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“LA MEDICINA Y EL TEATRO VAN DE LA MANO”

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Para la doctora Elizabeth Esquivel, ser anestesióloga le ha servido para escribir muchas de sus obras. Obtuvo el Premio Hispanoamericano de Teatro.

Texto y foto:
ANGÉLICA M. MENÉNDEZ HIDALGO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

A Elizabeth Esquivel la conocen muchos como excelente residente en anestesia, como incansable médico que ha salvado innumerables vidas en diversas partes del mundo. Sus profesores no la imaginan en otra faena que no sea la medicina. Vestida de verde o de blanco parece casi imposible relacionarla con la dueña del Premio Hispanoamericano de Teatro que pende en un enorme cuadro de la sala de su casa.

Parafraseando el viejo dicho “insólito, pero cierto”, esta mujer definitivamente esconde encantos. En las noches, cuando casi termina el largo día de trabajo en cualquiera de los múltiples hospitales de Ciudad de La Habana donde brinda su servicio, se sienta a dar alas a su imaginación y, como ha hecho desde pequeña, escribe y escribe obras de teatro que han ido acumulándose con el paso el tiempo.

Con timidez y a petición de su hermana, decidió presentar una de sus obras más queridas en Los Juegos Florales Hispanoamericanos, uno de los concursos más antiguos del continente y, para su sorpresa, obtuvo el Premio de Teatro.

Esas son sus dos pasiones: la medicina y escribir, y parece que en ambas tiene un gran don. Así transcurre su vida, entre libretos, guiones y batas blancas.

“Desde pequeña me gustaban las dos cosas, pero llegó el momento de decidirme por una. Ese año comenzaron las pruebas de ingreso y una estaba en letras y otra en ciencias. Tenía que hacer cinco exámenes, eran muchos y preferí la Medicina porque valoré tendría más oportunidades.

“En mi etapa de estudiante, las carreras se veían de otra forma.  Se apreciaba más ser médico que una carrera de dramaturgia o teatro, no sé por qué, pero era así, y no puedo negar que influyó bastante.” 

La palabra arrepentimiento no ha tenido espacio en ella, pues adora ser médico. Como no tiene dos vidas para dedicar a ambas vocaciones el tiempo que se merecen, distribuye sus horarios para que en las noches pueda tomar la pluma y escribir.

“Nunca he podido abandonar el teatro, en la escuela de Medicina se hacían pequeñas obras con lo que yo escribía. En quinto año de la carrera recuerdo que me presenté al concurso Cuba Vive.

“Había que desarrollar el tema de los efectos del bloqueo en la salud, y como es algo tan manido, lo hice con una obra teatral, y parece haber gustado porque obtuve el primer lugar y me proporcionó ser delegada de honor al Festival Internacional de la Juventud y los Estudiantes.”

Ella para escribir necesita inspiración, pero no espera que llegué espontáneamente: “Mi familia es mi musa. Una vez estuve tres años en una misión internacionalista, lejos de todos, solo con mi esposo, y no produje nada de nada, y en cuanto los vi, que sentí que estaban cerca, regresé a las andadas.

“Aunque sería muy injusto hablar de familia y no destacar a una personita en específico, mi hermana, que es mi ángel guardián. No solo porque ha estado en todos los momentos necesarios, sino porque me brinda  gran parte de la teoría que necesito. Ella  es periodista e impartió cursos de dramaturgia, domina la técnica, pero no escribe, y al notar que tenía esta habilidad, me ayudó.”

-Volviendo al premio,

¿sentía que podría ganarlo?

Para mí era casi imposible, había personas consagradas por completo a este saber y sabía que eran mejores. Yo solo tardé una semana en escribir la obra que, por cierto, no pegaba mucho para un concurso internacional, pues reflejaba al mismísimo cubano.

Es una comedia basada en hechos reales. Trata de un señor ciego, está solo, viudo, sin hijos y vive en una mansión del Vedado. Allí aparecen varias personas para cuidarlo y luego quedarse con la casa. También tiene una familia en el Norte, interesada en la casa. En fin, la trama son esos personajes detrás de la casa y el viejo que es ciego, pero no bobo, hace también de las suyas. Se llama A la caza de una casa.

-La medicina y el teatro son campos

muy diferentes y complicados,

¿para usted tienen alguna relación?

En mi vida, la medicina y el teatro van de la mano. Una, aunque parezca que no, influye en la otra. Escribir me relaja cuando estoy estresada y la medicina, en especial la anestesiología, me ayuda a crear historias, me sirve de punto de partida.

Muchas de mis obras tratan casos muy dramáticos de niños enfermos. Por ejemplo, cuando estuve en Timor Leste vi el caso de una niña que nació con tuberculosis, una enfermad muy común allá y, para salvarla, los padres, con tuberculosis también y sin recursos para la medicación o la alimentación, se la dieron a un pastor extranjero, quien dijo que se ocuparía de la niña con la condición de que la familia no se acercara más a ella.

Cuando llegué a Cuba enseguida escribí esa historia y le puse Gabriela, el nombre puesto por aquel hombre a la niña.

-¿Dónde ha tenido mayor reconocimiento,

en la salud o en el teatro?

Si lo miro por el sacrificio y el esfuerzo, definitivamente he tenido mayor reconocimiento en el teatro, porque recuerdo que A la caza de una casa la escribí en una semana. Se perfeccionó después, pero el sacrificio como quiera que lo mire es mayor en la medicina, es donde de veras he dejado de dormir y le he puesto mayor empeño.

Hasta que fui Médico General Integral disfruté de mucho reconocimiento; cuando estuve en otros países también lo tuve, pero como anestesista soy casi invisible.

No lo puedo negar, a veces es un poco frustrante ver como algo, a lo que no le dedico ni una cuarta parte de mi tiempo, la gente lo gratifica y lo reconoce; y en lo otro, donde doy todo de mí, es prácticamente anónimo, pues el paciente aún no conoce la dimensión de nuestro trabajo.

-¿Por qué escogió esa especialidad?

Porque me gusta y, además, es una deuda. Cuando tenía 14 años estuve muy grave, en terapia intensiva, y al estar más recuperada vino la visita de todos los médicos para preguntarme cómo seguía, en eso llegó el anestesiólogo, me tocó y dijo: “¿Te acuerdas de mí? Y yo le respondí que no, que no sabía quien era, y ese hombre puso una cara que aún hoy la recuerdo.

Pero eso no fue todo, luego de graduarme, en Timor Leste, le salvamos la vida a una niña y vi cómo el anestesiólogo dio todo de sí para salvarla, y cuando fuimos a verla, ese hombre le hizo a aquella muchachita la misma pregunta que me habían hecho a mí, y ella igualmente dijo que no se acordaba.

-¿No ha escrito esta historia?

No, no lo he hecho aún, pero es una excelente idea, sería una historia preciosa.  ¡¿Cómo no se me ocurrió antes?! Prometo que será lo próximo a escribir, de seguro sale algo bien.

Ficha Técnica:
 
Objetivo central: Investigar sobre la aptitud de Elizabeth para escribir teatro, a pesar de dedicarse a una rama completamente diferente, que es la medicina.

Objetivos Colaterales: Indagar qué relación tiene la anestesiología con el teatro. Saber con cuál de las dos ha sido más reconocida y su opinión con respecto a esto.

Tipo de entrevista:
Por sus participantes: Individual.
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Directa.

Tipo de título: De cita textual.
Tipo de entrada: De presentación.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de preguntas: 1-directa, cerrada; 2-directa, abierta; 3-directa, abierta; 4-directa, abierta; 5-directa, cerrada.
Tipo de conclusión: Opinión del entrevistado.

Fuentes consultadas: Agencia de Información Nacional: Obtiene cubana premio Hispanoamericano de Teatro. En: laventana.casa.cult.cu. Consultado el 15/07/09.



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