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CITA CON ÁNGELES

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Eduardo Navarro, Yito, asegura tener el don de sanar con sus manos.

Texto y foto:
EMILIO HERRERA VILLA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Junto a las cunas infantiles
     Junto a los tristes moribundos
      Cuentan que velan los gentiles
      Seres con alas de otro mundo.
                                                             Silvio Rodríguez

El amor al prójimo engrandece las  páginas de  la vida de Yito, un hombre con habilidades curativas capaces de sanar cualquier enfermedad. El Tunero, como también se le conoce en su natal Punta Brava, no diagnostica ni opera solo, es guiado por un cirujano experto: San Lázaro.

“Cuando tengo al paciente delante, siento el problema. Entonces, uno de los tantos ángeles médicos que me acompañan, lo opera a través de mí”.

“Sígueme”, susurra este señor de ojos cansados, pero llenos de vida. Nos adentramos en su “quirófano”. Satisfago mi curiosidad al observar el salón. No existe nada semejante a bisturís u otros instrumentos habituales de una sala de cirugía. Allí, la mirada de cualquier extraño es retenida por una impresionante imagen del Sagrado Corazón de Jesús: “Lo compré en la iglesia del Rincón, pero la mayoría de las vírgenes fueron regalos. Este es mi templo. Aquí desarrollo las dotes. No soy babalow, ni palero, sino un misionero en la Tierra.”

Desde los tiempos más remotos
Vuelan los ángeles guardianes (…)

-¿Cuándo descubrió sus poderes curativos?

En 1943 tenía cinco años y mi papá enfermó gravemente de una pierna. Durante esa terrible situación, oía voces misteriosas en la mente. Era San Lázaro. Nunca había experimentado algo así. Confiando en los instintos, hablé con mi progenitor para no preocuparlo. Estaba seguro de aliviar su sufrimiento.

Agarré la bicicleta y pedaleé hasta la esquina. Inexplicablemente, se rompió al lado de una mata de tunas. Luego, reaparecieron los mismos susurros diciéndome que no iba a caminar mucho. Corté una hoja de aquella planta para probar. Corrí para la casa y la coloqué en el pie adolorido. Sin saberlo, apliqué el nuevo don. Al día siguiente amaneció sin molestia. El primer paciente fue mi papá.

Yito, cuyo verdadero nombre es Eduardo Navarro, asegura que su abuela, antes de morir, le cedió la gracia, llamada por él Manatismo: “Son las capacidades curativas donde empleo solo las manos”.  

No accedió a explicar cómo realiza su labor. Es un guajiro de pocas palabras. Sin embargo, se ofreció a demostrarlo con una consulta particular. El asombro ante lo vivido en esos instantes aumentó considerablemente al describirme mi historia clínica completa. Sus métodos no tienen una explicación científica, pero lo respalda la fe de cientos de personas agradecidas. 

No es médico graduado, pero en cambio, soluciona infinidad de dolencias: “Curo enfermedades de todo tipo, como hernias, asma y epilepsia. En los procedimientos extraigo tumores, opero quistes y extirpo fibromas, entre otras cosas. Incluso, recibo pacientes casi sin esperanza, en estado vegetativo e inválidos, y después de mi atención, salen caminando por sí solos. Las operaciones no dejan marca alguna, los males son expulsados del cuerpo por vía anal o a través de la boca.”

 Cuando este ángel cruza el cielo
 No hay nada que se le asemeje (…)

“He sanado múltiples casos, inclusive, algunos doctores y extranjeros. Primero los chequeo y descubro todos sus dolores. Le pongo una hoja de tuna debajo de la planta de un pie. Luego, la retiro y la utilizo como una placa para ver las aflicciones. Según lo observado, procedo al tratamiento, y si es muy grave cito para otro día”.

Yito localiza las infecciones al pasar las manos por el cuerpo del enfermo. Cuando detecta una anomalía en él, siente una molestia en esa parte de su propio organismo: “Con el tacto opero y destruyo el malestar”. Ante dudas ajenas, le manda al hospital a comprobar el restablecimiento.

“En una ocasión, un turista americano me visitó porque tenía las piernas negras y no podía caminar. Los expertos en su país querían  amputárselas. Después de la consulta, las venas tupidas mejoraron y pudo salir andando por el pueblo”.

Será que son incompetentes
 O que no hay forma de ayudarnos (…)

-¿Su labor es científica o espiritual?

Tiene un poco de ambas. No estudié Medicina, pero soluciono casos que algunos profesionales no resuelven. Ellos apelan a los libros, yo a los ángeles. Mi trabajo no tiene una explicación probada, mas sí resultados. Muchos especialistas cuentan conmigo como una alternativa. Me han remitido personas desde el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK) y otros centros de salud. A veces, entro a las salas de consulta como si fuera un médico más. He ido por salvar una vida y termino socorriendo a diez.
 


 El fin de su apurado vuelo
  Es la sentencia de un hereje (…)

-¿Cobra por sus servicios?

El santo no lo permite. Tengo un recipiente donde las personas pueden hacer ofrendas a San Lázaro y a las otras vírgenes del templo. Los que cobran por prestar ayuda a la gente necesitada son unos explotadores. Nunca aceptaré pago por los servicios. No me interesa el dinero de nadie, sino la salud del prójimo.

Yito confía en haber sido elegido. No aprendió las destrezas por sí solo: “El don no lo tiene cualquiera. Muchos no lo entienden y fingen dolencias con tal de descubrir estos poderes. En tal situación, respetuosamente los despido en la puerta. Mis guías no son bobos y saben reconocer esos trucos.”

Por desgracia, existen defectos en el ser humano como la avaricia y el oportunismo. Este sanador ha lidiado con tales actitudes hasta en su propio consultorio: “Los lunes, miércoles y viernes, días de trabajo, debo asignar turnos por la gran cantidad de personas. Tomé la medida de repartir esos tickets personalmente, porque unos especuladores llegaron a venderlos a 30 pesos.”

Antes de las seis de la mañana, una larga fila espera por la atípica consulta de Punta Brava. El protagonista de los “milagros”, como algunos pudieran definir su labor, no descansa mientras haya personas frente a su puerta: “No tengo tiempo para nada diferente a la curación. Atiendo urgencias a todas horas, incluso de madrugada.”

Este esfuerzo tiene como recompensa la gratitud humana. Yito lo percibe, sobre todo, al recorrer las calles del pueblo. El Tunero es realmente estimado allí, pero los beneficios no se restringen solo a  los coterráneos. Las atenciones traspasan los límites del lugar y los vecinos comentan sobre la inmensidad de las colas. Llegan al salón representantes de todas las provincias cubanas, quienes después del encuentro, parecen salir aliviados del “quirófano”. El gentío habitual frente a su casa demuestra la efectividad de la labor.

-¿Cuánto le afectaría perder su don?

Me sentiría bastante mal. Lamentaría mucho no poder ayudar a otros. Esa es mi vida y estoy enamorado de ella. ¡Eso no lo dice el santo!

En un mundo como el nuestro, complicado y lleno de defectos, son necesarios un corazón y una fe tan inmensa como la de Yito para rescatar la esperanza de los que pueden haberla perdido.


                                                            (…) para evitarles más dolores
                                    y cuentas del sipcoanalista,
   seamos un tilín mejores
                                                                    y mucho menos egoístas.

Ficha Técnica:

Objetivo central: Dar a conocer la singular labor de Eduardo Navarro “Yito”, en la sanación física y espiritual de muchas personas  mediante sus habilidades curativas.

Objetivos colaterales: Explicar cómo realiza su trabajo y cuándo obtuvo sus poderes curativos. Resaltar el carácter gratuito de su faena, así como el reconocimiento recibido de pacientes de todos los rincones de Cuba y otras partes del mundo.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: individual.
Por su forma: mixta.
Por su contenido: de personalidad.
Por los canales que se obtuvo: directo.

Tipo de título: de alusión a frase literaria (canción de Silvio).
Tipo de entrada: de presentación.
Tipo de cuerpo: mixto.
Tipo de conclusión: de opinión o comentario del entrevistador
 
Fuentes consultadas: directa y vecinos de Punta Brava.



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