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ADELAIDA DE JUAN

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Acercamiento a una destacada intelectual, crítica y profesora de la Universidad de La Habana.

ANET MARTÍNEZ TACORONTE,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Difícil fue contactar con ella. Por suerte, se celebraba en la ciudad el 29 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y esa tarde presentaban en la sala Charles Chaplin un documental sobre Roberto Fernández Retamar, su compañero en la vida. Decidí que era la oportunidad perfecta: con solo ir al cine lograría informaciones sobre el destacado intelectual cubano y tal vez hasta concertaría la cita con la profesora de la carrera Historia del Arte. Todo salió según lo planeado, al terminar la función sabía que “abandonar París es abandonarse”, y que Doctora de la Facultad de Artes y Letras, Adelaida de Juan, me daría la entrevista.

-En la inauguración de la exposición Las flechas de su propia estela, el 27 de junio de 1994 al iniciarse el Coloquio Internacional Cincuentenario de Orígenes, usted rememora los comienzos de la revista destacando la obra de grandes pintores cuyas obras aparecían en las portadas  de ésta. ¿Considera que existe un paralelismo entre la plástica de esos artistas de los años 40 y 50 del siglo pasado con la de los pintores actuales?

No creo que en arte en general, en las producciones culturales, se deba hablar estrictamente de paralelo, considero que cada época, que cada grupo de artistas, si son de verdad artistas, crean su propia voz, tienen su particular modo de expresarse. Algunos de los autores de portadas en Orígenes fueron, fundamentalmente, Mariano, Portocarrero, Amelia Peláez, pero también estuvo Wifredo Lam, Roberto Diago, así como artistas más jóvenes como Fayad Jamís que en aquel momento empezaba, y Orígenes, a su vez, tenía su especial voz, su personal ámbito.

Orígenes vivió su vida y terminó, igual que detrás de ese grupo de artistas surgieron otros. En 1953 nacieron Los Once, que constituyeron el primer colectivo de artistas que, como conjunto, plantearon la abstracción como lenguaje apropiado de la pintura, de la escultura, entre ellos cabe destacar a Raúl Martínez. Pero la década de los años 60 nos trajo otro grupo de virtuosos del arte a los que le sucedieron los de los años 70, ya egresados de  escuelas especializadas y que a su vez tenían su propio ritmo.

Cada generación o cada grupo desea hacer oír su voz, para lo cual, en cierto sentido, niega lo que se dijo anteriormente, pero al mismo tiempo se alimenta de lo que ya ha sido hecho. Por lo que  creo que en vez de paralelismo debemos hablar de ruptura y continuidad entre un tiempo y otro.

-De forma general, ¿cómo percibe el acontecer artístico cubano?

El arte tiene muchas manifestaciones que no siempre muestran el mismo ritmo de continuidad, es decir, algunas se desarrollan más de prisa o con mayor riqueza, mientras que otras quedan rezagadas. Pero tomando una línea general, creo que Cuba ha sido caracterizada en el siglo XX, a partir de la década de 1920, por tener un arte muy vivo y creador, que ha tenido distintas vertientes.

La pintura, fundamentalmente, lleva la voz cantante a partir de las exposiciones de Arte Nuevo en 1927; considero que se han sucedido en las generaciones, los estilos y los modos de expresarse en la pintura, sin un momento en el cual hayamos dejado de sentir su voz.

Por otra parte, la escultura siempre se mantiene un poco rezagada en comparación con la pintura, lo que no quiere decir que no existan figuras destacadas en Cuba. Me vienen a la mente Sucre; más recientemente Agustín Cárdenas y José Antonio Díaz Peláez. Hay muchos artistas y el que más activo vemos en estos momentos es Villa, quien pasa de la abstracción a una escultura figurativa de mucho renombre.

Tampoco puedo dejar de citar el diseño gráfico, el cual fue muy notable a partir de la década de 1960. En esos años, sobre todo la cartelística cinematográfica y cultural en general, adquiere renombre internacional mediante los afiches del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC), de la Casa de Las Américas, del Consejo Nacional de Cultura y posteriormente otras instituciones del país.

Lo mismo podemos decir de la fotografía, por ejemplo, la tomada por Korda a Ernesto Che Guevara en 1960 está considerada como una de las mejores del siglo, lo cual da la idea de que también esta vertiente tiene un ámbito muy importante dentro del arte cubano.

Y recientemente el Premio Nacional de Arte fue otorgado a René de la Nuez por sus caricaturas, así que con eso redondeamos. Por supuesto, no he querido dejar fuera la arquitectura, que también tiene hechos notables a lo largo del siglo.

-En su libro Pintura y grabado coloniales cubanos, denomina a la pintura mural de la colonia como olvidada. ¿Cree usted que todavía se le puede llamar así?

Cuando me refería a la pintura mural de la colonia como “pintura olvidada”, me refería a que no había sido valorada. Hoy en día, fundamentalmente en el Centro Histórico y por la obra restauradora de la Oficina del Historiador de la Ciudad, muchos murales han salido a la luz y lejos de verse olvidada está muy presente.

En línea general no podemos decir que en la época contemporánea la pintura mural haya ocupado una posición de relevancia. Existen ejemplos de esa manifestación, no pintura mural al fresco igual a la época de la colonia, pero sí excelentes representaciones como los grandes murales de cerámica que hiciera Portocarrero, y aunque han sido importantes, no creo que tengan el peso comparable al de otras expresiones de la plástica cubana.

-El primer reconocimiento por un texto de su autoría lo recibió a los 13 años en un concurso escolar en el cual obtuvo mención. Dicho contenido tenía como tema central a José Martí, y décadas después vio la luz José Martí: imagen, crítica y mercado de arte, lo que demuestra que es usted una gran estudiosa y admiradora de la obra del Apóstol. Vista desde esa perspectiva, ¿qué opina del concurso Leer a Martí que organiza anualmente la Biblioteca Nacional para los educandos más jóvenes?

Para mi José Martí ha sido, en distintas etapas de mi vida, una lectura imprescindible. Siempre encuentro algo nuevo en él. En mi libro, veo a Martí como crítico de arte, que además tiene una vigencia realmente asombrosa. Pero también en otros aspectos él es muy enriquecedor y creo que todo esfuerzo que se haga por difundir su obra es válido, aunque pienso que a veces se corre el riesgo de que los niños, y sobre todo los adolescentes, que con razón son muy críticos, consideren que éste es una obligación y por consiguiente algo que se debe eludir. Pero creo que se sobrepasa esa etapa y lo que hay que hacer es en algún momento de la vida coger una página de Martí y entonces ya uno queda fascinado y a partir de ese momento no puede separarse de él.

-El libro Caricatura de la República nace por sus estudios sobre esta forma del arte plástico y hoy en día constituye una materia dentro del programa docente de la carrera de Historia del Arte. ¿Qué siente ante la idea de que gracias a su actividad investigativa los jóvenes que se inician en esta profesión pueden adentrarse en la caricatura?

Eso me ratifica en la certeza de que cuando uno es conciente de que tiene la razón, debe perseverar en el logro de esa idea. Cuando inauguralmente planteé en el Grupo Interdisciplinario creado para estudiar el primer cuarto de siglo de la República, que iba a analizar la Caricatura y no la Pintura Académica, mi idea causó mucho asombro, porque existía todavía una visión arcaica de que las caricaturas no eran arte, y me decían: “¿Cómo una historiadora del Arte como tú va a ocuparse de esos muñequitos pintados?”.

Pero yo tenía el convencimiento de que no se trataba de “muñequitos pintados”. Persistí en mi idea y llegué a decir que, “estudiaba la caricatura o nada”, con lo cual me permitieron llevar a cabo mis investigaciones. Después persistí en ellas, encontrando una gran riqueza plástica y conceptual histórica que aportaba el estudio de la caricatura. Con el tiempo se fue reconociendo como tal; tuve que luchar, que resistir, pero hay que batallar por todo lo que creemos.

-¿Qué es para usted “Arte”?

Una parte imprescindible de la vida, y creo que eso es verdad para todos, lo que pasa es que no todos se dan cuenta o llaman arte a lo que tienen a su alrededor. Pero cuando una persona no familiarizada con los términos o los estudios del arte, recorta algo de un almanaque, una lámina, o coloca una flor, está en cierto sentido rodeándose de esos elementos de belleza proporcionados por él, de los cuales nos encontramos envueltos a diario y no es necesario tener ese conocimiento profesional para apreciarlo y amarlo. El arte está en muchas cosas dentro del mundo que nos rodea.

-¿Qué significa para usted la Universidad de La Habana?

Yo ingresé como estudiante en la Universidad de La Habana a los 17 años, y cuando tenía 18 descubrí el Departamento de Historia del Arte. Lo descubrí como por azar.

Estaba en segundo año de la carrera Filosofía y Letras, ya trabajaba como maestra en una escuelita pública y había ido a las 2:00 p.m. a estudiar a la Biblioteca Central de la Universidad porque luego tenía clases. Pero resulta que la habían fumigando y cerrado. Unos compañeros me invitaron a un cursillo sobre estilografía impartido por la doctora Rosario Novoa en el Departamento de Historia del Arte, en ese entonces ubicado en los bajos de la biblioteca. Acepté la propuesta y así entré por primera vez en el departamento y escuché a la doctora Novoa. Cuando terminó la hora de clase, me quedé sentada, estaba anonadada, y me dije: “Para esto estoy yo en la Universidad de La Habana”.

Y desde entonces no he salido del departamento, primero como estudiante, luego como lo que llaman ahora alumna ayudante, y más tarde como profesora. Ha sido mi centro toda una vida. No puedo separar la historia de mi vida de la historia de la Universidad, específicamente del Departamento de Historia del Arte.

-¿Cómo cataloga el desempeño de profesores y alumnos universitarios en la actualidad?

Siempre he sido una persona bastante descontenta, para empezar, hasta de mí misma, por lo que eternamente he creído que se puede dar más y mejor. Pienso que la universidad hoy en día es algo muy distinto a lo que conocí como estudiante, es mejor, puede alcanzar metas no solo más altas, sino más profundas.

-¿Cómo se ve en estos momentos la preparación, en la crítica artística, de los estudiantes de Historia del Arte?

La preparación como críticos de arte se realiza fundamentalmente en un taller, al que me gusta denominar pre-profesional. Dicho espacio surgió por mi iniciativa y está insertado en el programa de estudios de quinto año, precisamente porque es cuando se encuentran equipados con los conocimientos necesarios sobre arte para ejercer, lo que José Martí denominó, el ejercicio del criterio.

Y de esta forma puedo disfrutar de una de las más grandes alegrías que brinda el trabajo docente: ver el desarrollo profesional de los antiguos alumnos. Cuando veo el trabajo de los jóvenes críticos de arte en alguna publicación especializada, muchos de los cuales pasaron por ese taller y realizaron en él sus primeros ejercicios, me satisface enormemente.

-Como profesora, ¿qué recomendaciones le daría a los estudiantes que cursan estudios universitarios?

Que deben ver a la Universidad como el centro focalizador de los esfuerzos que van a definir la vida futura, donde hay que trabajar con pasión e ir más allá de lo justamente reglamentario, porque corresponde a cada estudiante mantener la necesidad interior de saber más, de profundizar en cierta dirección, lo cual no quita que no haya tiempo para divertirse y pasar buenos momentos. Creo que la Universidad les da a todos esa oportunidad, por lo que hay que aprovecharla al máximo ya que va a ser determinante en la vida.

-Si por un momento existiera la magia y le dieran la oportunidad de conversar con el Departamento de Historia del Arte, ¿qué no dejaría de decirle?

Que siga trabajando más fuerte y mejor, profundizando diariamente en diversos conocimientos, viendo el magisterio como una dedicación gozosa. Que continúe manteniendo en la docencia, a pesar de las porciones tediosas y desagradables que en algún momento puedan llegar, una mirada a largo alcance, donde la importancia radique en los logros que se puedan llegar a alcanzar.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

Ficha técnica:

Objetivo central: Realizar un acercamiento a la obra y al pensamiento de la intelectual Adelaida de Juan.

Objetivos colaterales: Conocer la opinión que sobre el desarrollo del arte contemporáneo cubano tiene esta gran crítica de arte. Saber la significación de la Universidad de La Habana para Adelaida de Juan.

Tipo de entrevista:

Por su forma: Clásica De preguntas y respuestas.
Por su contenido: De opinión.
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo.

Tipo de título: Referencia al nombre del entrevistado.
Tipo de entrada: Anecdótica.
Tipo de cuerpo: Clásico.
Tipo de conclusión: De opinión del entrevistado.

Fuentes consultadas:
 
Datos biográficos, por Dania Vázquez Matos (biógrafa) (visto en
www.cubaliteraria.cu).
La plástica cubana en Orígenes, de Adelaida de Juan.
Textos críticos de Adelaida de Juan, por Sonia Sánchez (periodista) (visto en
www.granma.cubaweb.cu, publicado el 13 de abril de 2007)

Son fuentes documentales, tradicionales, permanentes, indirectas.


21/05/2010 21:22 islalsur #. Nosotros, los del 280


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