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EL FÍGARO DE SANTA FÉ

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Luis Rey cambió su fusil por las tijeras y a este trabajo ha dedicado medio siglo de vida.

Texto y fotos:
IVÁN MORALES MORALES,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuentan que su barbería la visitaba El Caballero de París y aunque nunca se peló en ella, la presencia de aquel hombre de cabellos desobedientes traía esperanza y buenaventura al lugar.

Hoy, después de cincuenta años en el oficio, Luis “el Curro” Rey, o simplemente Luis “el barbero”, se ha convertido en una leyenda para los habitantes de Santa Fé, tanto como el mítico “Caballero” que se paseaba por allí.

“Yo comencé por necesidad en estos quehaceres. El gobierno existente por aquella época de neo-república no tenía en cuenta a las personas de bajo nivel adquisitivo, por tanto, no tuve más remedio que hacerme de unas tijeras y un paño para alimentar a mi familia.

“Aprender  fue algo difícil. Quienes enseñaban no permitían ningún tipo de comentario del practicante. Solo podía observar cada detalle, cada movimiento. Pero con el tiempo he apreciado cuánto le debo a esos métodos. 

“Cuando empecé, simplemente no pelaba, sino que 'mataba'. Gracias a muchas horas tras el sillón logré perfeccionar la técnica y poco a poco fui adquiriendo experiencia. La clientela comenzó a interesarse por mi manera singular de cortar el cabello, y actualmente, muchos se mantienen asiduos a esta barbería”.

A los 74 años de edad, Luis se muestra locuaz. Durante toda la conversación se adelanta con ráfagas de respuestas a cualquier inicio de pregunta para hacernos partícipes de su historia, frecuentemente marcada por alusiones a las luchas revolucionarias y a las acciones que realizara como miembro del Movimiento 26 de Julio (M-26-7).

“Con apenas trece años participé en la huelga de 1948 en San Antonio de los Baños. Desde entonces despertaron en mí los deseos de luchar contra lo mal hecho. Procedía de una familia acomodada, sin embargo, me incomodaban los desmanes y la miseria que sufría el país. De ahí proviene, tal vez, mi espíritu de eterno luchador contra las injusticias.

“Cuando tuve la suficiente capacidad para reconocer que el único camino posible era la lucha armada, ingresé como delegado a la Juventud Ortodoxa de la textilera ariguanabense, en compañía de Max Lesnik, Mario Ribaduvia, Orlando Catre, Silvio Medina, entre otros”.

Tras el golpe de estado del 10 de marzo de 1952 protagonizado por Fulgencio Batista, quien se convertiría en uno de los más sanguinarios presidentes de Cuba, Luis y sus compañeros desarrollaron acciones de protesta en Cayo la Rosa y Bauta.

“A partir de ese momento nuestra actividad revolucionaria se consolidó, haciéndose más vulnerable la seguridad de todos los miembros de la organización juvenil. Por decisión de la jefatura tuvimos que trasladar nuestro radio de operaciones hacia otros municipios menos asediados por las autoridades batistianas”. 

Para 1954 ya radicaba en Santa Fé, donde se integró al M-26-7 como uno de sus principales jefes: “Por esa fecha organicé mi “tropa”, todos muy jóvenes, pero con unos deseos enormes de mejorar  la sociedad, que pedía a gritos un cambio radical.

“Teníamos la misión de crear revueltas en el poblado. Para lograrlo repartíamos proclamas, tirábamos cadenas a los cables eléctricos, escribíamos consignas en las paredes y quemábamos algunos sembrados de caña”.

Una de las acciones más temerarias de aquel grupo fue el intento de tomar la estación de policía. Aunque no se cumplieron los objetivos, la maniobra los hizo crecer política y militarmente.

“Durante la huelga del 9 de Abril de 1958 pasamos toda la noche regando grampas, un humilde aporte a la valerosa acción desarrollada por nuestros compañeros de lucha”, dice.

Con el triunfo de la Revolución, el Primero de enero de 1959, comenzó para Luis una etapa de cambio sin precedentes, una época de nuevas oportunidades, de libertad y justicia social. No obstante, aquello significó solamente una victoria, el mayor reto sería mantenerla para siempre.

“Durante todo el proceso de reordenamiento que vino después, me fueron asignadas tareas como el nombramiento del primer jefe de la Escuela Naval del Mariel, y la fundación de los grupos iniciales de guardafronteras en las Milicias Nacionales Revolucionarias”.

Sobre esta última labor guarda una anécdota con especial orgullo: “Uno de los muchachos que integraba el grupo, de apenas 17 años, lloraba en las guardias. Aquella aparente debilidad contrastaba con la disciplina militar. Sin embargo, con mucha paciencia, logramos convertirlo en uno de los mejores soldados de toda la unidad. Hoy, es teniente coronel de las Fuerzas Armadas Revolucionarias”.

Con la desmovilización del ejército por problemas de enfermedad, Luis abandonó la vida militar. Entonces, “debía encontrar un trabajo que sacara de apuros mi economía, y la mejor manera fue retomar las tijeras y regresar tras el sillón”. Así, “el Curro” Rey puso a un lado su fusil para convertirse en un carismático barbero, oficio al cual le debe la formalidad, el amor y la entrega.

A medio siglo de dedicarse a esta labor, cuántas modas, estilos y cortes diferentes habrá realizado. Cuántas historias como aquella del inquieto “Andarín Carvajal”, que ni tan siquiera sentado en el sillón se mantenía tranquilo: “Compadre, mientras esperaba su turno brincaba una y otra vez. Esa intranquilidad característica de él me llenaba de temor a la hora de pelarlo. La posibilidad de hacerle un mal corte estaba siempre presente”.

Quizá el secreto para permanecer consagrado a un mismo oficio  durante tanto tiempo ande oculto por su barbería, o se deba, tal vez, a la buena influencia de aquel “noble visitante de París”; lo cierto es que Luis Rey sigue sumando años a su trabajo, para continuar siendo un barbero de generaciones.

FICHA TÉCNICA

Objetivo central: Conocer cómo el barbero Luis Rey ha logrado cultivar un mismo oficio por tanto tiempo y su participación en el Movimiento 26 de Julio.

Objetivos colaterales: Ahondar en anécdotas acerca de personajes llamativos que visitaron su barbería. Investigar detalles curiosos sobre los métodos de aprendizaje de su labor en épocas pasadas.

Tipo de entrevista:
       
Por los participantes: Individual
Por su forma: De citas
Por su contenido: De personalidad
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara

Tipo de título: Llamativo

Tipo de entrada: De anécdota

Tipo de cuerpo: De citas

Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistador.

Fuentes consultadas: El entrevistado. Directa.

 



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