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DOCE DÍAS EN EL PARAÍSO

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Desde octubre, el campamento güinero recibió mensualmente 150 estudiantes de la Universidad de La Habana comprometidos con la recuperación agrícola de la provincia habanera.

Texto y foto:
LAURA PRADA ARIAS
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

En la temporada ciclónica de 2008 el país sufrió grandes estragos a consecuencia del azote de tres huracanes. Gustaf,  Ike y Paloma dejaron a su paso una estela de destrucción y de viejas, agravadas y nuevas necesidades. El impacto más inmediato del desastre se sintió en la alimentación de las familias. Miles de caballerías de cultivos fueron arrasadas en toda la Isla. Almacenes con reservas de alimentos se mojaron. Por la ausencia de electricidad, los productos conservados en frigoríficos se echaron a perder. La situación era crítica.

A lo largo de toda la nación, las acciones de solidaridad y las iniciativas de ayuda no se hicieron esperar. Esa es la cultura y los hábitos enseñados por la revolución a lo largo de 50 años de historia. Uno de los primeros ofrecimientos provino de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) de la Universidad de La Habana (UH), la cual estaba dispuesta a ir a trabajar y reconstruir, aunque hubiera que dormir debajo de un puente.

Julio Martínez, presidente de la FEU de la Facultad de Contabilidad y Finanzas, cuenta de aquel momento: “Cuando pasaron los huracanes, el Consejo de la FEU de la UH se reunió y acordó ayudar en las tareas de recuperación. Enviamos una carta a la dirección del país, en la que planteamos nuestra disposición para ayudar en lo que hiciera falta. Muchos, estudiantes al fin, estábamos dispuestos a irnos a ayudar en la recuperación, y con espíritu aventurero enfrentar cualquier situación adversa.”

Unos días después, el vicepresidente José Ramón Machado Ventura les envió felicitaciones por la actitud asumida, pues habían sido los primeros en ofrecer su apoyo en todo el país, y les comunicó que lo más importante en ese (y en este) momento era producir alimentos.

“Rápidamente, se buscó y habilitó el campamento El Paraíso, en el municipio habanero de Güines, y en el mes de octubre (2008) la Facultad de Economía comenzó a preparar los cortes de papa, boniato y otros tubérculos para su posterior siembra y recogida”, rememora Julito.

Una movilización diferente

A todos los estudiantes se les explicó en qué consistía la tarea. De eso se encargaron los líderes de la FEU y la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Se habló claro del por qué iban al campo, para que supieran y valoraran bien la decisión que tomarían.

En las facultades de Contabilidad, de Farmacia y Alimentos y de Comunicación, se trabajó con varios cursos. Para poder decidirse por uno, había que revisar los planes de estudio de cada año, las características de estos, y lo más importante quizás: el efecto que tendría el campo en los estudiantes, especialmente los de primero, que, además, fueron lo que respondieron de forma masiva ante la iniciativa. Igualmente, era el de mayor matrícula en los tres casos.

Sin embargo, cada uno tenía una idea clara: a Paraíso se había ido a trabajar, y cada joven tenía una motivación distinta por la cual ir. Unos porque sentían que era importante y deseaban conocer a estudiantes de otras carreras y hacer nuevas amistades. Otros, por cuestiones personales y hasta un tanto temerosas de la influencia posterior si no se incorporaban. Algunos, por la idea de que sería a un campismo.

Contabilidad y Finanzas tenía que convocar a 60 estudiantes y hubo 80 que se comprometieron, de una matrícula de 115 en el primer año. En el caso de la Facultad de Comunicación, pasó lo mismo: fueron más de 60, pues solo en primer año de la carrera de Periodismo hay 82. Algo similar ocurrió en la Facultad de Farmacia y Alimentos.

Por eso se decidió dividir la etapa a la mitad, es decir, dos quincenas, para que así pudieran participar todos los estudiantes comprometidos. El último grupo solo estuvo 12 días en El Paraíso, porque ya no había la papa que recolectar. Además, en ese momento el transporte comenzó a fallar por la falta de combustible. No fueron pocas las jornadas de trabajo a las que se fue caminando, por la guardarraya. Sin estar plenamente consciente de ello los jóvenes, estaban mordiendo ya los primeros azotes de la crisis económica internacional.

Los frutos del trabajo

No obstante todas las dificultades, gracias a este despliegue estudiantil, se dio un impulso significativo a la producción agrícola de la provincia La Habana. Basta un dato para demostrarlo: por las manos de los universitarios capitalinos pasó el 83 por ciento de la cosecha del tubérculo en Güines.

Para ser más productivas, las brigadas se organizaron por tríos: una hembra y dos varones.  La norma de trabajo era cosechar 12 sacos cada uno, 36 sacos en total. “El primer día que fuimos a trabajar, se hizo por surcos. En cada uno se podían recolectar de 20 a 35 sacos. Entonces había quienes trabajaban más y otros menos. Hubo que corregir el tiro”, explicó Alberto Hernández, de IFAL, quien, además, era jefe de una de las brigadas.

“Durante los primeros 15 días, aquí sí se recogió mucha papa,” añade Julito, el jefe de campamento y presidente de la FEU de Contabilidad, “después nos cambiaron la tarea y empezamos a recoger frijoles.”

“¿¡Frijoles!?” Esa fue la exclamación –mezcla de incredulidad y desánimo- de los últimos recién llegados, a los cuales alguien había pretendido asustar cuando se bajaban del transporte que los condujo hasta aquel Edén, rodeado de sembradíos. Para María del Carmen Companioni, de la Facultad de Comunicación, comenzaron jornadas duras, en las que “había bastante sol, y hubo días en los que de verdad fue difícil el trabajo, como cuando se desyerbó zanahoria”.

“Cuando llegamos al campo, recuerda, nos quedamos con las bocas abiertas, porque aquello no eran surcos de zanahoria, sino de hierba con zanahoria. Había unos matojos enormes, que tenían un metro de alto y, en algunos casos, un poco más. En tales situaciones la limpieza se hace con instrumentos, pero nosotros lo tuvimos que hacer con las manos. Óyeme, esa ‘pincha’ estaba dura, dura. Aquí hubo gente que largó el pellejo de los dedos”, cuenta hoy Julito el jefe.

Para algunos aquello fue algo muy complejo, incluso para los que habían recogido papa, pues no tenían experiencia de escarde manual. Ellos creían que no había nada peor que recoger papa, que “había que mandarlo a hacer”. Sin embargo, desyerbar zanahoria resultó mucho más difícil.

Por suerte, en el trabajo siempre había tiempo para algún que otro chiste. Un día, en medio del surco de plátano, Diana Ferreiro, la periodista, se levantó y muy seria comenzó a declamar como poesía un reggaetón del dúo ‘Gente D’ Zona’ que coronó con gestos exagerados: “Cada cual tiene un don,/ Que le dan, cuando nacen,/ Unos nacen para estrella y otros,/ Para estrellarse./ Al que le tocó,/ le tocó,/ Le tocó.”

De esa risueña manera fue que se pudieron hacer cargo de un trabajo y una producción diferentes a la comprometida, de modo que hubo papas, frijoles, zanahorias, hierbas y mucho más, como para que a las familias habaneras no les faltara el potaje y a nosotros el entusiasmo y los recuerdos.

Cuentas claras…

Visto en retrospectiva, hoy nadie niega que el trabajo realizado dejó satisfacción, y pudo dejar mucha más si en Güines no se hubiera producido cierto atraso en la carga del cierre de la cosecha. Las razones fueron dos: la producción superó lo planificado y los destinos previstos estaban cubiertos. Cuando quedaron satisfechas las necesidades de Pinar del Río y la Isla de la Juventud, que habían sido los territorios más perjudicados por los huracanes, comenzó a enviarse papa para la capital y los frigoríficos. También algo alcanzó a las provincias orientales.

Pero llegó un momento en que los sacos llenos comenzaron a dormir en el campo por falta de camiones. Esto se produjo por una rotación del transporte que no fue la más adecuada y, sobre todo, porque al final de los siete meses de esfuerzos se produjeron lamentables momentos de ocio que pudieron haber generado indisciplinas y otras insatisfacciones. Por suerte, la sangre no llegó al río. En cualquier caso, la movilización fue un aprendizaje.

Otras lecciones

Para quienes se enfrentaron por primera vez a esta experiencia, hubo otros aprendizajes que pasaron por los campanazos del amanecer, el despertar entre bostezos y las ganas de seguir en la cama, hasta llegar a un estridente reggaetón que finalmente nos desperezaba. A las siete de la mañana estaba el matutino presto a saber quiénes habían sido los vanguardias del día anterior y cuál sería la nueva tarea a acometer. Con ese ímpetu se partía hacia los surcos. 

Hubo también la lección de lo importante que resulta preservar los medios y recursos para el trabajo. El Paraíso había sido cuartel general de la UJC en las movilizaciones agrícolas de los años 90, pero a estas alturas había llegado en estado de deterioro y suciedad.

Antes que el primer grupo de estudiantes abriera sus puertas, el pasado 15 de octubre (2008), el campamento fue remozado. “Los antiguos colchones se sustituyeron por unos de espuma de goma, mientras las duchas y las llaves de agua se repararon”, explicó Roisbel Díaz López, miembro del Buró de la UJC de Güines, quien atiende la esfera de jóvenes trabajadores y combatientes en ese municipio.

“También se pusieron dos teléfonos públicos y televisores, y se hicieron gestiones para que la Dirección de Cultura del municipio organizara actividades para los muchachos”, argumentó Lázaro Gálvez Vasallo, miembro del Comité Provincial de la UJC en La Habana, quien adeuda esa última aspiración para una nueva etapa agrícola y reconoce, a la vez, que la iniciativa Caribe tuvo un gran impacto en el territorio.

“Lo único que no pudimos resolver fue desterrar a las ranas que se habían apoderado de las duchas, cada mañana cuando entraba lo único que hacía era mirar para todos los lados. Si había una, ni entraba. Era todo un ritual”, afirma Diana Ferreiro.

Si algo que no podía faltar en El Paraíso, eran las visitas de los familiares. Puntuales cada domingo, ahí estaban, cargados de dulces y comida casera para así aliviar malestares y oír los cuentos de lo último que había acontecido en el trabajo.

La última legión

En su última visita al campamento, para el cierre de las jornadas, el entonces Rector, Rubén Zardoya, trasmitió su orgullo al decir que la Universidad estaba integrada por profesores y estudiantes dispuestos a cumplir cualquier tarea con responsabilidad. “Estos jóvenes, señaló el Rector, saben que se les pide un esfuerzo mayor; que se les exige sacrificio. Ellos cumplen su misión porque consideran que la Revolución ha hecho mucho por ellos, y esta es una forma de contribuir con ella”. 

De ahí que cuando se vuelva a hablar de la huella de los ciclones del 2008 por Güines, habrá que acordarse de ese lugar de cuyo nombre quisiera acordarme siempre: un campamento llamado El Paraíso, que no es precisamente el lugar donde se conocieron Adán y Eva, que fue hogar de estudiantes y profesores de la Universidad de La Habana, donde durante siete meses ondeó la bandera marrón con las iniciales de la FEU, y donde con trabajo y alegría los jóvenes nos unimos más con los destinos de nuestra tierra y nuestro pueblo. El objetivo de todos los que estamos aquí es ese: ayudar a los otros

Recuadro

Mes                                                                   Facultad  
 
octubre–noviembre                                                Economía
noviembre–diciembre                        Filosofía e Historia y Sociología
diciembre–enero                                Derecho y Lenguas Extranjeras
enero–febrero                                                         Geografía y Física
febrero–marzo                                          Matemática y Computación
marzo–abril       Contabilidad, Farmacia y Alimentes y Comunicación


Ficha técnica:

Tipo de reportaje: Tradicional. Informativo.

Tema: La ayuda brindada por la FEU después del azote de tres huracanes

Propósito: Mostrar cómo se movilizó a las fuerzas estudiantiles, cómo de trabajó, de qué forma vivían los estudiantes dentro y fuera del surco

Objetivos colaterales: Demostrar que la ayuda no fue en vano, y el compromiso de esos mismo estudiantes a participar en la próxima etapa al campo

Estrategia de fuentes:

Directas:
Julio Martínez, presidente de la FEU de la Facultad de Contabilidad y Finanzas.
Alberto Hernández, de IFAL.
María del Carmen Companioni, de la Facultad de Comunicación.
Diana Ferreiro, la periodista.
Roisbel Díaz López, miembro del Buró de la UJC de Güines.
Lázaro Gálvez Vasallo, miembro del Comité Provincial de la UJC en La Habana.

Documentales:
Ivette Fernández Sosa. Universitarios en El Paraíso. El Habanero Digital 18-11-08 (11-5-09).
Odalis Riquenes Cutiño y Luis Raúl Vázquez Muñoz. Jóvenes universitarios se entregan este sábado al trabajo productivo. Juventud Rebelde 20-12-08 (11-5-09).
Yailin Orta Rivero y Alberto Yoan Arrego Pulido. Vivir en "El Paraíso". Juventud Rebelde. 4-12-08 (11-5-09).



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