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YO ME MUERO ESCRIBIENDO

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Conversación con Ilse Bulit, destacada periodista cubana que perdió la visión en 1992.

CLAUDIA MONTES DE OCA RIVAS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuando llegué, Manolo, su esposo, me esperaba en el jardín. En la casa se percibía un ambiente sereno y agradable. Junto a un montón de libros y cuadernos, una máquina de escribir destacaba en la mesa. De pronto, una voz interrumpió desde la cocina.

-Dame un momentito, enseguida voy, estoy terminando de fregar.

Dicho así, resulta común. ¡Cuántas mujeres no hacen las tareas del hogar! Pero es su condición de invidente la que aporta a esta acción un mérito más.

Con paso seguro se acercó donde yo estaba. A pesar de no utilizar bastón, no tropezó con nada. Conocía cada rincón del hogar como su propio cuerpo. Sus ojos no reflejaban el cansancio, efecto de la ceguera.

Así conocí a Ilse Bulit, quien fue periodista de Juventud Rebelde, de la revista Bohemia y ahora,  asesora de la emisora Habana Radio.

-Antes de periodista, usted ejerció

como secretaria comercial, contadora y

financista. ¿Por qué  cambió hacia las letras?

No es que haya cambiado hacia el periodismo. Desde pequeña tenía bien definida mi vocación, pero mi familia era muy pobre y entonces opté por una profesión de mayor demanda en el mercado laboral.

-Sus artículos de opinión pueden

considerarse polémicos.

¿Tuvo problemas?

¿Escribía lo que prefería

sin temor a la censura?

Siempre escribí lo que  sentía y pensaba era lo mejor en cada momento. La cuestión está en la autocensura. Si antes de sentarse a redactar uno cree que su trabajo no será publicado, entonces una misma se estás censurando.

Cuando lo reflejado en el papel está de acuerdo con tus ideas, ideología, con el hecho de querer proponer el arreglo de los problemas y vencer las dificultades, no hay por qué  tener miedo, aunque sí es importante tener presente una ética profesional.

En cualquier medio de prensa el director o el jefe de redacción puede modificar tu artículo o eliminar datos, según su criterio. Ahora, el periodista está en el derecho  de aceptarlo o negarse  y retirar el escrito como dueño absoluto del mismo.

-En 1992 usted perdió la visión.

¿Cómo logró  asumir los cambios que se

produjeron en su vida personal y laboral?

En primer lugar, gracias a la fe que siempre me ha acompañado, y al amor hacia la profesión. Influyó, además, que mi ceguera comenzó en 1992, en pleno Período Especial, y yo no podía quedarme estática, quería continuar contribuyendo económicamente con mi familia, es decir, seguir trabajando.

En lo personal también tuve que adaptarme a una serie de cambios, y no solo yo, los míos también. Mi personalidad influyó mucho, por aquello de ser periodista y querer conocerlo todo.

-¿Se aferra a su fe cristiana en el

difícil momento de la rehabilitación?

Déjame hacerte una aclaración. Cuando yo hablo de mi fe cristiana no es que estuviera arrodillada pidiendo un milagro, pues esa no es mi concepción de Dios. Al contrario, pedía fuerzas para afrontar las circunstancias que me tocaban vivir.

Yo lo asimilaba como mi destino, algo que pasaría. No preguntaba el por qué, sino el para qué. Sabía era una prueba a superar. Debía cambiar. Ya no podía ser la misma de antes, tan activa y atrevida.

-A partir del momento en que queda invidente,

¿el trabajo fue solo un refugio para el dolor

o la vía para expresar nuevos criterios desde

su papel en el mundo de los débiles visuales?

El trabajo fue algo más que me ayudó, no lo único. Mis ganas de saber e indagar me fueron de mucha utilidad para penetrar en el mundo de los invidentes, completamente desconocido hasta entonces. Aprendí características de los demás que me ayudaron en la relación con los ciegos, pues no es lo mismo, y lo repito. Nunca una persona vidente puede conocer a fondo la vida de los ciegos. Con mis conocimientos anteriores, y mi condición de periodista, me propuse hacer algo para  ayudar a comprender mejor a los invidentes.

-En su libro “Crucemos el puente”, publicado

en el año 2001, usted escribe sobre el tema que

acaba de  comentar. ¿Cree que los miembros

de su hogar hayan cruzado el puente?

Creo que los miembros de mi hogar no leyeron el libro, pero quizás no sea su culpa. Esto se relaciona con mi personalidad independiente, que los  llevó a tratarme igual. Ellos han aprendido mirando como yo actúo y, en ocasiones, cuando no puedo hacer algo, espero por su ayuda.

-A pesar de ser invidente, ¿cómo logra

mantenerse informada  y ejerciendo la

profesión utilizando las nuevas tecnologías?

En el añ0 2001 comencé a trabajar como asesora en Habana Radio desde mi casa, utilizando el teléfono y el sistema Braille para escribir y leer. A medida que el horario de emisión aumentaba, se me hacía más difícil realizar el trabajo.

En el 2003 vino a casa la directora de la emisora, Magda Resik, y me propuso aprender computación por medio del programa lector parlante para ciegos. Aunque no conocía nada de eso, le dije que sí, que podía hacerlo.

Un joven, ciego de nacimiento, ingeniero en Informática, se brindó para  enseñarme. Luego, la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) gestionó mi conexión a Internet y entré así al mundo de las nuevas tecnologías.

-En sus trabajos es recurrente el

tema del adulto mayor. ¿Por qué?

Uno tiene que en cada momento de la vida cerrar capítulos y saber lo que le toca hacer. Escojo esos temas no porque esté ciega. Si fuera vidente  también me hubiera dedicado a ellos. Lo hago porque soy adulta mayor y la mayoría de  mis relaciones  son con personas  de igual grupo. Es decir, lo siento porque lo padezco y tengo conocimientos sobre los problemas y la forma de pensar de esas personas.

-¿Tiene planes de jubilación?

No, no, no. Yo me muero escribiendo. Cuando uno tiene la vocación definida no la puede abandonar. Además, mientras pueda contribuir económicamente con mi familia, lo seguiré haciendo.

-¿Satisfecha con lo hecho hasta hoy?

No creer que te falte por hacer es, como se dice ahora, ser una persona “creyente”, pues siempre hay una meta por cumplir. Todos mis trabajos han sido escritos con el mayor deseo e interés. Me siento tranquila por ello.

-¿Cómo valora el periodismo

que se hace hoy en Cuba?

¡Vaya pregunta esa! En primer lugar, accedo al periodismo actual mediante las páginas digitales y lo que escucho en la radio. Esa es mi visión. Como en todos los momentos, hay quienes se toman el periodismo con firmeza y valentía, mientras otros simplemente vegetan en él.

He leído trabajos en Juventud Rebelde hechos por periodistas de las nuevas generaciones que me han encantado. Escucho programas radiales, por cierto que son pocos, donde el periodista cumple con el deber profesional que le exigen las circunstancias.

No creo que sea el peor momento del periodismo cubano, pero tampoco el mejor. Para decir esto me ubico en la realidad que vivimos, una realidad difícil, y el periodista debe estar claro  de lo que va a escribir o comentar, pero no puede dejar de hacerlo.

Eso me preocupa pues esta profesión en los años 60 y 70 estaba enmarcada en una serie de sueños reflejados en la prensa con versiones muy edulcoradas de la realidad.

La nueva generación pide resultados, tiene acceso a medios informativos, ve el mundo con ojos diferentes. Este periodismo tiene que adaptarse a cumplir con los pedidos de los lectores, los televidentes y los radioyentes de ahora.

-¿Está orgullosa de ser periodista en Cuba?

Me siento orgullosa porque hice lo que me tocó. He vivido momentos importantes. Creo que he sido honesta con lo que siento y pienso en cada momento. Hay cosas publicadas que no pudiera volver a escribir porque fueron reflejo de lo que pensé y sentí en ese instante.

Pude reflejar verdaderos frutos obtenidos, no inventados. Quizás hiciera falta que fuéramos más certeros, no solo los periodistas, sino sus dirigentes y superiores, y que comprendieran la importancia de acometer con más firmeza las situaciones  reales de  Cuba. Pero te digo, estoy muy orgullosa de ser periodista cubana.

Ficha técnica:

Objetivo central: Profundizar en la vida periodística y profesional de Ilse Bulit, destacando su pérdida de visión.

Objetivos colaterales: Indagar sobre sus trabajos mas recientes. Conocer como su vocación religiosa la ayudo a enfrentar su situación cuando quedó invidente. Obtener información de cómo los miembros de su familia cooperan con ella. Conocer su opinión acerca del periodismo cubano actual.

Tipo de entrevista:
Por sus participantes: individual.
Por su forma: preguntas y respuestas.
Por su contenido: de la personalidad.
Por el canal que se obtuvo: encuentro directo (cara a cara).

Tipo de título: cita textual.
Tipo de entrada: narrativa.
Tipo de cuerpo: Por su forma: de preguntas y respuestas; Por su contenido: biográfica.
Tipo de preguntas: 1-De aclaración, informativa. 2-De aclaración, abierta. 3-De aclaración, abierta. 4-De acción, abierta. 5-De criterio dividido. 6-De análisis, abierta. 7-De acción, abierta. 8-Informativa. 9-Informativa. 10-De análisis, abierta. 11-De análisis, abierta. 12-Informativa. 13-De análisis, abierta.
Tipo de conclusión: de opinión o comentario del entrevistado.

Fuentes consultadas:
Ilse Bulit periodista jubilada, actual asesora de Habana Radio.

Artículos de trabajo y datos personales de Ilse Bulit, buscados en Internet: Discapacitadas cercadas por el amor; Las cuquitas mecanógrafas; La homofobia alimenta al machismo; Las fabricantes de hombres perfectos; Otro día de las madres.
Fuentes documentales.

10/11/2011 07:45 islalsur #. Entre colegas


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