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UN MAESTRO DEL PERIODISMO CUBANO

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José Antonio Benítez Cabrera, hombre con trayectoria profesional inigualable, pero sobre todo, con valores como la sencillez y el comedimiento, demostrativos de su grandeza.
   
LEYDA MACHADO ORAMAS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
 
Benítez impartía su clase cuando, de repente, un desmayo lo desplomó. Había estado un día completo sin comer ni beber agua, trabajando incansablemente. Sus alumnos lo recogieron y llevaron al hospital, donde poco a poco se recuperó. Sin dudas, ese día, más que enseñarles teoría, les dio ejemplo de consagración total a la profesión.

Otro valor que les inculcaba era a no ser absolutos, a ver las cosas en constante cambio, a tener opinión de los hechos, a estar del lado de lo correcto, pero sobre todo, a defender con propiedad sus ideas. Como bien decía: “La verdad no se abre camino por sí sola, hay que saber abrirle el camino”.

Quienes lo conocieron destacan en él su sencillez y bondad, y reconocen que la modestia era el rasgo más hermoso de su personalidad. Esa quizás sea la razón por la que hoy, su nombre resulte desconocido para muchos de quienes integramos las nuevas generaciones de reporteros. Sin embargo, sus contemporáneos lo recuerdan como uno de los mejores periodistas cubanos del siglo XX, y coinciden en que su obra no ha sido suficientemente valorada.

Benítez inició los estudios de Periodismo en la Universidad de Columbia, Estados Unidos. Trabajó durante muchos años en la revista Norte, de Nueva Cork, y en el Departamento Latinoamericano de la United Press Internacional (UPI), hasta que a mediados de 1959 regresó a Cuba.

Sobre esa etapa, Ernesto Vera, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) de 1966 a 1986, y con quien mantuvo una relación muy estrecha, comenta que “tenía como nadie la experiencia personal de haber vivido en Estados Unidos y de haber conocido esa sociedad más a fondo, como una especie de ejercicio parecido al que desarrolló José Martí.

“Tomó la rapidez y la dinámica de la prensa norteamericana. Aprendió a vivir allí con lo que lo rodeaba, a luchar primero en un mundo ajeno al deseado para poder llegar al que soñaba. Sin embargo, no lo deslumbró aquel país y lo demostró en 1960 cuando regresó  definitivamente a la patria. Se incorporó a la redacción del periódico Revolución para construir una labor nueva, diferente, de utilidad social, al servicio de su pueblo  y de una causa justa”.

-¿Cuánto influyó en José Antonio Benítez el triunfo de la Revolución Cubana?

Tanto, que sin haber participado en la lucha del pueblo cubano, decidió abandonar el cargo de jefe de redacción de una agencia de noticias y regresar a su patria a realizar en una sociedad justa la labor que coincidía con sus ideas.

Benítez desde que llegó a Cuba se convirtió en un insurrecto dentro de su especialidad, en un defensor de las causas correctas; demostrando algo muy lindo: que en todas las épocas se puede ser revolucionario, digno y valioso.

Él fue un abanderado del periodismo cubano porque lo hizo con excelencia. No son frases, no son opiniones, no es el afecto que, sin dudas, le tuve; es la dimensión de su obra la que habla por sí sola.

La experiencia de haber vivido durante varios años en Estados Unidos le permitió plasmar en un libro las maniobras del sistema capitalista de ese país, así como las peripecias y sinsabores que allí se sufren. Para escribirlo, recopiló toda la obra martiana sobre el imperialismo y comentó los textos escogidos, fue por eso que lo tituló Martí y Estados Unidos.

Como escribió Roberto Fernández Retamar en el prólogo de dicho libro: “Benítez se encuentra particularmente propicio para desarrollar esta labor, porque al igual que Martí, vivió en las entrañas del monstruo (…) En toda ocasión habla desde dentro, no escribe de oídas, ni por referencia libresca. También él, décadas después del Maestro, tuvo las visiones, las angustias y las esperanzas  que refleja en este libro.”

Sobre su estancia en el periódico Granma, Julio García Luis, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, evoca: “Lo recuerdo trabajando con su máquina de escribir Robotron, su biblioteca personal y recortes encarpetados, sin que siquiera el sueño de una red digital se dibujara todavía en el horizonte y viniera a perturbar su talento apacible de hombre ya vivido, dueño de su oficio y seguro de sí.

“Cuando lo conocí en Granma, yo era jefe de plana y de equipo, y él colaboraba asiduamente conmigo en temas políticos, históricos y culturales.

-¿Cómo era  Benítez en su quehacer profesional?

Era un hombre muy dispuesto. Se le podía pedir cualquier cosa en cualquier momento. Si había algún suceso inesperado en el país, bastaba con decirle que “para la edición de mañana” hacía falta un comentario sobre el secuestro de un grupo de pescadores; y allí estaba, temprano al día siguiente, con un par de cuartillas pulcras, si acaso con alguna tachadura, las que no eran, por cierto, “un pase en limpio” de borradores crucificados sin piedad por el lápiz corrector, sino el par de cuartillas de papel gaceta que había colocado en el rodillo de su maquinita cuando se sentó a cumplir el pedido. Eso no lo podía hacer todo el mundo, pero para él era algo natural.  Iba directo a la obra y no se equivocaba.

Tampoco yo tenía que invertir en él mi tiempo y mi lápiz. Los trabajos de Benítez eran una bendición para la dura e ingrata labor del editor. Pasaban por mi mesa con solo una marca de puntaje y medida para los linotipistas.

Esa labor investigativa también tuvo cauce en libros de infinito valor, como África, biografía del colonialismo, David y Goliat Siglo XX, El Apartheid, y uno de sus más importantes, Técnica Periodística, escrito a petición de la Unión de  Periodistas de Cuba (UPEC), pues no existía ninguno adecuado a la prensa revolucionaria cubana. Sin dudas, cumplió el compromiso al entregar uno de los mejores textos concebidos en esta materia.

La doctora Miriam Rodríguez Betancourt, profesora Titular de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, lo ha utilizado como referencia para algunos de sus trabajos y destaca  como  valores principales “su utilidad como manual, aunque no se haya concebido así, y su pretensión abarcadora en el tratamiento de géneros y medios. En aquella orfandad bibliográfica la aparición de un libro como este fue un acontecimiento para la enseñanza en el país”.

Años más tarde, en 1989,  conformó otro libro que se convirtió en uno de sus mayores aportes al periodismo cubano y universal, La Noticia Integral. En este explica que “información integral es aquella que destaca lo verdaderamente significativo de los hechos, aclara la visión correcta de las cosas que ocurren, proyecta los acontecimientos claves de la historia y  trasmite a los trabajadores elementos de cultura”.

Sobre ese texto, la profesora Miriam Rodríguez abunda en que “resultó una apreciable contribución, encaminada a llamar la atención sobre la necesidad de dotar a la información, especialmente la noticiosa, de un mayor nivel de elaboración y profundidad en cuanto a datos, antecedentes, intencionalidad y, sobre todo, inserción de la noticia en su contexto.”

Pero Benítez no fue solo un gran periodista, sino también un  brillante profesor. Impartió clases durante muchos años en la  Universidad de La Habana.

Víctor Joaquín Ortega, jefe de Información del periódico Tribuna de La Habana, quien fue su alumno hace más de 40 años, rememora las enseñanzas adquiridas con este profesor entrañable.

“Como maestro, lo primero que quiero destacar en él es su generosidad, su entrega total a los que comenzábamos en la profesión. Estaba con nosotros mañana, tarde y noche, y no solo  impartiendo clases. Era un profesor que no se quedaba únicamente  en los libros, nos llevaba los conocimientos a la práctica. Se preocupaba por impartir la teoría, pero también por  dar clases de honestidad, de ética, con su palabra y con su ejemplo.

“Nos enseñó a ser mejores personas. Como bien decía: ‘La ética profesional pasa primero por la ética del ser humano’. Inculcaba cosas así, que lo llevan a uno a tomar un camino en la vida a favor de lo bueno, de lo justo.”

Ortega comenta también que aprendieron con él cuál era la principal tarea de un periodista, que no es “informar”, a pesar de la importancia que esto tiene. Lo fundamental en su labor es formar, forjar seres humanos.

“Otra de las cosas que enseñaba era a no decir que todo estuviera bien, porque eso es falta de profesionalidad; pero tampoco a ser un crítico acervo, destructor, sino desde la posición de revolucionario.”

Su colega de profesión, Juan Marrero, vicepresidente de la UPEC, recuerda con admiración a este hombre: “Fue una persona con muchas cualidades, junto a su modestia y sencillez cabalgaron siempre talento, sabiduría, inteligencia, abnegación y una ética profesional intachable. Actuaba con naturalidad, casi en silencio. Aunque jamás estuve como discípulo en un aula con él, siempre lo llamé  ‘profe’, porque en su quehacer profesional era un señor profesor. Cada día transmitía a los que lo rodeábamos una enseñanza práctica”.

A lo largo de su vida profesional fue merecedor de premios y condecoraciones por los valores ideológicos, técnicos y literarios de sus trabajos, entre ellos, el Premio Casa de las Américas, en 1976, la Orden Félix Varela, 1982, y el Premio Nacional de Periodismo José Martí, 1999.

Después de dos años de ausencia, José Antonio Benítez Cabrera permanece en la memoria de estudiantes, amigos y compañeros de trabajo. Todos coinciden en que a pesar de los múltiples reconocimientos a su labor, no tuvo tanto como merecía.

Se multiplican entonces las palabras de Julio García Luis: “El conjunto de su trabajo periodístico está entre lo más depurado y de calidad del último medio siglo de la prensa cubana. Sus penetraciones en el pensamiento martiano y bolivariano, en la unidad raigal de nuestra América, que no solo prodigó en innumerables artículos, sino en libros macizos y logrados, debieron haberle ganado un lugar más elevado en el recuento del periodismo y de la creación intelectual nacional.

“Aunque, quizás, en ese relativo olvido haya un poco de su propia elección.  Él nunca se sustrajo del taller de la redacción, donde todo es efímero, para recluirse en un espacio más selecto de la intelectualidad, que habría podido promoverlo a primeros planos. 

“Escogió el día a día, el escribir de todo un poco, la respuesta a los apremios de un país en conflicto, que no deben esperar la gratitud de la posteridad. Como buen periodista, mandó la posteridad a pasear. Finalmente, el tiempo hizo su obra, pero llegó tarde: ya Benítez era un hombre cumplido.”

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

FICHA TÉCNICA:
 
Objetivo central: Dar una visión integral acerca de la vida y obra del periodista José Antonio Benítez Cabrera.

Objetivos colaterales: Abordar su estancia en Estados Unidos. Conocer los aportes de sus trabajos periodísticos. Indagar sobre su labor como profesor. Destacar la opinión de quienes lo conocieron.
 
Tipo de entrevista:

Por los participantes: Colectiva
Por su forma: Mixta
Por su contenido: De personalidad a partir de opiniones
Por el canal que se obtuvo: Directo y Documental

Tipo de título: De alusión al entrevistado y el tema
Tipo de entrada: Anecdótica
Tipo de cuerpo: Mixto
Preguntas Declaradas: 1- directa, 2- abierta
Tipo de conclusión: De opinión del entrevistado

Fuentes consultadas:

Documentales:

José Antonio Benítez Cabrera. En: http://www.quienesquien.cip.cu Consultado:     25/11/2008. 
Benítez,  José Antonio: Martí y Estados Unidos. Editora Política. La Habana, Cuba. 1983
-------------.Técnica Periodística. Editado por la UPEC. La Habana. Cuba. 1971
-------------. La Noticia Integral. Editorial Pablo de la Torriente. La Habana, Cuba. 1989

Directas:

Ernesto Vera (Presidente de la UPEC 1966-1986)
Juan Marrero (Vicepresidente de la UPEC)
Julio García Luis (Decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana)
Miriam Rodríguez Betancourt (Profesora Titular de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana)
Víctor Joaquín Ortega (Jefe de Información del periódico Tribuna de La Habana.)



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