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LAS MUJERES EN EL DIRECTORIO REVOLUCIONARIO

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Marta Jiménez Martínez, revolucionaria y viuda de Fructuoso Rodríguez, es un ejemplo de valentía y compromiso con la Patria.

ROSARIO ALFONSO PARODI,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Se ordena ya el gran sacrificio
y es justo que se apresuren a premiarlo
las mujeres, que son su corona  natural.
(José Martí)

El corazón sagaz y puro de una mujer es motivo de recordación, más si es esa mujer madre, viuda, combatiente revolucionaria, compañera de la batalla a muerte presentada a la tiranía, pues Marta Jiménez, merece la mayor distinción.

El romanticismo y el ideario de la juventud cubana colaboraban con anécdotas magníficas para ser escritas por los que examinan la Historia; hoy somos los jóvenes, distantes por varias generaciones, pero allegados a su extraordinario Movimiento, quienes coronaremos el homenaje ante el severo sacrificio.

Marta Jiménez  nació el 12 de enero de 1934 en Marianao. Estudió Farmacia, carrera que ingresó en 1951, fue única hija. Vivió rodeada de la efervescente revolución estudiantil, inmersa en la agitación y la vibrante inquietud de la Colina Universitaria, compartía allí asignaturas con Fructuoso Rodríguez y fue su esposa y, poco después, su viuda.

Esta mujer presenció la ansiedad de la juventud cubana de emerger hacia el liderazgo definitivo que daría fin a la dictadura de  Fulgencio Batista Zaldivar. Marta Jiménez convivió con aquellos jóvenes magníficos cuyo monumento es hoy el edificio del antiguo  palacio presidencial. Experimentó la terrible incertidumbre de la posibilidad constante y creciente de la pérdida de Fructuoso, del riesgo de su embarazo, de la muerte propia.

Marta es una representativa figura de la lucha revolucionaria de la década del 50 del pasado siglo, del espíritu, de los ánimos de rebeldía ante la injusticia que se esgrimía en Cuba por aquellos años. Pero sin dejar de ser por ello jóvenes alegres que adoptaron su papel de enfrentamiento a la tiranía con optimismo, con seguridad.

También, integró el Directorio Revolucionario en el año 1956, compartió refugio con los compañeros más perseguidos, enfrentó riesgos de traslado de los revolucionarios, alquilaba las casas que servían de vivienda transitoria, organizaba visitas a los presos políticos, asilo para aquellos cuya permanencia en Cuba representaba peligro para su vida.

Recaudaba fondos para el movimiento, desde los primeros tiempos contribuyó a establecer, fortalecer o reactivar  contactos que en ocasiones se ponían en riesgo por la vida clandestina que tuvo que hacer Fructuoso y los demás miembros del Directorio.

Se trasladaba continuamente con su esposo hacia los lugares donde, debido a la necesidad del líder estudiantil de permanecer escondido, eran reubicados. Embarazada de más de siete meses, continuaba al lado de Fructuoso a pesar del peligro que representaba, sin hacer caso de los requerimientos de su esposo para que regresara a casa de sus padres.

Ya se organizaba el asalto a Palacio, los preparativos consumían todo el tiempo, los encuentros entre ellos se espaciaban. En una ocasión logró verlo y lo encontró junto a Carlos Gutiérrez y Faure Chomón, frente a un plano, coordinando y disponiendo los detalles de la acción.

El 13 de marzo, desde una oficina ubicada en la Rampa, donde trabajaba, escuchó el tiroteo, los tanques. Marta comprendió que debía dirigirse a la Universidad, tenía que saber si Fructuoso estaba allí, si estaban vivos sus compañeros. Recordaba a Evelio Prieto Guillaurme, juntos compraron un refrigerador a plazos para la casa donde se acuartelaban los muchachos.

Evelio, quien salió de Palacio con una herida en el rostro y en la gabardina el contrato con el nombre suyo y el de Marta, fue delatado y asesinado horas después. Wangüemert, con quién había compartido casa al igual que con otros compañeros, murió también aquel día.

Fructuoso sería asesinado al mes siguiente, el día 20, en la casa de Humboldt 7. Su muerte convirtió a Marta Jiménez Martínez en heredera de sus principios e ideales patrióticos. Esa elevación tuvo muestra en el entierro de los mártires del 20 de abril. Vestida de negro,  pocos días antes de dar a luz, encabezó la enorme comitiva de duelo, al lado del féretro de su esposo.

Pero esta valiente mujer, a pesar de la muerte de Fructuoso, no cesó en la lucha ni permitió que el crimen quedara impune acusando del vil asesinato al Ventura Novo, connotado asesino de la dictadura de Batista.

Visitaba a los presos del Príncipe. Recaudó grandes sumas en La Habana, Las Villas y Holguín para la causa del Directorio y la revolución. Ayudó a esconder a compañeros como Guillermo Jiménez. Viajó a Miami donde contactó a los revolucionarios exiliados.

De regreso a Cuba, colaboró con Eduardo García Lavandero y Tato Rodríguez Vedo, ambos, después mártires de la organización. Tuvo que partir a Venezuela donde trabajó intensamente en la propaganda y en gestiones para los que estaban en Cuba combatiendo.

Todos los que la han conocido rememoran las anécdotas de su vida: el último encuentro con Fructuoso, el 19 de abril; su trabajo de viajante que le permitía ayudar admirablemente con fondos y hablan de su modestia. Con ese nombre, Modesta, firmó siempre durante su vida clandestina.

Para mujeres como Marta Jiménez Martínez: nuestra alabanza, nuestro homenaje.

 



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