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¿CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES, SOLO PADRE DE LA PATRIA?

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ALEX PÉREZ POZO,
estudiante de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Carlos Manuel de Céspedes fue uno de esos hombres extraordinarios que brillaron en la historia. Uno de los gigantes capaces de sorprendernos por la grandeza de sus pensamientos, por la valentía reflejada en cada acción.

Con toda certeza, la naturaleza de su bien llamado “Padre de la Patria”, le atribuye el prestigio que merece. Sin embargo, detrás de ese Céspedes heroico que los cubanos conocemos, se cubre un ser enigmático y lleno de misterios.

En la Cátedra Honorífica “Carlos Manuel de Céspedes”, de la Universidad de Ciencias Pedagógicas “Héctor Alfredo Pineda Zaldívar”, de La Habana, bajo la presidencia del Máster y profesor José Antonio Pérez Martínez, se llevan a cabo actividades, entre las que constan las investigaciones que esclarecieron y determinaron nuevas paternidades atribuidas a Carlos Manuel Perfecto del Carmen de Céspedes y del Castillo (tomado de: Fe de bautismo, reproducida y mostrada en la Sala 2 del Museo Casa Natal de Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo).

Paternidades poco divulgas, pero incluidas en la Enciclopedia de Carlos Manuel de Céspedes, que sin lugar a dudas, nos hablan de la vida de este hombre que, como diría nuestro Apóstol José Martí, es de mármol.

El Ajedrez en Cuba

Los primeros antecedentes del juego ciencia en la Isla datan de inicios del siglo XVI, plasmados en “Bayamo y Sus Cosas”, de Antón Ruiz Valdespino. La historia recoge que este era uno de los  recreos predilectos en la alta sociedad colonial de la época. «La afición de Céspedes por practicarlo era muy conocida, incluso, muchos de sus amigos y compatriotas lo consideraron como “maestro”, debido a las estrategias que desarrollaba», argumenta el investigador, José Antonio Pérez.

En el libro Federación Cubana de Ajedrez (Cuba 66, Olimpiada Mundial de Ajedrez. La Habana: Ed. Deportivas,1967, p. 4), se refleja que entre los años 1846 a 1868, grandes personalidades como  Perucho Figueredo, Francisco Maceo Osorio, Francisco Vicente Aguilera, Fernando Figueredo, don Juan de J. Fornaris y Fontaine, José M.  Céspedes, Tristán de Jesús Medina y Carlos Manuel de Céspedes, practicaron este deporte en la sociedad “La Filarmónica”.

Pero hasta la fecha, muchos de los escritos que recogían las técnicas y jugadas excepcionales del talento de ajedrecistas de la talla de Lucena (1499), Damiano (1512) y Ruy López (1570-1575), no estaban divulgadas en nuestro país.

Entonces, no fue hasta 1855, tras la ejecución de Ramón Pintó, que Carlos Manuel de Céspedes es encerrado en el buque-prisión “Soberano”, anclado en la bahía de Santiago de Cuba.

El historiador José Antonio Pérez, expresó que «Céspedes aprovechó el tiempo de reclusión para traducir del francés al español y publicar en el periódico “El Redactor”, a partir del 4 de octubre de 1855, “Las Leyes del juego de Ajedrez”, escritas por el famoso ajedrecista francés, Louis Charles Mahé de La Bourdonnais, agregando algunos comentarios y que de esta forma cobrara más popularidad el juego”.

“Céspedes, no es el introductor del juego ciencia en la Isla, pero sí fue el primero en realizar un escrito con fines públicos y masivos que divulgaran las leyes y la metodología  del mismo.  Por tanto, es su precursor».

La moneda cubana

Años más tarde, la gesta revolucionaria iniciada en la Demajagua el 10 de octubre de  1868 por el Padre de la Patria, también Padre del Ajedrez en Cuba, da paso a la conformación de una República en Armas genuina y primaria.

Con solo dos meses del inicio de la lucha por la independencia, Carlos Manuel de Céspedes ya había comenzado los trámites necesarios para establecer una moneda y reafirmar el carácter fidedigno de la Revolución cubana.

Según José Antonio, “Céspedes designó comisionado a José Valiente, quien coordinó con Porfirio Valiente, representante de la Junta Revolucionaria de Camagüey, la gestión de la tirada de bonos y papel moneda; para llevar a cabo la tarea que constataron, el 21 de abril de 1869, con José Morales Lemus, quien  había sido ratificado como Ministro Plenipotenciario de la República de Cuba en Armas ante el gobierno de EEUU, por la Cámara de Representantes».

Explica el historiador que «Céspedes les encargó tramitar oficialmente, la impresión de dos millones de pesos en papel moneda. La primera emisión de papel moneda de la República de Cuba en Armas, se realizó en Nueva York, entre finales del mes de mayo y junio de 1869, arribando al territorio libre de la Isla posteriormente, en forma de remesas periódicas».

La Ley aprobada por la Cámara de Representantes y por el Ejecutivo, Carlos Manuel de Céspedes, Presidente de la República, firmada en Sabanilla de Sibanicú, el 9 de julio de 1869 “Año Segundo de la Independencia”, autorizó la impresión y circulación del papel moneda, por lo cual fue establecido ese día como el Día de la Numismática Cubana.

“Y a Carlos Manuel de Céspedes, por su interés de dotar al Gobierno y la República de su propio numerario, detalle esencial en el carácter de nacionalidad y soberanía de un país, se le atribuyó el título de Padre de la Numismática Cubana”, reafirmó el especialista.

La primera marina de la Revolución cubana

La contienda de la Guerra de los Diez Años dejó plasmada en la historia y ante el mundo la actitud del pueblo cubano. Uno de los logros que tuvo fue la creación de la flota naval de la naciente República.

Su constitución, con fines militares, tiene su origen en una propuesta hecha por Carlos Manuel de Céspedes, para poder enfrentarse a los medios marítimos utilizados por España, que tenían el objetivo de impedir el triunfo del Ejército Libertador.

Resalta José Antonio Pérez Martínez que “el 30 de diciembre de 1868, Tomás Estrada Palma, presidente de la Junta Central de Fondos, comunicó desde Bayamo al general Julio Grave de Peralta la existencia de esta entidad y la necesidad de reunir una gran suma de dinero para la compra de un monitor -barco de guerra-.  El 5 de enero de 1869, Grave de Peralta contestó que en breve tiempo podía disponer de 10 mil pesos” (Abreu Cardet, José. Selección de lecturas: Julio Grave de Peralta. La Habana: Ed. Ciencias Sociales, p. 90-91).

Y agregó, «Céspedes, un hombre de convicción, ya tenía decidido la creación de una Marina de Guerra Mambisa, hecho que se materializó el 17 de febrero de 1869, desde el cuartel general situado en La Larga, en las riberas del río Cauto».

«Allí le comunicaría a su comisionado en el exterior que aunque en esos momentos, los artículos imprescindibles para la insurrección eran las armas y pertrechos, no le restaba importancia a la necesidad de contar  con algunas formidables máquinas de guerra marítimas para romper el bloqueo y convoyar, con toda seguridad, la ropa, el calzado, los víveres y, sobre todo, la sal de la que tanto se carecía en el campo insurrecto».

Era inminente la necesidad de quebrar ese bloqueo naval impuesto por España como primera medida para la buena marcha de la Revolución. «Al respecto, desde el cuartel general en Santa Rita, el 13 de marzo de 1869 le comunicó al representante de Cuba en los Estados Unidos que: ‘Es necesario, pues, que U. como representante de este gobierno, gestione con la comisión que se ocupa en aprontar recursos para nuestra revolución, (…) para que se nos introduzcan las armas y efectos necesarios con que poder sostener el orden y la guerra que tan heroicamente y con tantos sacrificios hemos llevado a cabo…’” (Gálvez Aguilera, Milagro. La Marina de Guerra Mambisa- La Habana: Ed. Ciencias Sociales, 2004,  p. 39)».

Era un hecho. En la Asamblea de Guáimaro, celebrada los días 10 y 11 de abril de 1869, al conformarse el Gobierno de la República de Cuba en Armas, se incluyó un artículo en la Constitución, autorizando la creación de la Marina de Guerra Mambisa.
Refiere el profesor José Antonio Pérez que «la Constitución fue elaborada el primer día de asamblea y redactada por Ignacio Agramonte y Antonio Zambrana. En el artículo 15 se planteaba que eran objetos indispensables de la ley, autorizar al Presidente para conceder las patentes de corso, para proveer y sostener una armada».

Céspedes durante su gobierno autorizó a la Junta Central Republicana de Cuba y Puerto Rico para otorgar los grados a los oficiales para la Marina Nacional, cada vez que lo estimara conveniente. Explica José Antonio que «estos intentos, junto a los realizados para crear una Armada que respondiera netamente a los intereses del Ejército Libertador y a partir de entonces, tomar y torpedear un puerto cubano, en la práctica no llegaron a consolidarse.

“Bajo su mandato, solo lograría que se armaran en guerra los vapores Hornet o Cuba, Pionner y El Rayo, listado al que se uniría en el mes de diciembre de 1874, otro donado por el Presidente del Perú. Entonces, sin dudas, este es el precursor de la primera flota bélica, el Padre de la Marina de Guerra Cubana»

Dignidad Representativa

Pero no solo fue el Padre del Ajedrez, de la Numismática y de la Marina de Guerra en Cuba. Ya destacaba José Martí sus rasgos de impetuoso, de hombre capaz de convocar y relevante en lucha por defender nuestros intereses, y la necesidad de que el mundo reconociera la Revolución que se llevaba en la Isla.

Afirma José Antonio Pérez que «Céspedes desplegó una extensa actividad diplomática y estableció correspondencia con diversos países del mundo. Muchas con el fin de que reconocieran el gobierno libre e independiente que se estaba gestando en la época.

«Por ejemplo, el 3 de diciembre de 1868, le había instruido a José Valiente, designado como Agente General de la República, con sede en Estados Unidos, que hiciera todos los esfuerzos posibles: ‘A fin de conseguir la protección del Gobierno Americano y el reconocimiento de nuestro Gobierno provisional’(Rodríguez, Rolando. Bajo la piel de la manigua. La Habana: Ed. Ciencias Sociales, 1996, p. 74).

“En otra ocasión, el Padre de la Patria, decidió hacer público el 1 de marzo de 1869, un mensaje que había enviado al Presidente de los Estados Unidos y que luego, fuese divulgado en el semanario La Voz de Cuba”, agrega el profesor.

Entre los argumentos sostenidos para explicar las razones por las cuales el gobierno norteamericano debía reconocer los derechos de beligerancia e independencia del gobierno revolucionario cubano, explica el historiador José Antonio Pérez que «se encontraba uno netamente naval: “(…) Porque tiene en construcción una escuadra que excederá en número y fuerza a las que hasta aquí han mantenido las autoridades españolas en esta agua (…)” (Gálvez Aguilera, Milagro. La Marina de Guerra Mambisa- La Habana: Ed. Ciencias Sociales, 2004,  p.5-6). Además, Céspedes le decía: “Por la sola y exclusiva falta de armas y municiones este paciente pueblo está sujeto al tiránico yugo de España.” (Rodríguez, Rolando. Bajo la piel de la manigua. La Habana: Ed. Ciencias Sociales, 1996, p. 74).

Finalmente, en los últimos días del mes de marzo de 1869, según consta en el libro de Milagro Gálvez, Expediciones navales en la Guerra de los Diez Años 1868-1878, el primer país en reconocer nuestro proceso revolucionario gracias a la labor del Padre de la Marina de Guerra Cubana, fue México, seguido de Bolivia, Perú, Chile, Colombia, El Salvador y Guatemala.

Más tarde, a mediados de 1870, ya Céspedes se da cuenta  de las verdaderas intenciones de los Estados Unidos de América trazadas por el presidente Thomas Jefferson hacia Cuba. Por cuanto escribió a José Manuel Mestre, sustituto de Morales Lemus como representante diplomático en EU: “Por lo que respecta a los Estados Unidos tal vez, estaré equivocado, pero en mi concepto su gobierno a lo que aspira es a apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nación y entretanto que no salga del dominio de España, siquiera sea para constituirse en poder independiente; este es el secreto de su política y mucho me temo que cuanto haga y proponga, sea para entretenernos y que no acudamos en busca de otros amigos más eficaces y desinteresados” (Rodríguez, Rolando. Bajo la piel de la manigua. La Habana: Ed. Ciencias Sociales, 1996, p. 77).

Otros factores también fueron decisivos para que Céspedes y los demás revolucionarios renunciaran a la esperanza sobre una posible ayuda de Estados Unidos. «El apresamiento de expediciones mambisas, el acoso y repudio en sus puertos de las naves corsarias cubanas, la ignorancia consciente de las comunicaciones del gobierno de la República en Armas, además, de una proclama de Grant en 1871 contra el apoyo a los insurgentes, fueron más que suficiente», interpreta el profesor y Presidente de la Cátedra Carlos Manuel de Céspedes, José Antonio Pérez Martínez. 

Y agrega: «A esta acción le siguieron la retirada de la representación diplomática de Cuba en Estados Unidos. Tal era la convicción, que a finales de noviembre de 1872, le escribió a Ramón de Céspedes, agente cubano en Washington: ‘No era posible que por más tiempo soportásemos el desprecio con que nos trata el gobierno de los EU, desprecio que iba en aumento mientras más sufridos nos mostrábamos nosotros’” (Rodríguez, Rolando. Bajo la piel de la manigua. La Habana: Ed. Ciencias Sociales, 1996, p. 77).   

Su palabra fue constante y segura en los escenario internacionales, previó la amenaza que supondría los Estado Unidos y como buen revolucionario, buscó la alianza con otros horizontes que persiguieran causas justas y emanciparan los pueblo. Por tanto, Céspedes, como plantea el investigador José Antonio, «es también el Padre de la Diplomacia Cubana».

Entonces, hablamos de un hombre íntegro y capaz, de un padre entre padres y un hijo de la tierra criolla. Hablamos del Padre de la Patria, del Padre del Ajedrez en Cuba, del Padre de la Numismática de la Isla y de la Marina de Guerra, hablamos del Padre de la Diplomacia Cubana.  De un hombre que es y merece ser recordado como la palabra viva del concepto de Revolución.



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