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GUAJIRO DE COLMENA, FLOR Y POESÍA

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Detrás de la vida cotidiana se esconden historias que solo personajes como Chiro pueden revelar.

Texto y foto:

CARLOS MANUEL ÁLVAREZ RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Raúl Álvarez Duarte cuenta su vida como si narrara un cuento. Cuando conversa piensa poco. Las palabras le surgen exactas y tal parece que no necesitara recordar. Cada anécdota suya va acompañada de alguna actuación, sin embargo, aborrece las novelas y las películas. De la televisión solo le atraen Palmas y Cañas y el Noticiero.

Ya trabaja menos. La salud le impide emplearse a fondo. De vez en cuando injerta flores, las vende, y así consigue «unos cuantos quilitos». Las rosas que cultiva clasifican como las más famosas de toda Cárdenas, pero sus grandes amores son  las colmenas y el repentismo.

“Nací en San Pedro de Mayabón, en el batey Siboney, al este de la provincia Matanzas. Desde niño me dicen Chiro, y aunque le pregunté a mis padres, nadie supo cómo surgió el apodo.

“A la escuela fui hasta primer grado. Éramos cinco hermanos y el dinero no alcanzaba. Para llegar al colegio caminaba tres kilómetros diarios entre el fango y el monte, y si llovía mucho no había manera de cruzar el río la Palma. Cuando llevaba zapatos les hacía un nudo y los enganchaba al cuello para no embarrarlos.

“Con seis años mi papá me llevó a la zafra. Ahí cogí el primer machete, y mira ahora estas manos llenas de callos. El viejo era gallego de la Coruña, se llamaba Manuel. Murió con el deseo de regresar a España. Recuerdo cómo nos hablaba a los hijos sobre Dolores Ibarruri, La Pasionaria, quien fue una gran luchadora antifranquista. También mencionaba a Lenin. Quizás esas conversaciones influyeron en mi afición por la política”.

Con un radiecito de pilas que le compró su mamá, Chiro oía los domingos a las nueves de la noche los discursos de Chibás por la CMQ. Tendría, más o menos, unos 12 años. En la década del cincuenta los guajiritos del pueblo también seguían los sucesos de la Sierra Maestra.

Cuando desembarcó el Granma, los muchachos de San Pedro se pintaron en las camisas de trabajar, con semillas de bleo carbonero, los grados militares de capitán, teniente y sargento. Fidel constituyó para los campesinos pobres una especie de héroe a seguir.

Orgulloso de haber vivido tanto, muestra la herida de su antebrazo izquierdo: “Este corte fue con un machete, estando a 15 metros de altura. Cien pencas de palma cana costaban diez centavos. Para trepar recogía las espuelas viejas de los electricistas. El tajazo por poco me desmaya. Bajé blanco como un papel y chorreando sangre. Suerte de ir ese día con Pablo el Loco, que trancó la circulación con una penca, y después me cargó hasta el pueblo por toda la línea del tren. Sí no, vaya usted a saber”.

El triunfo de la Revolución cambió el curso de su vida. Integró rápidamente las filas de las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR), y combatió en la lucha contra bandidos. En 1960 reinició estudios en una escuela nocturna.

“Allí pude sacar el sexto grado, comenta risueño. Lo malo fue que terminé flaco como un güín, porque de día trabajaba en una vaquería. Salía del estudio a las dos de la mañana y a las siete ya estaba exprimiendo la ubre de una vaca.

“Al Escambray subí a principios de 1961. Si en San Pedro quedaron diez hombres fueron muchos. Estuvimos tres meses reduciéndole el cerco a los alzados y disparando contra todo lo que oliera a aviación enemiga.

“A Girón casi ni llego, porque mi compañía estuvo movilizada en Colón y no tuvo necesidad de combatir. Pero yo, de atrevido, cogí carretera. En el camino me topé con Celia Sánchez. Fui en su yipi hasta la Ciénaga, y por lo menos presencié el desfile de la derrota”.

La historia que cuenta con más emoción ocurrió una noche de guardia en el cuartel del pueblo. Alrededor de las tres de la mañana sintió el ruido de unas botas. Cuando levantó la vista comenzó a temblar, no supo si del frío o del asombro. Corrió hacia la barraca para despertar al resto de los guardias. Nadie creyó al principio lo que después se haría leyenda entre los participantes: Fidel Castro habitó, durante una madrugada, el mismo techo de aquellos milicianos.

“Acudió en busca de unos bandidos contrarrevolucionarios y coordinó las tropas para su captura. Después descansó junto a nosotros. El Comandante tomó esa noche el café que yo le preparé”, evoca mientras fuma un tabaco.

Durante los años en que nuestro pueblo brindó ayuda solidaria por tierras africanas, Chiro se encargó de atender las familias de los internacionalistas. También formó parte del gobierno municipal de Los Arabos.

Simultáneo a estas tareas sembraba arroz y cuidaba las colmenas. Le vendió al estado, en total, más de mil toneladas de miel de abeja: “El arroz es un trabajo traicionero, muy susceptible al clima. Después de sembrado hay que vigilar a los totíes porque te acaban con la cosecha. La apicultura es diferente. Casi un arte. Desde niño aprendí, con un jamaicano del batey, cómo tratar a las abejas. Al principio duelen las picadas, pero con el tiempo te inmunizas. El día que recibía menos de cincuenta aguijonazos no sentía en la sangre el esfuerzo realizado”.

Desde hace diez años vive en Cárdenas con su hija Yoly. Ahora solo planta flores. Todos persiguen la hermosura de los claveles y los príncipes negros que brotan del jardín donde trabaja. Por las tardes saca al portal una butaca desteñida e improvisa tonadas como si estuviera al borde del río la Palma o debajo de un framboyán.

Sentado en la acera le pedí una frase, un resumen simple de la manera en que recordaba su pasado. Sin tomar aire siquiera, el guajiro de colmena, flor y poesía me respondió con una décima que memoricé: “Guajirito me crié/ en el pueblo mayabonero/ y como un niño sitiero/ al campo me dediqué/ las espaldas me tosté/ con el sol del horizonte/ y como un hijo del monte/ solo tuve por compotas/ cuatro guayabitas rotas/ por el pico de un sinsonte”/.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Mostrar las vivencias de un campesino y las historias que se esconden detrás de la vida cotidiana.

Objetivos colaterales: Ver cómo los sucesos trascendentales de nuestra historia influyeron en la vida de Raúl. Conocer sobre los trabajos y los avatares de la vida rural.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: individual
Por su forma: de citas
Por su contenido: de personalidad
Por el canal que se obtuvo: directo

Tipo de título: de referencia al entrevistado
Tipo de entrada: de retrato
Tipo de cuerpo: de citas
Tipo de conclusión: de opinión o comentario del entrevistado

Fuentes consultadas: directa (declaraciones del entrevistado)



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