inconforme: no estoy conforme con el periodismo que se hace en Cuba.

-¿Cómo dibujaría  al periodista cubano perfecto?

Alguien que nunca esté de acuerdo con lo que pensó el día anterior y  trate de encontrar lo mejor a partir de ese continuo cuestionarse, sobre todo, con capacidad de riesgo. Debe poseer una buena preparación, saber el terreno donde pisa, para no convertirse en el clásico elefante dentro de  la cristalería.

-¿Cuál es el filme cubano que más ha disfrutado criticar? ¿Le parece ahora más fácil o asequible hacer una crítica al cine cubano revolucionario?

No, yo no disfruto criticar, a mí me molesta. Ojalá todas las películas cubanas fueran un Ciudadano Kane o un Memorias del subdesarrollo. Un cineasta cubano pasa mucho trabajo: el dinero, los actores… Después llega un crítico y en media hora se la destroza. Es doloroso. Te lo digo porque soy un creador también. Fernando Pérez es mi gran amigo; vi Suite Habana varias veces  y lloré como un bobo, pero La vida es silbar  no me gustó y se lo dije. Me parece que su carga de simbología y metáforas no cuaja ni al paso del tiempo.

Ahora cualquiera hace una crítica; en otra época, no. A mí me rompieron un cristal del carro por una. El Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos,  no te pone las trabas de antes. Yo estuve un tiempo desvinculado por eso. Cuando volví, puse las reglas del juego: escribía lo que quería y nadie me lo arreglaba. Desde entonces han pasado 20 años y si un día no es así, no lo hago más.

-En opinión de muchos, si el artista no existiera, el crítico se moriría de hambre… ¿Por qué critica cine y no lo hace?

Nunca me ha interesado realmente. Me di cuenta de que en Cuba era un trabajo muy colectivo y eso no me gusta. También por ciertas discrepancias con la dirección del cine, de tratar de imponerte las cosas. Siempre ha habido el concepto del crítico como especie de parásito. Yo lo considero  un creador. Woody Allen (el escritor, actor y director de cine estadounidense), existe, sobre todo en Europa, gracias a los críticos. Grandes directores han dicho no leer crítica y, al morirse, se revisan sus papeles y vemos las colecciones.

Con los años la crítica se prostituye cada vez más. A veces muy bien hechas, pero detrás hay tendencias. Por ejemplo, montan a alguien en un avión, está tres días en un hotel cinco estrellas, tiene la posibilidad de entrevistar a Brad Pitt y a Julia Roberts; cuando vuelve, ¿qué crees que va a escribir?

En un programa de televisión no puedo hacer la crítica que quisiera, no estoy loco para hacerla. La televisión como medio nunca me ha gustado. Allí se trata de popularizar un gusto, de decir algunas cosas, pero debes “llegar” al lechero, al chofer, al universitario, a todo el mundo. Con el periodismo pasa igual.

-¿Qué cree del conductor de un programa de cine que cuenta la película?

Ah, no, eso es terrible. Quizás yo lo haga una u otra vez, el reto está en disfrazarlo. Si  lo cuentas todo, te odian.

-En los años setenta se ve envuelto en una polémica profesional: lo citaban como exponente del llamado Nuevo periodismo, atribuido en exclusivo a los norteamericanos y en especial a Tom Wolfe. ¿Cómo define su estilo?

La tendencia de ligar ficción y realidad, dentro de lo verosímil, existe. Yo hice una sección en Granma, Sucedió hace veinte años, después se hizo el libro, donde reconstruí día a día el año 1956, a base de imaginación. Estaba haciendo Nuevo periodismo, pero sin darme cuenta. Fue el trabajo más bárbaro de mi vida. Me enseñó la disciplina, y que si todos los días escribes una cuartilla, al año tienes 365.

-Hábleme acerca de las experiencias a las que se refiere en La última mascarada de la cumbancha, su más reciente novela publicada. ¿Tiene algún proyecto después de ella?

Ese libro se agotó aquí muy rápido y no se ha vuelto a editar. Te cuento: en 1980 me iba a infiltrar en la Embajada de Perú como periodista, pero se descubrió que dos antiguos amigos míos, quienes me conocían perfectamente, formaban parte del grupo dirigente; no obstante, estuve todo el tiempo rondando la cerca, recibí los primeros barcos en el Mariel, en fin...

Dejé pasar diez años y en 1990 me senté a escribir La última mascarada de la cumbancha. Después de eso, tengo una novela terminada, caliente también. Es sobre religión. Yo fui un muchacho muy religioso. Tuve lo que se cree vocación, pensar que estás iluminado…Estuve en un Seminario haciendo una prueba vocacional, después llegó la Revolución y el país se transformó. Viví intensamente esos primeros años, cuando la Iglesia estuvo en su contra. Todo ese mundo trato de reflejarlo en la nueva novela.

-Después de 45 años de labor, recibe el Premio Nacional de Periodismo José Martí, ¿siente que ha cambiado algo dentro de aquel muchachito que escribió por primera vez un artículo periodístico?

Yo tengo un gran problema: me siento un muchachito todavía; me parece que me quedan cien años por vivir. Tengo la misma inquietud de cuando era un niño.

-¿Algún consejo a los estudiantes?

No dejar de estudiar nunca. A veces sufro porque no tengo el tiempo necesario para seguir estudiando. Por ejemplo, yo negué la computación, era un romántico de la máquina de escribir; pero hay que estar abierto a todo lo nuevo. Les aconsejo ver muchas películas y leer. No convertirse en un Abelardito, porque hay que vivir.

-Si pudiera vivir  un día dentro de una película, ¿cuál escogería? Si pudiera invitar a la vida real a un personaje, ¿a quién traería y qué haría con él?

La versión original de El último tango en París. La vi en  1973, allá mismo. Estaba prohibida en Italia, a Bertolucci, su director, lo habían excomulgado; en España estaba Franco en el poder y no se podía ver… Me impresionó mucho. Le revela tantas cosas a un hombre que se hace adulto… “Una novela son sus personajes”, decía el escritor argentino Jorge Luis Borges; un filme es igual. Traería a la actriz francesa Brigitte Bardot con 25 años, para hablar nada más… En los años cincuenta los adolescentes estábamos locos por ella. Era muy sensual.

-¿Quisiera decirme la pregunta que nunca le han hecho y le gustaría contestar?

Te iba a decir “los años que tengo”, pero supongo los sepas. Algunas preguntas nunca me las han hecho, mas cada ser humano debe tener su complejidad y te doy un consejo: guarda siempre un poco de misterio. Goethe decía: “qué aburrida es, lo dice todo”.

-¿Cuál considera el papel de los medios de comunicación hoy en Cuba?

Un papel que juegan a medias. La responsabilidad de los periodistas, y no solamente de ellos,  es  acabar de abrir las puertas, sin necesidad de que el periodista siempre tenga la visión certera. El periodismo es parte de riesgo. Su misión no es solamente repetir lo dicho por los políticos, sino también “darles luces”. Es un proceso complicado, pero debemos ir hacia él.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Ficha técnica:

Objetivo central: Conocer sobre la vida y obra de Rolando Pérez Betancourt, Premio Nacional de Periodismo 2008.

Objetivos colaterales: Conocer sus opiniones y/o valoraciones sobre el periodismo de hoy en Cuba, y cuestiones de actualidad relacionadas con los medios de comunicación.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: Individual
Por su forma: clásica (de preguntas y respuestas)
Por su contenido: de personalidad o biográfica
Por el canal por el que se obtuvo: vía directa

Tipo de título: de cita textual
Tipo de entrada: de retarto
Tipo de cuerpo: de preguntas y respuestas
Tipo de preguntas: 1-directa. 2-abierta. 3-directa. 4-abierta. 5-abierta. 6-polémica. 7-agresiva. 8-directa. 9-abierta. 10-directa. 11-abierta. 12-directa. 13-abierta. 14-abierta. 15-directa.
Tipo de conclusión: de opinión del entrevistado.



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